El nuevo mapa del vino en España: el sector se reinventa con menos bodegas

España pierde 322 bodegas en casi dos décadas, sangría de la que, entre otras regiones, logra escapar Andalucía

Zonas de gran tradición vinícola, como La Rioja y Castilla-La Mancha, acusan el descenso

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Andanas de botas en una bodega del Marco de Jerez.
Andanas de botas en una bodega del Marco de Jerez.

A principios de 2025, España contaba con 3.868 bodegas, 57 menos respecto al año anterior, lo que supone un descenso del 1,45%. Si bien este dato refleja una caída modesta en términos absolutos, la industria vinatera española mantiene la tendencia a la baja, que se prolonga desde hace tiempo. En concreto, según el Directorio Central de Empresas del Instituto Nacional de Estadística (INE), el descenso desde 2008 alcanza las 322 bodegas, un 7,7% menos que las 4.190 que existían hace casi dos décadas.

La reducción trasciende lo puramente económico, ya que alcanza al ámbito cultural y social. La despoblación rural y la falta de relevo generacional han jugado un papel crucial en este sentido. Muchos jóvenes, atraídos por las grandes ciudades y alejados de la tradición vitivinícola, han abandonado este sector que, en su origen, fue motor de muchas economías locales. A ello se suma la concentración de la industria en menos manos a través de la consolidación de grandes grupos vinícolas que han absorbido a los pequeños productores.

La pérdida de bodegas, sin embargo, no ha sido uniforme. Algunas regiones españolas han experimentado un crecimiento mientras que otras han visto disminuir considerablemente su número de empresas vinícolas, especialmente en regiones con gran tradición vinícola.

Entre los casos más llamativos se encuentran las comunidades de Castilla-La Mancha y La Rioja, dos de las grandes cunas del vino en España, que han visto cómo sus bodegas se reducían en cifras alarmantes desde 2008: 136 en Castilla-La Mancha (-27,5%) y 101 en La Rioja (-24,3%).

Cataluña y Castilla y León, líderes del sector

En contraposición, algunas regiones han experimentado crecimientos significativos, entre los que destaca Cataluña. Con 607 bodegas se mantiene como la comunidad con mayor número de empresas vinícolas tras un incremento del 1,5% respecto al año anterior y un crecimiento estable en los últimos 17 años (+19,3%).

A la cabeza, también se encuentra Castilla y León, con 596 bodegas, cifra similar a la del año anterior pero que se traduce en un crecimiento del 24,7% en comparación con 2008, fruto de la expansión de la presencia de sus vinos en los mercados internacionales.

Andalucía, tradición y modernización

Andalucía presenta una evolución con altibajos. Si bien la región ha experimentado un crecimiento desde 2008, con 28 bodegas más (+10%), el camino se ha caracterizado por cierta inestabilidad.

La comunidad alcanzó su pico en 2018 con 344 bodegas, desde las que ha bajado hasta las 309 del año pasado, lo que supone un descenso de 35 bodegas. A pesar de ello, Andalucía sigue siendo un pilar importante para el vino español, especialmente en denominaciones de origen como Jerez, que a su prestigio internacional suma en los últimos tiempos el auge de los nuevos vinos blancos –también conocidos como ‘vinos de pasto’ y que han iniciado el proceso para la creación de la DO Vinos de Albariza–, Montilla-Moriles, Condado de Huelva y Málaga.

En el Marco de Jerez también se han producido en los últimos años operaciones sonadas, como el desembarco del Grupo Edrington (The Macallan), que en 2023 adquirió el 50% del grupo bodeguero Estévez y tiene en marcha la construcción de un complejo bodeguero destinado a la elaboración de ‘Sherry Casks’ –barricas envinadas con jereces para el envejecimiento de sus whiskies–, con una inversión superior a los nueve millones de euros.

Enoturistas en una visita guiada a una bodega de Jerez.
Enoturistas en una visita guiada a una bodega de Jerez.

El proceso de modernización en Andalucía también se está reflejando en la diversificación de la oferta. Desde el auge del enoturismo hasta la creciente presencia de vinos de pequeñas producciones que apuestan por la calidad antes que por la cantidad, la comunidad muestra una interesante mezcla de tradición e innovación. A pesar de las dificultades, la región parece estar encontrando un camino propio para adaptarse a las nuevas demandas del mercado.

Renacer en Baleares

Entre las grandes sorpresas de la escena vinatera nacional destaca igualmente el crecimiento de las Islas Baleareas, que casi duplican su número de bodegas en estos 17 años, desde las 59 registradas en 2008 hasta las 96 alcanzadas en 2025 (+62,7%).

Este crecimiento refleja una revalorización de los viñedos en las islas, impulsada por la demanda de productos locales de calidad y el enoturismo. Este fenómeno, que se observa también en otras regiones, avala una transformación del modelo de negocio: de la producción masiva a una oferta más especializada y adaptada a las nuevas demandas del mercado global.

País Vasco, Extremadura y Navarra, a la cola

En el lado contrario de la balanza, el País Vasco es el claro perdedor. Con una caída de más del 40% en su número de bodegas, desde 565 en 2008 a 327 en 2025, la región vasca ha sido testigo de una profunda reestructuración.

Lo mismo ocurre con Extremadura, de 162 bodegas en 2008 a 107 en 2025 (-34%), y Navarra, que acumula una pérdida de 35 bodegas en el mismo periodo (-29,2%), cifras que reflejan un retroceso alarmante para una parte del país donde la vitivinicultura tiene gran arraigo.

Una industria en transformación

A nivel nacional, la caída del número de bodegas refleja la crisis de un sector que, aunque sigue siendo un pilar importante de la economía española, lucha por adaptarse a los nuevos tiempos. El modelo tradicional de pequeñas bodegas familiares, que antaño definió el paisaje vitivinícola de España, se enfrenta hoy a nuevos retos: desde la competencia global y los nuevos hábitos de consumo hasta los efectos del cambio climático, que afectan tanto a la calidad como a la cantidad de la cosecha anual.

Pero hay motivos para el optimismo, ya que la evolución de las bodegas españolas sugiere una industria en transición. La alta concentración de bodegas en pocas comunidades autónomas, como Cataluña y Castilla y León, resalta una dinámica que podría alterar el equilibrio tradicional del sector. Mientras tanto, el enoturismo sigue ganando terreno, y las bodegas que logran reinventarse y ofrecer experiencias más allá del vino puro y duro parecen tener un futuro más prometedor.

España sigue siendo uno de los principales productores de vino del mundo, y aunque el número de bodegas continúa su descenso, las empresas que sobreviven dan muestras de la capacidad de adaptación del sector a las exigencias de un mercado global cada vez más sofisticado y diverso.

Además, el vino español y su calidad son motivo de orgullo y éxito para una industria que, aunque herida, sigue ocupando, aunque con altibajos, un lugar destacado en el mundo.

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