Tribuna Económica
Manuel Alejandro Hidalgo
El rigor del dato frente al ruido del interés
LA economía andaluza se enfrentó entre enero y febrero a una tormenta perfecta, literal y figurada. A la prolongada interrupción del tráfico ferroviario con Madrid se le sumó un episodio de lluvias torrenciales que paralizó buena parte de la región.
Es habitual en esos momentos de crisis que la narrativa suele ser secuestrada por análisis apresurados y por actores con intereses directos en el resultado de las ayudas o en la percepción pública del daño y que, en no pocas ocasiones, tienden a sobrestimar los impactos para forzar agendas políticas o compensaciones extraordinarias. Pero por suerte, hoy en día, la realidad económica no se mide con titulares desprovistos de contrafactuales basados en datos, sino con estos últimos, y para ello la precisión quirúrgica del Big Data nos ayuda a entender lo sucedido.
Un reciente informe de BBVA Research, basado en datos de transacciones en tiempo real con medios de pago electrónicos, nos ofrece una lección analítica. Mientras algunos sectores hablan de un colapso sistémico, los datos de terminales punto de venta (TPV) muestran un panorama matizado y sectorial. Sí, el impacto ha sido severo en ciertas actividades: el consumo nacional en las provincias afectadas cayó un 6,2% interanual en la primera semana de febrero, y el turismo nacional se desplomó un 23,8%. El impacto en cultivos está aún por valorarse adecuadamente. Pero el Big Data también revela fenómenos de resiliencia: un adelantamiento del gasto previo a las inundaciones por el acopio de bienes y un sector de alimentación que apenas se ha visto alterado.
Esta capacidad de trazar el flujo de gasto con precisión diaria permite desestimar las hipérboles. Si bien las pérdidas agrarias y de infraestructura son innegables (algunas estimaciones iniciales rondan los 4.000 millones de euros), el impacto agregado en el PIB regional debe ser analizado con cautela. Históricamente, episodios de esta magnitud suelen restar entre 10 y 40 puntos básicos (0,1% - 0,4%) al crecimiento trimestral del PIB. En un contexto donde Andalucía proyectaba crecer un 2,3% en 2026, este bache, aunque doloroso, difícilmente descarrilará la tendencia macroeconómica de la región, colocando posiblemente en el 2% su crecimiento según información hoy en día. A ello hay que compensarle el efecto de inversiones de reconstrucción, que por la experiencia de la Dana de Valencia, balanceará los costes del golpe.
Así pues, el Big Data no solo cuantifica el daño, sino que también identifica dónde se necesita realmente la intervención, evitando que el ruido de los análisis rápidos dicte la política económica. En la era de la información, lo mejor que podemos exigir es el rigor del dato y su uso bajo criterios científicos.
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