La Reserva Federal aviva las especulaciones sobre una intervención para frenar la debilidad del yen

Las consultas de la Fed de Nueva York sobre el cruce dólar/yen y la coordinación con Japón impulsan la divisa nipona y reabren el debate sobre un posible apoyo de Estados Unidos en el mercado de divisas

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Imagen de archivo de una pantalla con el índice de cambio del yen frente al dólar en Tokio. / Kimimasa Mayama, EFE

La abrupta apreciación del yen registrada al inicio de la semana ha reactivado un viejo fantasma en los mercados financieros internacionales: la posibilidad de una intervención coordinada entre Japón y Estados Unidos para frenar la debilidad de la divisa nipona.

El movimiento, que llevó al yen a fortalecerse hasta su nivel más alto en cerca de dos meses, se produjo tras conocerse que la Reserva Federal de Nueva York había realizado consultas técnicas sobre el cruce dólar/yen, un gesto interpretado por los operadores como un posible preludio de actuación en el mercado de divisas.

Japón evita confirmar una intervención

Las autoridades japonesas han optado por la cautela. El viceministro de Finanzas para Asuntos Internacionales, Atsushi Mimura, subrayó este lunes la “estrecha coordinación” con Estados Unidos, pero evitó confirmar cualquier tipo de intervención conjunta.

En la misma línea, la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, aseguró que no tenía “nada que comentar” sobre una eventual acción concertada, aunque reiteró que su departamento sigue la evolución del mercado “con sensación de urgencia”. Un mensaje calculadamente ambiguo que, por sí solo, ha bastado para alterar el equilibrio en los mercados.

Las llamadas de la Fed y el efecto inmediato en el yen

El detonante inmediato fue el comportamiento del yen al cierre de la semana pasada, cuando la divisa llegó a superar el umbral de las 159 unidades por dólar tras la reunión de política monetaria del Banco de Japón.

Ese nivel es considerado por muchos analistas como una línea en la arena para las autoridades japonesas. A partir de ahí, las informaciones sobre las llamadas de la Reserva Federal de Nueva York a entidades financieras para conocer sus posiciones en el par USD/JPY -los llamados rate checks- dispararon las especulaciones sobre una posible implicación directa de Washington.

En los mercados, estos movimientos se interpretan como una señal clara de alerta. Un rate check no implica intervención inmediata, pero sí indica que un banco central está preparado para actuar.

El hecho de que la Reserva Federal realizara estas consultas sin aclarar públicamente que actuaba únicamente como agente técnico de Japón ha alimentado la sospecha de que Estados Unidos podría estar dispuesto a ir más allá, algo inusual en un contexto que no es ni una crisis financiera global ni una catástrofe natural.

El impacto fue inmediato. El yen llegó a apreciarse más de un 1% en las operaciones asiáticas, mientras que el índice dólar de Bloomberg cayó un 0,4%, ampliando el retroceso acumulado de la semana anterior.

La Bolsa de Tokio acusó el golpe: el Nikkei cedió más de un 1,5%, penalizado por las compañías exportadoras, que se benefician de una moneda débil. Al mismo tiempo, el dólar se debilitó frente a la mayoría de las grandes divisas, impulsando al euro y a la libra esterlina a máximos de varios meses y llevando al oro a nuevos récords.

El riesgo para el dólar y la deuda estadounidense

Más allá del corto plazo, el episodio ha reabierto un debate de mayor calado: si Estados Unidos podría estar interesado en un dólar estructuralmente más débil.

Analistas como Chris Turner, de ING, apuntan a dos motivos clave para una eventual implicación de Washington. Por un lado, la debilidad del yen ha contribuido a la reciente venta masiva de bonos soberanos japoneses, con efectos de contagio sobre los rendimientos del Tesoro estadounidense, un mercado especialmente sensible para la Casa Blanca.

Por otro, un dólar excesivamente fuerte frente al yen estaría neutralizando parte del impacto de los aranceles estadounidenses sobre Japón y otorgando una ventaja competitiva a los fabricantes nipones.

Otros estrategas van más allá y sugieren que una intervención conjunta podría encajar en una estrategia más amplia de debilitamiento del dólar frente a sus principales socios comerciales, una idea que ya circuló en los mercados bajo nombres como el hipotético Acuerdo de Mar-a-Lago. El propio Donald Trump ha defendido en numerosas ocasiones que “se gana mucho más dinero con un dólar débil”, al considerar que un billete verde fuerte penaliza las exportaciones y agrava el déficit comercial.

Sin embargo, no todos comparten esta visión. Varios analistas subrayan que una intervención directa de Estados Unidos para vender dólares sería difícil de conciliar con las preocupaciones de Washington sobre la desdolarización global y el papel del dólar como moneda de reserva.

Además, una acción sostenida para apoyar al yen obligaría a Japón a vender parte de sus tenencias de deuda estadounidense (cercanas a los 1,2 billones de dólares), lo que podría presionar al alza los rendimientos del Tesoro, un escenario poco deseable para una economía ya tensionada por su elevado déficit fiscal.

Las dudas sobre la eficacia de una acción conjunta

Desde Japón, algunas voces políticas también llaman a la prudencia. El ex primer ministro y ex ministro de Finanzas Yoshihiko Noda ha advertido de que cualquier intervención tendría un efecto limitado si no va acompañada de un compromiso creíble con la disciplina fiscal y de un entorno que permita al Banco de Japón normalizar su política monetaria sin interferencias políticas.

A su juicio, el debilitamiento del yen es, en última instancia, un reflejo de las dudas del mercado sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas niponas.

Por ahora, el consenso entre los analistas es que una intervención coordinada entre Japón y Estados Unidos sigue siendo poco probable a corto plazo.

El simple temor a que se produzca ya ha logrado alejar al yen de sus mínimos de 18 meses, ofreciendo un respiro temporal a las autoridades japonesas. Pero el equilibrio es frágil.

Con elecciones anticipadas en Japón, un Banco de Japón atrapado entre la inflación y el coste de la deuda, y una Reserva Federal bajo presión política en Estados Unidos, el mercado de divisas vuelve a ser un tablero donde cada gesto cuenta. Y donde el silencio, a veces, dice más que una intervención abierta.

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