¿Para qué sirve la CEA?

Alto y Claro

Con González de Lara al frente la patronal se ha convertido en un lobby discreto e influyente

Javier González de Lara, actual presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía. / M. G.

06 de febrero 2026 - 06:00

Si todo ocurre como está previsto, Javier González de Lara será reelegido como presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) para un cuarto mandato. Cuando lo complete, en 2030, habrá estado al frente de la patronal andaluza un total de 16 años, que no es poco. La reelección de González de Lara está garantizada porque concurre a la Asamblea General como candidato único lo que da idea del consenso que despierta su figura dentro de la organización y de la estabilidad que ha sabido imprimir a la patronal andaluza.

No siempre ha sido así. La puesta de largo de la CEA se produjo en 1982, en las primeras elecciones autonómicas. La organización empresarial protagonizó una confusa campaña para denunciar que los socialistas y los comunistas eran la misma cosa. Fue una iniciativa del cerebro de la CEOE de entonces, José María Cuevas, que en Andalucía le tocó ejecutar a Santiago Herrero. Sobrados de medios, pero faltos de pericia aquello terminó como el rosario de la aurora y nunca más se volvió a repetir algo parecido.

Pasaron bastantes años y la CEA se convirtió -quién lo iba a decir- en algo así como el brazo económico en los gobiernos regionales de Manuel Chaves durante la década de los noventa y los primeros 2000. Chaves tuvo la habilidad de convertir a sindicatos y patronal en subsidiarias de la Junta mediante un artefacto que se llamó la concertación social y que tenía el objetivo implícito, pero no explícito, de quitarse de encima cualquier contestación social viniese de donde viniese. Aquello le salió bastante bien a Chaves, pero bastante mal a la CEA de Rafael Álvarez Colunga y de Santiago Herrero porque, entre otras cosas, desdibujó su personalidad hasta hacerla irreconocible.

Cuando en 2014 se dio un golpe de timón y llegó Javier González de Lara su primera misión fue rediseñar la organización y hacerla visible como lo que debía ser: la representación social de los empresarios ante los poderes políticos y económicos. No fue fácil, pero a la vista está que lo ha conseguido. Con González de Lara la CEA se ha convertido en lo que siempre debió ser: un lobby discreto y efectivo que defiende los intereses de los empresarios y que está presente, en segundo plano, en la toma de las decisiones que afectan al empresariado. Que la CEA sea hoy una balsa de aceite y que su presidente sea indiscutible e indiscutido es buen reflejo del trabajo que se ha hecho.

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