Trump contra los molinos de viento

Las eufóricas perspectivas de empresas volcadas con la eólica marina, como la gaditana Dragados Offshore, chocan con la visión carbonizada del ‘emperador’

El parque eólico de la isla de Borkum, donde participa Dragados Offshore
El parque eólico de la isla de Borkum, donde participa Dragados Offshore

Florentino Pérez es un presidente de fútbol intervencionista. Es capaz de dar un golpe en el tablero del universo fútbol destituyendo siete meses después de contratarlo a un entrenador que había sido capaz de ganar la Bundesliga con un equipo apodado el Bayer Neverkusen. Pero aparte de ser un presidente de fútbol de un equipo de dimensión mundial, también es el presidente de una de las mayores constructoras del mundo, ACS, desde su posición del control de un 14% del accionariado.

En su equipo, el Real Madrid, y en su constructora se hace lo que él dice, aunque todo el mundo sabe que su jubilación está temprana. Cumplirá 80 años en breve y ya no discurre con la velocidad del tiburón que le hizo tan poderoso. En su entorno se piensa en el relevo en el equipo de fútbol y en la constructora, tan deseada por sus competidoras. El Real Madrid, con una deuda financiera bruta superior a los 1.300 millones de euros, echa al entrenador y propone la entrada de un fondo de inversión. En ACS, en el año 2022, se produjo un terremoto parecido. Pérez destituyó al ‘entrenador’, Marcelino Fernández Verdes, y vendió a una de sus competidoras, Vinci, su división industrial, Cobra, por cerca de 5.000 millones de euros. Fernández Verdes, llamado a ser su sucesor, llegó a ser el ejecutivo mejor pagado del Ibex con una nómina de 20 millones de euros al año. Cayó después de que la filial australiana de ACS, Cimic, realizara en Oriente Medio inversiones desastrosas que pusieron a la multinacional española en un aprieto financiero cifrado en un agujero de 400 millones.

Para reparar el desaguisado Cimic, Pérez recurrió a Vinci. Al igual que en la última junta de socios del Real Madrid Pérez defendió la necesidad de una inyección de dinero exterior, también explicó a los accionsitas de ACS las bondades de deshacerse de la división industrial sin repartir dividendos: “Vendimos la actividad industrial porque creemos que invertir ese dinero en nuestra estrategia concesional y la simplificación del grupo es mejor que repartir dividendos. El invertir siempre es bueno, no solo es bueno tener caja”.

En el paquete de esa división industrial se encontraba la primera empresa de la Bahía de Cádiz, Dragados Offshore, y desprendiéndose de ella renunciaba a una posición de privilegio en un negocio emergente, la éolica marina, que sólo en Europa en 2023 alcanzó una inversión de 30.000 millones de euros. Antes de que le estallaran en las manos los números de Cimic, ACS había tenido una actividad frenética en las subastas del sector. Se posicionó en parques marinos de Gales, Escocia y un proyecto en Canarias, que se sumaban a la carga de trabajo que tenía en el Mar del Norte.

Todo esto era lo que heredaba Vinci con su compra. Vinci es nominalmente una multinacional francesa, aunque su accionariado mayoritario está en poder de un conglomerado catarí y en el fondo de inversión Black Rock. Al comprar Cobra a ACS, Vinci convertía sus nuevas plantas de Cádiz y Algeciras en su punta de lanza para competir en un mercado que parecía ir como un cañón y con un enorme futuro si se seguía por el camino de la descarbonización energética.

Vinci

El Florentino Pérez de Vinci es Xavier Huillard y, al contrario que Pérez, no tiene ningún interés en el fútbol y es poco dado al foco público. Viene de una larga estirpe de constructores que se remonta a su tatarabuelo, que fue uno de los arquitectos del edificio que alberga el ayuntamiento de París. La operación de Cobra fue un empeño suyo y, dentro de esa operación, Dragados Offshore jugaba un papel fundamental. Tras su adquisición se dirigió a los trabajadores con una carta en la que afirmaba que “la integración en Vinci de las actividades energéticas de ACS, incluida su plataforma de desarrollo de proyectos de energías renovables, tiene como objetivo no solo construir un líder mundial en ingeniería, obras y servicios relacionados con la energía, un sector en el que Vinci ya está muy presente, sino también acelerar, gracias a la experiencia de Cobra, su desarrollo en renovables y fortalecer así su contribución a la transición ambiental”.

Xavier Huillard, a la izquierda, con uno de los ministros de Macron
Xavier Huillard, a la izquierda, con uno de los ministros de Macron

Dragados Offshore nació en 1972 como una filial de la constructora que había realizado durante el franquismo buena parte de las obras en los puertos españoles y casi todos los pantanos inaugurados con gran boato durante los años de la tecnocracia. También Dragados, creada por un grupo de ingenieros en 1941 y apoyada financieramente por el Banco Central, fue una de las primeras empresas españolas en internacionalizarse y acudir a concursos por todo el mundo. Su nueva criatura Off Shore se instaló en el Bajo de la Cabezuela, en Puerto Real, para construir una plataforma para la Shell en el Mediterráneo, a la que siguieron siete plataformás para la Marathon Oil en Brasil. Dragados Offshore contribuyó a que Cádiz siguiera siendo una potente zona industrial. Luego cayeron trabajos para Texaco y para la Pemex mexicana, lo que abrió la puerta para crear una división en este país.

