Quién es quién en la ‘cuadrilla’ vasca que ha comprado Ayesa Digital
La operación supone la salida definitiva de capital andaluz de la multinacional sevillana, uno de los pocos buques insignias del tejido empresarial regional
El consorcio liderado por BBK-Kutxabank se hace con Ayesa IT por 480 millones y fuerza la salida de la familia Manzanares
Casi en plena cuenta atrás de las campanadas de fin de año llegaba la noche del pasado 31 de diciembre a los medios de comunicación en forma de comunicado de prensa la confirmación de la adquisición de la compañía Ayesa Digital por parte del consorcio integrado por la Fundación BBK, Kutxabank, el Gobierno vasco y el grupo Teknei. Era la oficialidad de una operación cifrada en 480 millones de euros que se ha negociado en los últimos meses de 2025 y que ha sido radiada prácticamente en directo.
El acuerdo cierra así una parte de la venta de la andaluza Ayesa que comenzó a gestarse a principios del pasado año de la mano de su principal accionista, el fondo A&M Capital Europe (AMCE), que poseía el 67% del capital desde 2021, al tiempo que implica la salida definitiva del accionariado de la familia Manzanares –fundadora de la multinacional sevillana y que conservaba el 33% restante–, al ser uno de los condicionantes que ha impuesto la agrupación vasca para consumar la firma.
La autodenominada cuadrilla del Gobierno regional, BBK, Kutxabank y Teknei –como socio industrial– se queda con un gigante que desde 2022 ha triplicado su facturación hasta rozar los 570 millones de euros, genera un Ebitda de casi 50 millones y suma más de 11.000 empleados. La puerta sigue abierta a la entrada de nuevos miembros en la operación, en la que subyace una maniobra política para el regreso a Guipúzcoa de la antigua Ibermática, adquirida por Ayesa hace tres años.
A nivel andaluz, la herida que deja la compra es dolorosa, por cuanto supone el traslado de la sede de Ayesa Digital al País Vasco y la salida de facto de capital regional en el que es uno de los pocos buques insignias del tejido productivo autonómico. Una derivada que ha llevado la transacción hasta la arena política, con acusaciones y reproches entre la oposición y la Junta, y que ha sembrado inquietud en la plantilla de Sevilla, pese a la garantía de mantenimiento del empleo recogida en el acuerdo.
El reparto de los 480 millones entre los socios vascos no se ha desglosado, si bien en la oferta inicial que trascendió a los medios se fijaba que la mayor cuantía se aportaría en forma de capital y el resto como asunción de deuda de la empresa. BBK y Kutxabank harán el mayor desembolso, seguidos del Gobierno vasco, mientras que la cifra de Teknei será residual, lo que obliga a buscar más miembros para una cuadrilla en la que durante los últimos meses cada uno de sus cuatro protagonistas ha jugado su papel.
BBK y Kutxabank
Así, la Fundación bancaria BBK ha actuado de punta de lanza del consorcio, presentando el pasado mes de octubre una oferta por la división digital de Ayesa y situándose en una puja en la que estaban participando por aquel entonces fondos de capital riesgo como Blackstone, HIG o CapVest. La entidad, heredera de la Caja de Ahorros Bilbao Bizkaia Kutxa, posee el 57% de Kutxabank y tiene una cartera cada vez más diversificada de participación en empresas de varios sectores.
Por su parte, Kutxabank se ha sumado al acuerdo con Indar Kartera, su vehículo de inversión para entrar en firmas consideradas atractivas y estratégicas a nivel territorial. Con sede en San Sebastián, este instrumento financiero se constituyó a principios del ejercicio pasado con una capacidad inicial en capital de 500 millones de euros. Paradójicamente, el banco poseía el 15% del accionariado de la compañía tecnológica Ibermática en 2022, cuando fue vendida a Ayesa por 160 millones.
Paraguas político
Desde el lado del Gobierno vasco, y bajo un paraguas político de impulso del arraigo empresarial, el consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, Mikel Jauregi, ha sido la cara más visible de la operación, que se articulará a través de Finkatuz, una sociedad pública propiedad al 100% del Instituto Vasco de Finanzas (IVF) –íntegramente respaldado por el Ejecutivo de Euskadi– cuyo objetivo es adquirir participaciones de carácter clave a largo plazo en compañías locales.
Y como socio industrial, ha hecho su entrada la tecnológica Teknei, radicada en Bilbao y especializada en consultoría, desarrollo de software y soluciones digitales. Con una facturación estimada de 300 millones de euros para el ejercicio actual, el grupo cuenta con presencia en varias ciudades de España, así como en México y EEUU. Dentro de su estrategia de crecimiento, adquirió a principios de diciembre la unidad de Business Process Outsourcing (BPO) de Indra por 96,6 millones de euros.
Quinto en discordia
La búsqueda de aliados para sumarse a la compra no ha sido, ni está siendo, un camino de rosas a pesar de la robustez que ha intentado exhibir el consorcio vasco. De hecho, la adhesión del quinto miembro se vio sacudida días antes de la firma por el portazo de Kutxa Fundazioa, que rechazó incorporarse a raíz de un informe elaborado por su propio departamento técnico que desaconsejaba la participación, a lo que se unió también una guerra política soterrada en el seno de su patronato.
Para suplir esta deserción, se ha lanzado la invitación a la Fundación alavesa Vital, siguiendo el modelo de colaboración que ya estableció en la reciente operación de compra del 29,7% de Talgo, donde participó junto al Gobierno vasco, Fundación BBK y Sidenor. La entidad social aún puede sumarse, ya que el acuerdo de compra deja abierta la puerta a más miembros en la cuadrilla, aunque sigue deshojando la margarita con la duda centrada en la baja vinculación territorial de Ayesa con Vitoria.
Últimos flecos con Colliers
El guion que todavía queda por escribir en la desaparición de Ayesa, tal y como se conocía hasta ahora, tendrá como protagonista a Colliers International Group, que se hará previsiblemente en los próximos días con la división de ingeniería, manteniendo en principio su sede en Sevilla. La operación, que superaría los 500 millones de euros, está pendiente de los últimos flecos de la due diligence, que en este caso está siendo más compleja dado que una parte sustancial del negocio se sitúa en el exterior.
Los fundadores de Ayesa darán así por culminada su etapa al frente de la compañía creada en 1966 por el ingeniero sevillano José Luis Manzanares Japón. En este periodo de casi seis décadas de trayectoria se ha convertido en una multinacional con casi 1.000 millones de ingresos y presencia en 24 países, situándose con ello entre las cinco primeras firmas de servicios digitales de España, las cincuenta mayores ingenierías del mundo y las diez principales en Latinoamérica.
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