Alto y Claro
José Antonio Carrizosa
Cada vez sale más caro hacerse adulto
Alto y Claro
La crisis de la vivienda tiene su base en el desajuste del mercado. Hay un profundo desfase entre la oferta y la demanda que hace que los precios se disparen tanto en la compra como el alquiler. A ello contribuye el hecho de que en España la vivienda es el activo especulativo por excelencia y el destino de los ahorros de inversores que no se atreven con productos de más riesgos. Pero todo esto es el telón de fondo de una crisis social. La dificultad de acceso a la vivienda, sobre todo para las capas más jóvenes de la población, es un freno para la emancipación y ello tiene consecuencias de todo tipo y que van más allá de las frustraciones o las molestias que una situación así pueda ocasionar.
En España se está dando en este sentido lo que se suele denominar una tormenta perfecta. Las dificultades de acceso a la vivienda coinciden con un mercado laboral precarizado en el que lo habitual son los salarios muy bajos, los contratos muy inestables y una rotación que impide un proyecto de carrera profesional.
Consecuencia de estos dos factores es que los jóvenes tienen muy difícil salir de casa de sus padres, aunque tenga una formación quizás mucho más completa que la que en la generación anterior aseguraba si no el éxito por lo menos la estabilidad laboral. Esta imposibilidad de emanciparse está retrasando la llegada a la adultez de una franja muy amplia de población que está terminado la década de los veinte años o empezando la de los treinta. Uno no alcanza la vida adulta hasta que es capaz de salir de casa de sus padres con una nómina en el bolsillo y un techo sobre la cabeza. No es de verdad adulto hasta que se está en condiciones de emprender una vida personal y profesional independiente.
La crisis de la vivienda y la precariedad salarial y laboral están bloqueando a toda una generación. Esto está teniendo efectos económicos, pero también está creando un foso social entre generaciones que presenta perfiles muy peligrosos. Está anidando una especie de resentimiento contra los llamados boomers, los que nacieron en los sesenta o los setenta, que pudieron disfrutar de condiciones de vida mucho mejor que sus padres y que ahora tiene pisos en propiedad y jubilaciones que le permiten vivir con desahogo y que son acusados de haber dejado a sus hijos un mundo peor que el que ellos recibieron de sus padres.
Ese es el escenario que está dejando una crisis de la vivienda a la que no se le ve el final y un sistema laboral que constituye una cuesta extraordinariamente empinada. El descontento que se está creando es el que explica que opciones populistas como la de Vox estén entrando con fuerza en las expectativas electorales de los que están por debajo de los 35 años. Es un problema de mentalidad adulta, pero también es consecuencia de que se ha creado una sociedad que no responde ni de lejos a las aspiraciones más elementales de sus integrantes.
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