El efecto Rainman tras Adamuz

Tribuna económica

La Guardia Civil investiga la pieza del eje de un tren captada en un arroyo por un fotógrafo de 'The New York Times'. / Archivo

02 de febrero 2026 - 06:00

En una investigación que publicamos tras el accidente de Spanair, difundida por el Servicio de Noticias Científicas del Gobierno de España, demostramos, que, tras el mismo, se contrajo un 20% los tráficos de la citada aerolínea, lo que acabó acelerando su quiebra.

De esta forma, parecería existir un efecto Rainman, que nombramos en honor del personaje que interpretaba Dustin Hoffman en la película homónima. Este personaje se negaba a subir a cualquier aerolínea que hubiera tenido un accidente aéreo, incluso aunque eso significara alargar el desplazamiento. Esta penalización de los consumidores por falta de seguridad se da en múltiples sectores, como el alimenticio, del que buen ejemplo sería la extinta Magrudis.

La pregunta pertinente es si es posible esperar un efecto similar tras el muy trágico accidente de Adamuz, que además se ha dado en una situación tan inverosímil, sin curva, ni climatología extrema. Ello dependerá de cómo finalice la investigación y a quién se la atribuyan las responsabilidades. La culpabilidad del operador, Iryo, que a día de hoy parece descartada, supondría un trasvase significativo hacia sus competidores, Ouigo y Renfe/AVLO. La del operador ADIF traería nuevas oportunidades para el transporte aéreo y otras alternativas, como el BlaBlaCar. Pero las ventajas de la alta velocidad son tantas, y su precio tan competitivo tras la liberalización, que este segundo escenario se podría atenuar a medio plazo, por ejemplo, con atractivas promociones de precios. Además, este efecto se amortiguaría si ADIF fuera capaz de ofrecer garantías creíbles para evitar su repetición.

Otro impacto no menor será sobre los pasajeros extranjeros de la alta velocidad, generalmente turistas, que posiblemente sí que se decanten inicialmente por el avión, siempre que les sea posible. El daño reputacional que el accidente ha hecho a esa entelequia, que de forma algo rimbombante se denominó “marca España”, es innegable. Buena prueba de ello es la cantidad de medios extranjeros que estaban acreditados, entre los que destacó el perspicaz fotógrafo del NYT que “encontró” la pieza.

Aunque, para minimizar cualquier efecto Rainman, lo primero es que está vez sí tengamos una rápida y precisa investigación y que, tras la cual, se asuman las pertinentes responsabilidades. En resumen, que pase lo contrario que con el también excepcional Gran Apagón, donde un año después, seguimos discutiendo las causas y no ha sido cesado ni un electricista.

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