El sector del aceite de oliva prepara el mayor estudio sobre el virgen extra para lograr la etiqueta saludable europea
La asociación QvExtra negocia con la Interprofesional un nuevo impulso al proyecto después de que la agencia alimentaria europea pidiera más evidencias de los efectos del producto para reducir el colesterol y la hipertensión
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El aceite de oliva virgen extra tendrá que esperar varios años para obtener la Declaración de Salud de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), que permitiría incluir en la etiqueta del producto la expresión “reduce el colesterol” o “reduce la hipertensión”. Este reconocimiento solo lo tienen 13 productos en toda Europa y solamente uno español**
La solicitud presentada en 2024 por la asociación QvExtra!, que agrupa a 33 empresas con 120.000 hectáreas de olivar, llegó a la fase de consulta pública a principios de este año, pero el organismo europeo la paró en en el mes de mayo pese a que se presentaron hasta 200 páginas con 4.500 artículos científicos y 500 analíticas de empresas aceiteras.
La razón no es de fondo, sino de forma. Según explica Herminia Millán, gerente de QvExtra!, la EFSA necesita más evidencia científica. “La mayor parte de los estudios, prácticamente todos, tienen una duración de tres semanas, pero la agencia necesita ver los efectos a medio y largo plazo y consideran que el mínimo es de ocho semanas”, afirma. En el caso del colesterol, además, pide que se establezca “el mecanismo concreto” a través del cuál el producto incide en su reducción, algo que no está definido en su exactitud en los estudios que QvExtra! ha presentado.
Un estudio sin precedentes: 12 semanas de duración y seis centros implicados
Eso obliga a la asociación, si quiere seguir con el proceso, a impulsar un estudio que nunca se ha hecho, el mayor hasta ahora vinculado al aceite de oliva virgen extra, de doce semanas. Y parece que en este nuevo reinicio ha encontrado el apoyo de la administración y del sector, en concreto de las asociaciones de envasadores y exportadores (Anierac y Asoliva), de la propia interprofesional (que agrupa también a los productores) y de los ministerios de Agricultura y Sanidad. La agencia de seguridad alimentaria española, Asean, ha ofrecido sus servicios para que la nueva solicitud se ajuste exactamente al formato que requiere el organismo europeo.
Ahora mismo, QvExtra! negocia con la Interprofesional el apoyo económico a un macroestudio que no será barato. Millán cree que la financiación de la Interprofesional es lo más adecuado para impulsar el proyecto, ya que “representa a todo el sector”, pero también afirma que si no hay acuerdo QvExtra! Buscará fondos en actores privados o incluso en el Ministerio de Agricultura.
Ahora mismo se está definiendo el borrador, es decir, cuál va a ser la población objeto del estudio que se va a necesitar, cómo se va a seleccionar para evitar que la tasa de abandono sea alta, qué centro va a liderar el proyecto y qué factores se van a analizar. No solo van a ser la presión arterial y el colesterol, sino otros como la glucosa en sangre, los triglicéridos o los marcadores antiinflamatorios. “Vamos a hacer un ensayo lo más completo posible para poder redactar las solicitudes específicas en las condiciones que la EFSA nos pide”, dice Millán. En un principio, los aceites virgen extra que se usen para el estudio serán aquellos que tienen más de 300 partes por millón de polifenoles y se van a estudiar tanto el efecto en el cuerpo humano de estos compuestos como de otros más minoritarios. Se estima que con cuatro o cinco cucharadas al día este producto tiene efectos beneficiosos para la salud.
En el informe participarán seis centros, tanto universitarios como médicos: la Universidad de Jaén, la Universidad de Navarra, el Hospital Clinic de Barcelona, el Hospital Reina Sofía de Córdoba, el CSIC Instituto de la Grasa y el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas de Barcelona. Entre los expertos colaboradores están Ramón Estruch, José López Miranda, Miguel Ángel Martínez, Miguel Ruiz Canela, José Juan Gaforio y Maria del Carmen Millán como coordinadora.
Una carrera de fondo con EEUU como meta final
Si todo va bien, el borrador se terminaría este año, entre enero y febrero se definiría el presupuesto y en junio comenzaría el ensayo. A final de 2026 el macroestudio finalizaría y se presentaría ante la EFSA en el primer trimestre de 2027. La decisión final tendría que estar a finales de ese año o principios de 2028. “Una auténtica carrera de fondo”, admite Millán.
Si se consigue la declaración, las consecuencias serían muy buenas para la imagen del sector y especialmente para el español (hasta el 80% podría cumplir con el requisito de los polifenoles), que aparecería como impulsor de las propiedades saludables del virgen extra. Además, al haber pagado el estudio, se podría beneficiar de una protección de la Declaración por cinco años, lo que significaría que la etiqueta solo figuraría en ese tiempo en los productos españoles que cumplieran los requisitos.
El siguiente paso, a más largo plazo, será conseguir lo mismo en la autoridad americana, la FDA, lo que significaría un salto cualitativo en la penetración del aceite de oliva español en EEUU.
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