Oro, esa reliquia bárbara
La fiebre dorada
El precio disparado del oro dinamiza la inversión en lingotes y la expansión en Andalucía de firmas especializadas de compra venta como Quickgold y Oro Express
Durante seis meses del año 2010 en el vestíbulo del hotel Palace de Madrid, donde una suite ronda los 2.000 euros la noche, hubo una curiosa máquina expendedora. La había colocado allí la empresa alemana Ex Oriente Lux y lo que expendía era oro. Sí, oro, pequeños lingotes de entre 18 y 24 quilates y de un peso entre un gramo y diez gramos que caían como si fueran chocolatinas. Gold to Go se llamaba la máquina, que, por supuesto, era dorada. El director del hotel había visto una en Abu Dabi y se encaprichó de ella. Pensó que era ideal para su clientela.
Y sí, la máquina tuvo en un principio éxito. Funcionó principalmente como reclamo para que los turistas se hicieran fotos y se compraran como souvenir los lingotes de un gramo, que costaban 40 euros. Había que reponerlos casi cada semana. Iba tan bien que los alemanes proyectaron colocar otras tres máquinas en España: una en un banco, otra en un casino y una tercera en un centro comercial de Marbella. Pero fue un espejismo. En cuanto pasó la novedad la máquina expendedora se convirtió en un trasto. El hotel propuso ponerla en un lugar menos visible y los alemanes de Ex Oriente Lux se negaron, anularon sus planes en España y se fueron con su máquina a Oriente en busca de mercados como Corea, donde llegaron a poner su Gold to Go hasta en supermercados.
Habría que ver qué pasaría con las máquinas expendedoras de oro ahora que la compra minorista se está disparando casi al mismo ritmo que lo hacen las reservas de los estados. Nadie se fía de nadie. Y menos que de nadie de Trump y, por tanto, del dólar. El oro es un pertrecho seguro en tiempos inciertos. Polonia, que está armando el mayor ejército de la Unión por lo que considera la amenaza rusa, ha repatriado todo el oro que tenía guardado en el Banco de Inglaterra desde la invasión nazi y ha anunciado una compra de 150 toneladas para hacer frente a la tensión geopolítica. Por su parte, China ha disparado el precio con unas compras secretas que se desconoce a cuánto se elevan. El hecho es que la pasada semana el precio de la onza de oro se movía por encima de los 4.400 euros cuando las previsiones más optimistas para el pasado año ya situaban como un buen resultado que acabara por encima de los 3.000 euros. No hay Bolsa ni criptomoneda que dé semejante rentabilidad. (El viernes el precio del oro cayó un 8% al apreciarse ligeramente el dólar tras conocerse el nombre propuesto por Trump para presidir la Reserva Federal, pero todo apunta a una situación coyuntural).
En España, sin embargo, las reservas son poco significativas. En 2007 el país vendió un tercio de sus reservas de oro, más de cuatro millones de onzas troy, por algo más de 2.000 millones de euros. El entonces ministro de Hacienda, Pedro Solbes, justificó en el Senado esta operación diciendo que “el oro jugó en el pasado un papel fundamental de reserva que está desapareciendo, ya que no es un activo rentable”. Al año se derrumbó Lehman Brothers y el valor del oro automáticamente se disparó y aquel oro hubiera valido en 2011 no menos de 8.000 millones. Hoy el valor de ese oro sería de 17.000 millones. Las reservas de oro no se han repuesto y España, con poco más de 9 millones de onzas troy, es uno de los países de la UE con menos oro, incluso por debajo de Portugal.
Desde Inversoro, un distribuidor online de metales preciosos, explican qué está empujando no ya a los estados, sino a pequeños inversores a apostar por el oro: “Comprar oro tiene más sentido que cualquier otra cosa. La confianza en el sistema bancario quedó irreparablemente dañada tras la crisis de 2008 y la gente no confía en que su dinero esté seguro en manos de personas que ya lo perdieron una vez. Se recuperó la economía y llegó la pandemia que se combatió con impresiones de dinero sin precedentes, cuya consecuencia fueron niveles récord de deuda nacional en tiempo de paz. La invasión de Ucrania parecía impensable en los tiempos modernos, pero ha recordado al mundo que la guerra sigue siendo una amenaza potencial. Ante tanta turbulencia, el oro de inversión es el seguro definitivo”.
