El Apuntador
Miguel Ángel Noceda
A vueltas con las nucleares
El presidente de la CNMV, Carlos San Basilio, presentó esta semana el Plan de Actividades para el 2026, que identifica 60 iniciativas concretas en tres grandes áreas: protección del inversor, potenciación de los mercados y continua mejora de la CNMV. También anunció la intención de lanzar un nuevo producto financiero con el objetivo no solo de fomentar el ahorro, sino canalizarlo hacia inversiones productivas que apoyen a empresas y al crecimiento económico.
La idea es que sea un producto sencillo, con beneficios fiscales que atraigan a los ciudadanos a invertir en vez de acumular dinero en depósitos o cuentas corrientes sin rentabilidad. Este tipo de cuentas permitirían que cualquier persona pueda tener en un mismo vehículo de ahorro e inversión —fondos, acciones o renta fija— y que parte de las ganancias gocen de un tratamiento fiscal favorable si se mantienen durante un periodo determinado.
Un producto que ya existe en España con ventajas similares son los SIALP (Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo), sin éxito por su baja rentabilidad, debido a su estructura aseguradora, que limita los productos en los que puede invertirse. Entonces, simplemente, habría que mejorar su diseño: ampliar los incentivos fiscales, permitir mayor flexibilidad en aportaciones y rescates y facilitar que el ahorro pueda invertirse en carteras diversificadas con más potencial de rentabilidad a largo plazo.
Esta iniciativa encaja plenamente con la recomendación que Christine Lagarde, presidenta del BCE, hacía hace unos días en su discurso Turning size into scale: unlocking Europe’s capital markets potential. Entre otras cuestiones, abordaba de forma genérica la necesidad de movilizar a través de mercados de capitales más profundos e integrados el exceso de ahorro que hoy permanece en depósitos hacia instrumentos que financien innovación, transición energética y crecimiento empresarial.
Dos reflexiones finales. Hacer útil el ahorro es el papel que se supone realiza la banca. Siempre hubo una parcela financiera que ésta, por sus propias características, no puede ni debe abordar, pero ahora se empuja demasiado a los ahorradores a que conecten directamente con la economía real, asumiendo el riesgo (y la banca, sólo las comisiones). Ante esto, recordemos que, en el templo de Apolo, en Delfos, estaba inscrito el célebre “conócete a ti mismo”. Entender nuestro perfil de riesgo, nuestros plazos y nuestras metas es la condición para elegir bien. Hacer fluir el ahorro hacia la economía productiva exige mejores instrumentos, pero también ciudadanos que se conozcan lo suficiente como para utilizarlos con criterio.
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