Andalucía en el tablero: cuando la periferia se convierte en centro

tribuna económica

Instalación de hidrógeno verde

Sevilla, 09 de febrero 2026 - 06:25

Durante décadas, el relato sobre Andalucía ha sido el de una región rezagada, atrapada en un modelo de bajo valor añadido. Sin embargo, en estos años un nuevo tren pasa por lo que, si aceptamos las ventajas comparativas andaluzas y elaboramos un plan de actuación eficiente y realista, podremos subirnos a él.

La globalización tal como la conocíamos se repliega, o al menos esa es la intención política. Las guerras comerciales, la pandemia, Ucrania y la rivalidad tecnológica han impuesto una lógica distinta. Ya no basta con producir barato, hay que producir cerca y seguro. En esa reconfiguración, Andalucía tiene cartas que hacía tiempo no tenía.

En primer lugar, tenemos yacimientos de minerales que hoy son críticos para Europa. Sin embargo, lo interesante no es tener el recurso, sino procesarlo aquí y retener valor aquí, en lugar de exportar materia prima como se ha hecho históricamente. Si la minería se convierte en primer eslabón de una cadena industrial local, se habrá roto un patrón secular. Si se queda en extracción, será otra oportunidad perdida.

En energía, la transformación puede ser aún más profunda. El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, con 3.000 millones de inversión prevista, aspira a conectar Huelva y Cádiz con Europa y convertir a Andalucía en proveedor energético del norte de Europa. En un continente que descubrió con el gas ruso lo que cuesta la dependencia, tener un suministrador fiable dentro de sus fronteras tiene un valor estratégico difícil de exagerar.

Y hay una tercera dimensión que suele quedar fuera del foco. El ecosistema tecnológico andaluz ha podido alcanzar una masa crítica, con sus centros en Sevilla, Málaga y Granada. Súmese la Autopista Ferroviaria Algeciras-Zaragoza y la posición del Estrecho, y el cuadro se completa: recursos, energía, tecnología y logística convergiendo en el mismo territorio.

Pero sería irresponsable ignorar los riesgos. Sin resolver la ecuación del agua, la capacidad de crecimiento tiene un techo muy bajo. Y sin formación especializada a escala y una gobernanza ágil, las inversiones anunciadas pueden quedarse en titulares. El riesgo más sutil es el de siempre: conformarse con ser eslabón inicial de cadenas de valor que otros completan. Exportar hidrógeno está bien; fabricar aquí los electrolizadores, mejor.

Lo que hace especial este momento es la confluencia: todas las piezas encajan en un contexto geopolítico que las demanda simultáneamente. Eso no había ocurrido antes. Pero las ventanas de oportunidad se cierran. Andalucía tiene los recursos. La pregunta es si tendrá la determinación para convertirlos en prosperidad duradera.

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