Patrón oro
Fue el economista John Maynard Keynes, el adalid de de la inversión pública para el crecimiento de la economía, el que acuñó el término “reliquia bárbara” para definir el oro. Hacía referencia a la dependencia de las monedas estatales del patrón oro. El patrón oro, ideado por el imperio británico durante la Revolución Industrial, suponía que los billetes emitidos por cada país podían ser canjeables por oro, por lo que sólo se podía emitir tanta moneda como depósitos de oro tuviera ese país. Keynes defendía que bancos centrales decidieran qué emisión de dinero necesitaba un país, fuera cual fuera la cantidad de oro que tuviera para responder.
El divorcio entre oro y dólar lo declaró Ricard Nixon en 1971. Según la nueva doctrina, el valor de una moneda lo marcaría la confianza que se tuviera en ella. Era una forma de decir que, a partir de ese momento, se pasaba del patrón oro al patrón dólar, medida de todas las cosas. Aquello tuvo sus efectos nocivos: inflación, deudas nacionales estratosféricas y el oscuro poder de las agencias de calificación. Mientras tanto, el oro se mantenía como un valor sólido. Su precio descendía si los mercados bursátiles iban bien y subía en tiempos de crisis, pero siempre con fluctuaciones suaves. Tener en casa el oro de las joyas de la abuela era un colchón que siempre iba a estar ahí para un apuro.
Y así fue. En la crisis financiera de 2008 las tradicionales casas de empeños empezaron a publicitarse en todas las ciudades con unos llamativos carteles amarillos en los que podía leerse ‘compro oro’. Dinero en efectivo al instante, aunque se pagara por debajo del precio real del metal, pero en esos momentos desesperados con desahucios a la orden del día una alianza de boda podía servir para pagar el alquiler o una cuota de la hipoteca. Aquella crisis vació de oro las casas. Sólo en Sevilla, las tiendas a pie de calle de Compro Oro pasaron de 46 en 2009 a 182 en 2013. Y lo mismo en cada ciudad.
Es en esa época cuando aparece Quickgold. Quickgold nace de la necesidad o, como dice su presidente, Salvador Rodríguez, de “la rentabilidad de las malas noticias”. En 1993 los hermanos Rodríguez montaron en Mallorca una oficina de cambio de divisas. La primera mala noticia que tuvieron fue que España entraba en el proyecto de moneda única. Con ello iban a perder toda su clientela de turistas alemanes, franceses e italianos. Se centraron entonces en los inmigrantes y en las remesas que enviaban a sus países. Pero en 2009 fueron los inmigrantes los que se marcharon cuando se acabó el trabajo. Y entonces pensaron en el oro, pero no colocarían ningún cartel amarillo.
Quickgold adoptó el azul como color corporativo y para diferenciarse de los negocios de Compro Oro, a veces instalados en segundas plantas y asociados a oficinas oscuras, como si existiera cierta vergüenza de esas transacciones, ellos colocaron cristaleras. Todo a la vista. Según Rodríguez, esas cristaleras eran una declaración de intenciones: “Transparencia, todo a la vista del cliente. Los precios claros, como los pesajes y la forma de tasación”. La fórmula funcionó y tuvieron ofertas para replicarla, de modo que montaron una cadena de franquicias. Ahora mismo Quickgold está presente en Andalucía con once oficinas franquicia que cuentan con la ventaja de tener un solo comprador de oro, que es la matriz de Quickgold, que es la que busca el mercado. Para el franquiciado todo es muy cómodo y lo único que tiene que hacer es demostrar que tiene un respaldo de al menos 80.000 euros. Ahora Quickgold también ofrece en su tienda lingotes que van desde los 2,5 gramos (cerca de 500 euros) a 550 gramos (unos 70.000 euros).
