Un dictamen técnico realizado por ingenieros descarta que el vertido de Cobre Las Cruces haya alterado el estuario del Guadalquivir
Un estudio de Aicia y el departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad de Sevilla concluye que la minera es responsable solo del 4,3% de los vertidos y que ni agua, ni sedimentos ni biota han registrado alteraciones significativas por su actividad
Científicos andaluces alertan en una revista especializada de que los vertidos mineros al Guadalquivir amenazan su ecosistema, la salud humana y la pesca
Un dictamen técnico sobre el estado ambiental del estuario del Guadalquivir fechado el pasado mes de octubre desmiente el artículo publicado por nueve científicos andaluces en la revista científica Integrated Environmental Assessment and Management, de la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (SETAC) de Estados Unidos, en el que se vincula la “alta carga” de ecotoxicidad del río a los vertidos de Cobre las Cruces (CLC).
El informe, encargado por la propia empresa, ha sido elaborado por Aicia, la Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía y el departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla. Sus autores, los profesores Benito Navarrete y Eladio M. Romero, han analizado 13.000 datos de agua, 3.500 datos de sedimentos y 900 datos de biota en el periodo 2010-2024, el periodo de actividad de Cobre las Cruces, procedentes de entidades acreditadas, estudios científicos y técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Universidades y Centros de Investigación.
Solo 4,3% de los vertidos al río procede de Cobre Las Cruces
Y concluyen que no existen evidencias de que el vertido de Cobre Las Cruces haya producido alteraciones significativas en la calidad del agua, los sedimentos o la biota del estuario del Guadalquivir y que su estado se mantiene “dentro de los rangos esperables dentro de sus características”. En el informe, de 45 páginas, se señala que la contribución del vertido de CLC en el conjunto de los existentes -y que ejercen presión sobre el propio río- es de solo el 4,3% del total. “Las fuentes puntuales amparadas por el censo arrojan al Estuario hasta un total de 20.773.778 metros cúbicos, de los que 900.000 corresponderían a CLC”, se afirma. El río, con una masa de agua muy modificada por la acción humana a lo largo del tiempo, recibe aportaciones de usos agrícolas, vertidos urbanos, aportes subterráneos y materiales geológicos ricos en sulfuros metálicos, señala el informe de Aicia. Eso explicaría la presencia de metales y nutrientes en el sistema.
La concentración de metales en la masa de agua y en el fondo no ha variado por CLC
En cualquier caso, la concentración de metales en la cuenca, tanto en las masas de agua como en el fondo, no han variado por el efecto de la actividad de CLC, afirman. En cuanto a la calidad de las aguas, los autores del informe no observan diferencias significativas entre los valores registrados aguas arriba y aguas abajo del punto del vertido, situado en el entorno ribereño de La Algaba. Además, las concentraciones de metales disueltos se mantienen de forma sistemática por debajo de las Normas de Calidad Ambiental (NCA) en todo el periodo; y el cobre, en concreto, no presenta una tendencia creciente, cuando es el principal metal del proceso minero de CLC. Los únicos parámetros que muestran niveles elevados son el nitrógeno y el fósforo, pero esto se debe, según el informe, a la agricultura y a los vertidos urbanos, no a la actividad minera, explica el informe de Aicia.
Los valores de los sedimentos son menores que cuando CLC no vertía agua al río
En cuanto a los sedimentos, los autores admiten que no existe legislación de aplicación que establezca valores límites, por lo que se ha recurrido a la normativa de referencia sobre el material dragado. De nuevo, el informe concluye que las concentraciones de metales se sitúan por debajo del nivel de acción A, el nivel más restrictivo al considerar el material como carente de efectos biológicos significativos. Y señala que los valores actuales son incluso inferiores -según reflejan los estudios históricos- a los previos a al inicio de la actividad de CLC. Solo se registran episodios puntuales, como ciertas concentraciones de mercurio en 2016, que no tuvieron la gravedad suficiente para llegar al nivel C, nivel por encima del cual el material se considera contaminado.
Por lo que respecta a la biota, asegura que las especies acuáticas del estuario presentan las características propias de un sistema turbio y sometido a fuertes variaciones. Las concentraciones de metales en peces y otros organismos se mantienen dentro de los rangos de estuarios similares y no muestran incrementos atribuibles a la actividad CLC, del mismo modo que no se observan variaciones entre la operación minera y el periodo previo. “No se han detectado concentraciones de metales pesado en peces que superen los límites establecidos, salvo excepciones puntuales para plomo (aguas arriba y aguas abajo del vertido), sin que hayamos apreciado vinculación directa con el vertido de CLC”, señala el informe de Aicia.
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