El mineral estéril

Tribuna Económica

29 de julio 2025 - 04:00

LA subida del oro, un 44% en un año, se identifica con la búsqueda de un refugio ante la incertidumbre que genera el Gobierno norteamericano; en circunstancias similares, el dólar ha sido el refugio, pero ahora no cumple ese papel. Desde 1970 cuando desaparece la convertibilidad, los bancos centrales han estado reduciendo reservas en oro, y sólo en la última década empiezan a comprar; sin embargo, el volumen llamativo de estas reservas se debe más a la revaloración que a compras masivas. Los inversores por su parte, compran directamente o a través de fondos, y siguiendo los vaivenes de la política en las tres últimas sesiones se ha dado la corrección que los analistas técnicos reconocen como three red crows, cuando las ventas superan los intentos de mantener el oro al alza.

El oro en sí da la satisfacción material de poseerlo, pero no produce nada, como una acción que reparte dividendos, un bono de deuda un interés, o un inmueble que genera una renta. Las principales reservas de oro de los países están en Nueva York, y de una visita hace años recuerdo las coberturas metálicas que llevan los operarios en los zapatos, para evitar lesiones si se cae un lingote, y que los traspasos entre países por compraventas, o pagos, se hacían manualmente moviendo los lingotes desde una zona a otra del almacén. Tras congelarse las reservas de Rusia, se ve que el oro puede ser un arma política y caprichosa, y ya el secretario del Tesoro Scott Besset, se ha quejado de los costes por su papel de custodio. Hace unos días vi también una recomendación de invertir mencionando el aumento de la posición personal en oro de Besset; puede ser prematuro, pero no es de extrañar que las reservas depositadas en Estados Unidos se repatríen poco a poco.

El mercado del oro no se corresponde con el de la minería; esto ya se aprecia en las películas antiguas, pero si hay suerte permite como en La quimera del oro salir de la miseria y encontrar la felicidad y el amor; en El tesoro de Sierra Madre la minería crea amistades y violencia, y a la fascinación por el metal se une cierto desencanto, como cuando Bob Curtin (Tim Holt), uno de los protagonistas, idealiza su vida futura con una actividad más satisfactoria, como es cultivar melocotones. Brilla el oro cuando el mundo se oscurece por la desconfianza, y un lector, desde la India, en una carta reciente al FT lo expresa así: “El rally del oro no es una señal de inversión inteligente, sino un funeral para la economía internacional, y cuando la confianza muere, todos somos más pobres”.

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