Otro de los grandes minoristas de los lingotes es un gallego, el vigués Manuel Rivera, que empezó trabajando en la Citröen antes de integrarse en la inmobiliaria familiar y que ahora cuenta con 80 tiendas de su marca Oro Express, que piensa multiplicar por dos el próximo año. Oro Express está presente en todas las provincias andaluzas. Su historia es la de una inmobiliaria que se estampa contra la crisis del ladrillo de 2008 y encuentra un salvavidas comprando oro y revendiéndolo. De esa acción desesperada nace este pequeño imperio del mercado del lujo que, como dice Rivera, “nunca está en crisis”. Esa fue la enseñanza que le dejó la crisis inmobiliaria. Cuando todo se derrumba, siempre quedará el lujo. Porque cuando todos pierden, alguien gana. Y entonces compra oro.
Al estar el mercado de la compra/venta de oro apenas regulado no hay datos oficiales del metal circulante en nuestro país. La Fundación MonteMadrid, dependiente de lo que fue el Monte de Piedad de Madrid, realizó un estudio en 2023, cuyos datos posiblemente hayan quedado obsoletos tras la nueva fiebre del oro. Según esta encuesta, los negocios de Compro Oro no inspiraban confianza a un 83% de la población. La creencia general es que se aprovechan de quienes acuden a ellas. Otros datos que salieron de aquel estudio es que si bien en un 82% de los hogares españoles hay algún objeto de oro, aunque sea una sortija, el 36% desconoce por completo su valor.
Según MonteMadrid, al menos hasta 2023 el lingote de oro como inversión seguía siendo un recurso residual, tres veces por debajo de las criptomonedas. Sólo un 4% de los inversores acudían al lingote de oro como instrumento de inversión. Y, sin embargo, es el que más satisfacción genera. Un 58% se muestra satisfecho o muy satisfecho del rendimiento, mientras que las criptomonedas, donde un 12% de los inversores apuestan, sólo genera una satisfacción del 33%.
Sin embargo, ese mismo estudio ya percibía a futuro el movimiento que se está produciendo. A la pregunta de si el encuestado conocía que podía invertir en lingotes de oro a partir de los 70 euros, un 71% dijo que no. Ya con el consultado de cara, a la pregunta de si consideraría, si tuviera mil euros para invertir, hacerlo en lingotes, un 38% contestó afirmativamente, seguido por un 17% que insistía en meter ese dinero a plazo fijo, a pesar de que el plazo fijo es el instrumento que menos satisfacción produce (un 40%). Pero no deja de ser el menos aventurado para quienes no son amantes del riesgo.
En cualquier caso, para invertir en oro no es necesario comprar oro. Están los ETFs, fondos cotizados en Bolsa que replican el precio del oro y que son ideales para los inversores a corto con la ventaja de tener unas comisiones muy bajas. Para el inversor a largo están las empresas mineras, quese encuentran en tendencia alcista. Si la gente quiere oro, hay que extraer más oro. Venezuela, por ejemplo, ha prometido a su nuevo patrón, Estados Unidos, que aumentará en un 30% la extracción de oro en el Arco Minero del Orinoco. Y en España también hay oro. La minera canadiense Emerita Resources presentó el pasado mes de octubre en Huelva su proyecto Iberian Belt West. Su presidente, el geólogo Joaquín Merino, anunció el resultado de sus exploraciones en el corazón de la Faja Pirítica, entre los municipios de Puebla de Guzmán y Paypogo, en los que han gastado más de 30 millones de euros, al parecer muy bien invertidos: los más de 120.000 metros de perforación en 330 sondeos han permitido certificar cerca de 26 millones de toneladas de recursos minerales que apuntan a la recuperación de más de 774.000 onzas de oro. Dieron con su mina de oro.
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