La brecha salarial andaluza: geografía y edadismo

El mercado laboral regional penaliza más a la mujer donde los salarios son bajos y la desigualdad se dispara justo en los tramos de edad en los que debería corregirse

Una trabajadora de un servicio de limpieza.
Una trabajadora de un servicio de limpieza.

10 de marzo 2026 - 06:30

La brecha salarial en Andalucía no se entiende mirando sólo la diferencia media entre lo que cobran hombres y mujeres. Ese dato es la superficie de un problema más profundo, que tiene que ver con cómo funciona el mercado laboral, qué tipo de empleos ocupan las mujeres y, sobre todo, con qué salarios se construyen esas trayectorias. El X Informe Brecha salarial, suelo pegajoso y techo de cristal, elaborado por Gestha a partir de las estadísticas de la Agencia Tributaria, nos ofrece una radiografía precisa, por cuanto maneja datos de rentas reales e individuales de 2024. El estudio sitúa el salario medio anual de la mujer en España en 22.255 euros, con una brecha de -5.156 euros (-23,2%). En Andalucía, el salario femenino cae a 17.949 euros y, aunque la diferencia en euros es algo menor (-4.654), su peso relativo se dispara hasta -25,9%, una señal clara de cómo la desigualdad se agrava cuando el sueldo de partida ya es bajo. Esa combinación –salarios estrechos y brecha amplia– define una parte sustancial del problema andaluz.

Una geografía laboral que multiplica la desigualdad

Dentro de Andalucía, las cifras no dibujan un territorio uniforme. El mapa de la brecha muestra tres polos muy claros. Huelva, Cádiz y Sevilla concentran los porcentajes más elevados –con diferencias del -36,2%-35,6% y -31,0%– y, además, comparten patrones de empleo marcados por temporalidad, sectores con fuerte rotación y salarios contenidos. El caso de Huelva es paradigmático: además de la mayor brecha relativa, registra el salario medio femenino más bajo de la comunidad, 15.164 euros. Ese dato vuelve a recordar que el diferencial retributivo no es sólo una distancia entre géneros, sino una consecuencia directa de la estructura productiva.

En el extremo contrario, Almería, Jaén y Granada reflejan un escenario más moderado, con brechas sensiblemente más reducidas. Pero incluso en estos territorios, los sueldos femeninos siguen lejos de los niveles nacionales, lo que coloca el listón de progreso más abajo desde el inicio. La brecha relativa no surge en el vacío: depende del tipo de empleo disponible, del peso del sector servicios, de la dimensión de las empresas y de la estabilidad del tejido productivo. Por eso la geografía es tan determinante: describe realidades laborales distintas dentro de una misma comunidad autónoma. Y cada una genera su propio patrón de desigualdad.

A esa geografía desigual se suma un patrón sectorial que refuerza las brechas territoriales. El sector servicios, que concentra la mayor parte del empleo femenino andaluz, es también el que muestra la brecha salarial más intensa, con diferencias que alcanzan el -45,8% y que se agravan en ramas como comercio (-41,2%) o servicios sociales, donde la penalización ronda el -28,8%. En cambio, la industria presenta un comportamiento anómalo: el informe recoge un diferencial positivo del 10,5%, lo que significa que en este sector las mujeres cobran más que los hombres en promedio, una excepción vinculada al tipo de ocupaciones y a la menor presencia femenina en los puestos con menor remuneración. En agricultura la realidad vuelve a invertirse, con una brecha muy pronunciada (-52,6%), y la construcción muestra también diferencias amplias (-17,8%). Este mosaico sectorial confirma que la brecha no se distribuye por igual: se concentra allí donde las mujeres son mayoría –los servicios– y se amplifica en los sectores de baja remuneración estructural, lo que explica en buena medida por qué Andalucía presenta un diferencial relativo tan elevado.

El edadismo retributivo: cuando la carrera profesional se convierte en barrera

Cuando el análisis se hace por edades se introduce un elemento esencial para comprender el comportamiento de la brecha en Andalucía. Entre los 26 y los 35 años, una etapa en la que en otras comunidades comienza una cierta convergencia salarial, el diferencial andaluz sigue siendo amplio (-15,8%). Esta anomalía aparece justo cuando debería consolidarse la carrera profesional, cuando muchos perfiles acceden a estabilidad o a su primera mejora sustancial de ingresos. En regiones como Canarias o Baleares, la brecha se reduce en ese tramo. En Andalucía ocurre lo contrario.

A partir de los 36 años, la brecha no sólo se mantiene, sino que se intensifica. En el tramo 46–55, el estudio registra una diferencia de -6.592 euros, el equivalente al -31,2% del salario femenino. Es el periodo en el que se deciden ascensos, se negocian responsabilidades, se acumula antigüedad y se consolidan los complementos. Y es también el momento en el que el mercado laboral andaluz muestra uno de sus rasgos más persistentes: un edadismo retributivo que limita el avance femenino precisamente donde debería acelerarse.

A este patrón se suma un hecho estructural que condiciona toda la distribución salarial. El anexo del informe cifra en 959.056 las mujeres andaluzas que en 2024 cobraron menos que el SMI, lo que supone un 55% del total de ocupadas. La comparación nacional es contundente: en las comunidades de régimen común, la proporción cae al 42,9%. Y si se observa el detalle provincial, la concentración de sueldos bajos es todavía más extrema: Huelva (66,3%)JaénAlmería y Cádizsuperan el 56%. Con esa base, cualquier diferencia salarial se multiplica. La brecha relativa deja de ser una cuestión de discriminación directa para convertirse en un reflejo de la precariedad estructural.

Arriba también se pierde: el techo de cristal andaluz

El tramo alto de la distribución salarial aporta otra pieza imprescindible. En los sueldos superiores a 158.760 euros, sólo el 15,7% de quienes llegan son mujeres. Y entre ellas, la brecha en Andalucía asciende a -83.282 euros. Este dato muestra que el techo de cristal no es sólo una barrera de acceso, sino también de remuneración. Llegar no garantiza igualdad: incluso entre las pocas mujeres que rompen esa frontera, la diferencia se agranda.

El anexo del informe detalla además que la presencia femenina cae a diferencias de -58,9 y -68,6 puntos en los tramos altos. Son cifras que revelan una estructura de carrera profundamente desigual. La progresión profesional en Andalucía ofrece menos oportunidades en la parte media, menos espacio en la parte alta y una penalización salarial persistente en ambos extremos.

Comparar con otras comunidades refuerza la perspectiva. CanariasIslas Baleares o Extremadura presentan brechas relativas menores, mientras que Madrid y Asturias registran desigualdades más altas, aunque con lógicas distintas. En Madrid, los salarios femeninos se sitúan en 27.731 euros, muy por encima de la media nacional, lo que dispara la brecha absoluta hasta -8.142 euros. En Andalucía ocurre lo inverso: la desigualdad es proporcionalmente mayor porque los salarios de partida son más bajos. Dos modelos distintos que conducen al mismo destino: la brecha permanece.

En conjunto, el informe elaborado por Gestha muestra que la brecha salarial andaluza no es sólo un diferencial retributivo, sino la expresión de una arquitectura laboral que combina rentas bajasprecariedad masiva y segregación vertical. La desigualdad aparece en los inicios de la carrera, se amplifica en la parte media y persiste en la cúspide. Es un fenómeno que atraviesa el ciclo completo de la vida laboral y que revela que la brecha no es un indicador aislado: es el resultado de cómo se distribuye el empleo, cómo se retribuye y qué posibilidades reales existen de avanzar dentro del mercado de trabajo andaluz.

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