El prestigio de esta sucursal de Dragados fue uno de los factores para que en 2002 se produjera la turbulenta operación de ACS para hacerse con el control del accionariado en lo que, sin duda, es el más audaz movimiento empresarial realizado nunca por Florentino Pérez, mucho más que cualquier adquisición galáctica para el Real Madrid. Es bajo el paraguas de ACS cuando Dragados Offshore explora nuevos mercados más allá del petrolero. En su historia lucen con orgullo los 49 tramos que desde Cádiz llegaron a Escandinavia para ensamblar el puente de 16 kilómetros que une Copenhague con Malmoe. Con esta experiencia, Dragados Offshore también sería la encargada de realizar piezas similares para el segundo puente de Cádiz.

Su desembarco en el sector de la éolica marina llega en 2016 cuando consigue ser incluida entre las constructoras encargadas de levantar el mayor parque éolico marino del mundo, el Hornsea, en el Mar del Norte, con el objetivo de dotar de energía eléctrica a más de tres millones de hogares del Reino Unido. Cuatro años después se asocia con Siemens Energy para sumergirse en el proyecto Dolwin6, de la operadora germano-holandesa Tennet , una infraestructura de transmisión de energía eólica que convierte la corriente alterna de los aerogeneradores en la corriente continua de la red eléctrica terrestre. Y como la sociedad funciona, Tennet vuelve a confiar en los mismos para una plataforma eólica en la isla alemana de Borkum.

La Borwin5 saliendo del puerto de Cádiz el pasado mes de abril rumbo al mar del Norte.
La Borwin5 saliendo del puerto de Cádiz el pasado mes de abril rumbo al mar del Norte. / Dragados Offshore

Estos proyectos son sólo una pequeña parte del potencial de un sector que la patronal eólica europea WindEurope alimenta con entusiasmo. La previsión es que los parques eólicos marinos europeos aporten 70 gigavatios (cada gigavatio son mil millones de vatios) en 2030 y que contribuyan a que en 2050 la mitad de la electricidad de la Unión Europea provenga del viento.

Estos son muchos contratos en los que Dragados Offshore, ya situada tecnológicamente en un lugar puntero, puede meter la cuchara. Para ello, desde que Vinci se ha hecho cargo, Dragados Offshore no para de crecer. En el puerto de Cádiz se ha hecho con 52.000 metros cuadrados en el muelle oeste para utilizar como almacenamiento y pre montaje. Esto le ha supuesto a la Autoridad Portuaria un ingreso extra de casi 16 millones de euros. Mientras, en el puerto de Algeciras logró una concesión de 405.000 metros cuadrados en la zona de Campamento para trabajar exclusivamente en la éolica marina, en los que está invirtiendo 40 millones de euros.

En España, Cobra, donde está integrada Dragados Offshore, ha llegado a presentar al Ministerio de Transición Ecológica doce proyectos de parques eólicos. Pero en España no acaba de cuajar. El sector cuenta con la renuencia de ecologistas y pescadores. Además, con 8.000 kilómetros, es el país europeo con mayor longitud de costa, pero también con mayor profundidad, lo que hace imposible anclar los generadores sobre el fondo del mar y hay que trabajar con plataformas flotantes, mucho más costosas.

Juan Diego Díaz, presidente de la Asociación de Empresas Eólicas cree que se superarán estas dificultades y que el sector de la éolica marina en el periodo 2025-2050 puede contribuir al PIB nacional con cerca de 50.000 millones y 17.000 nuevos puestos de trabajo.

A Trump no le gusta

Pero todas estas eufóricas perspectivas chocan con el escepticismo del hombre que piensa que el calentamiento global es la mayor estafa de la historia, aunque su interés por Groenlandia, entre otras cosas, derive del deshielo y esté en juego el control de las nuevas rutas marítimas de comercio. Es decir, el atractivo de Groenlandia se encuentra en el mismo calentamiento global que él niega. Este hombre, que no es otro que Donald Trump, es un firme enemigo de la eólica marina. En un arrebato quijotesco, piensa que estas granjas eólicas están pensadas por “malvados perdedores, destruyen el paisaje y matan aves”, mostrando una conciencia ecológica por la fauna desconocida en su pensamiento hasta ahora.

De las palabras ha pasado a los hechos y el pasado mes de diciembre suspendió cinco grandes proyectos de energía eólica en un avanzado estado de construcción, incluido uno de Iberdrola en Massachussets, amparándose en “los riesgos para la seguridad nacional identificados por el Departamento de Guerra en informes clasificados recientemente elaborados”. Nadie ha explicado cuáles son esos riesgos para la seguridad nacional. Esta actitud obliga a las empresas a pleitear en los tribunales, que suelen darles la razón, pero es una declaración de guerra que puede ahuyentar nuevos proyectos.

La cruzada de Trump contra las energías renovables no debería detener la hoja de ruta europea, pero el auge electoral de las derechas identitarias, apoyadas con indisimulada exaltación por el movimiento MAGA, no sugieren un horizonte propicio para grandes aventuras.

La posición de los pequeños ‘magas’ europeos no difiere demasiado de la de su patrón. Por ejemplo, en España, Vox no se ha pronunciado sobre la eólica marina, pero su postura no será muy distinta a la terrestre, a la que ha bautizado como “la trama éolica”, si bien en su programa electoral, aparte de su obsesión por la energía nuclear, no rechaza de plano las energías renovables. Reform UK, en el Reino Unido,aboga por virar las inversiones en el Mar del Norte, principal teatro de operaciones de Dragados Offshore, a la extracción de gas y petróleo. Alternativa para Alemania va bastante más lejos, ya que propone directamente demoler las turbinas eólicas al grito de “abajo con estos molinos de viento de la vergüenza”.

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