El FMI y la Airef mejoran el crecimiento de España para 2026, pero advierten de riesgos fiscales y desaceleración a medio plazo
El Fondo Monetario Internacional sitúa el avance del PIB en el 2,3% y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal lo eleva al 2,4%,
La deuda pública escala a casi 1,7 billones, aunque baja al 101,5% del PIB en noviembre
Las principales instituciones económicas internacionales y nacionales coinciden en mejorar las perspectivas de crecimiento de la economía española para 2026, aunque advierten de una progresiva desaceleración en los próximos años y de la necesidad de reforzar la disciplina fiscal en un contexto marcado por la incertidumbre global y los retos estructurales internos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado al alza en tres décimas su previsión de crecimiento para España en 2026, hasta el 2,3%, y ha elevado en dos décimas la correspondiente a 2027, que se sitúa en el 1,9%. Pese a la moderación respecto al 2,9% estimado para 2025, el organismo subraya que España seguirá siendo la gran economía europea con mejor desempeño, casi duplicando el ritmo de expansión de la zona euro, prevista en el 1,3%, y quedando a solo una décima del crecimiento esperado para Estados Unidos.
En la misma línea, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) ha elevado su previsión de crecimiento del PIB para 2026 desde el 2,1% al 2,4%, una décima por encima incluso de la estimación del FMI. No obstante, la presidenta del organismo, Cristina Herrero, ha advertido de una desaceleración progresiva de la economía española hacia tasas algo inferiores al 2% en 2030.
Según Herrero, esta evolución responde a varios factores, entre ellos la moderación del crecimiento global, la ralentización esperada de los flujos migratorios y una mejora de la productividad que, aunque positiva, resulta insuficiente para compensar plenamente el envejecimiento de la población. Un diagnóstico que coincide en gran medida con el análisis del FMI, que señala las dificultades estructurales no resueltas en Europa y el impacto persistente del encarecimiento de la energía tras la invasión de Ucrania.
Pese al contexto de incertidumbre, la presidenta de la Airef ha subrayado que este escenario “no debe ser un obstáculo” para presentar los Presupuestos Generales del Estado, al tiempo que ha defendido la necesidad de reforzar la previsibilidad y contar con un marco fiscal sólido que garantice la sostenibilidad de las finanzas públicas y preserve la credibilidad institucional.
En este sentido, Herrero ha puesto el foco en uno de los principales retos del modelo español: la asimetría fiscal derivada de un Estado descentralizado. Mientras la Administración central concentra cada vez más deuda pública, las administraciones territoriales gestionan casi el 50% del crecimiento del gasto, una situación que, a su juicio, no favorece la sostenibilidad si no se apoya en un marco institucional robusto que establezca prioridades consensuadas y corresponsabilidades claras.
El FMI, por su parte, también ha alertado de los riesgos asociados a elevados niveles de déficit y deuda pública, que podrían presionar al alza los tipos de interés a largo plazo y endurecer las condiciones financieras. Aunque el organismo destaca el papel positivo de la inversión tecnológica y de la inteligencia artificial como motores de crecimiento, advierte de que una corrección abrupta de las expectativas podría tener efectos adversos sobre los mercados y la actividad económica.
Ambas instituciones coinciden, además, en la necesidad de adoptar una visión integral de la política económica. En el caso de la Airef, Herrero ha abogado por combinar políticas favorables al crecimiento con una política fiscal prudente y priorizada, en línea con los compromisos del nuevo marco fiscal europeo, que ha calificado de “muy exigentes” dada la dinámica de gasto prevista.
Así, aunque España encara 2026 con mejores perspectivas que sus principales socios europeos, tanto el FMI como la Airef subrayan que mantener ese diferencial de crecimiento exigirá avanzar en reformas estructurales, reforzar la sostenibilidad fiscal y preservar la credibilidad institucional en un entorno económico cada vez más complejo.
Análisis global del FMI
El FMI ha elevado en una décima la previsión de crecimiento de la zona euro para 2026, hasta el 1,3%, y mantiene en el 1,4% la estimación para 2027. Alemania crecerá un 1,1% en 2026, tras una revisión al alza de dos décimas, y un 1,5% al año siguiente. Francia avanzará un 1% en 2026 y un 1,2% en 2027, mientras que Italia apenas alcanzará un crecimiento del 0,7% en ambos ejercicios.
Según el FMI, el crecimiento algo más sólido previsto para 2027 en la eurozona responde principalmente a los aumentos proyectados del gasto público, especialmente en Alemania, así como al buen comportamiento continuado de economías como Irlanda y España. No obstante, la institución advierte de que la región sigue arrastrando dificultades estructurales no resueltas, una menor capacidad para beneficiarse del impulso de la inversión tecnológica y el impacto persistente del encarecimiento de la energía tras la invasión de Ucrania, factores que continúan lastrando al sector manufacturero.
A escala global, el FMI mejora dos décimas su previsión de crecimiento mundial para 2026, hasta el 3,3%, y mantiene en el 3,2% la de 2027. En las economías avanzadas, el crecimiento será del 1,8% en 2026, frente al 1,6% estimado anteriormente, mientras que las economías emergentes crecerán un 4,2%, impulsadas por países como India, cuya previsión se eleva hasta el 6,4%, y China, que crecerá un 4,5% este año.
La institución que dirige Kristalina Georgieva atribuye este escenario a un equilibrio de fuerzas divergentes, en el que los efectos negativos de las tensiones comerciales se ven compensados por el aumento de la inversión en tecnología, incluida la inteligencia artificial, el apoyo fiscal y monetario y unas condiciones financieras todavía expansivas.
Pese al tono relativamente favorable, el FMI alerta de riesgos a la baja para la economía mundial, entre ellos una posible corrección abrupta de los mercados financieros vinculada a la IA, un recrudecimiento de las tensiones comerciales o el impacto de elevados niveles de deuda y déficit público sobre los tipos de interés. Por ello, insiste en la necesidad de reconstruir los colchones fiscales, garantizar la sostenibilidad de la deuda y reducir la incertidumbre mediante marcos de política económica y comercial más previsibles y coherentes.
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