Regresa el miedo a la inflación: qué puede pasar si la guerra de Irán se prolonga

Los carburantes y la luz se dispararían y eso generaría un efecto dominó: subida generalizada de precios, alza de tipos de interés y posible crisis económica

El Íbex 35 cierra su peor semana desde la guerra de Ucrania mientras el precio del petróleo sigue en aumento

Refinería de petróleo en Basora (Irak)
Refinería de petróleo en Basora (Irak) / Alaa Al-shemaree / Efe

“Ahora mismo, el interruptor del mundo es el Estrecho de Ormuz”. De esta manera tan gráfica explica Antonio Aceituno, CEO de la sevillana Tempos Energía, la situación actual. Irán tiene bloqueado de facto un enclave fundamental para el transporte de energía, ya que por ahí pasa el 25% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado (GNL). Y eso está teniendo un efecto inmediato en los precios: el barril de Brent, de referencia para Europa, ha subido un 15% en una semana y el gas en el mercado de la UE un 36%, y en este caso el alza llegó al 66% en los inicios de la semana.

El hecho de que este último producto se haya encarecido más se debe a la paralización de la producción, por un ataque de Irán con drones, de Catar Energy, la mayor productora de GNL del mundo con el 20% del total del suministro mundial. El petróleo, sin embargo, contiene más los incrementos porque al inicio de la guerra el mundo producía 3,7 barriles diarios más de los que consume y hay suficientes reservas. Pero este mismo viernes el aviso de Catar de que una prolongación del conflicto durante semanas podría suspender la producción de los países del Golfo Pérsico elevó su precio de 80 a 87 dólares por barril en un solo día.

En los dos casos, tanto en el petróleo como en el gas, los precios están aún muy lejos de los picos tras la guerra de Ucrania.

Evolución del precio del petróleo en Europa
Evolución del precio del petróleo en Europa / Departamento de Infografía
Evolución del precio del gas en Europa
Evolución del precio del gas en Europa / Departamento de Infografía

Ya suben los precios y lo harán más

La pregunta no es si, ante esta espiral, los precios van a subir. Lo harán seguro, y ya lo están haciendo. Contando con un cierto componente especulativo que contribuye a que las alzas sean muy rápidas, los carburantes para automoción ya se ha encarecido entre 10 y 30 céntimos en los últimos días, los agricultores ya notan alzas en el gasóleo y los fertilizantes (con la urea, derivado del petróleo, como ingrediente fundamental) se han elevado un 30%. También, lógicamente, se ha disparado el coste de los fletes del transporte marítimo que antes pasaba por Ormuz y los seguros correspondientes. Y a partir de aquí se genera un efecto dominó que impregna toda la economía y la cadena de producción. El BCE calcula que por cada 10% de subida sostenida del petróleo (en el largo plazo) la inflación se eleva 0,6 puntos, entre efectos directos e indirectos; si la subida es solo a corto plazo, los mercados descuentan que con ese 10% el alza es de 0,2 puntos.

La duración del conflicto es la clave

La dimensión del incremento de precios va a depender de la duración del conflicto. Si termina rápido, habrá una subida del IPC y luego una moderación tan pronto los precios de la energía se estabilicen. El servicio de estudios de las cajas de ahorros, Funcas, ha publicado en una nota esta semana que si la guerra se para en tres meses la inflación subirá al 3% en verano y retrocedería al 2,5% a finales de año, que era lo previsto antes de que EEUU atacara Irán. El crecimiento del PIB, por su parte, se recortaría en dos décímas (Funcas prevé un avance del 2,4% en 2026). Hay razones que avalan que la contienda no se prolongará en el tiempo: “Lo lógico sería que fuera corta. A Trump no le conviene una guerra larga porque tiene elecciones a medio mandato en EEUU (la gasolina acaba de superar allí la cota psicológica de los tres dólares) y a Irán tampoco porque se le acaban los misiles y las municiones. Israel es el más interesado en destruir las capacidades militares de Irán”, afirma Fernando Faces, profesor de Macroeconomía de la San Telmo Business School. Un informe de Caixabank Research refleja, por su lado, que los mercados futuros recogen incrementos de precios contenidos, lo que da cuenta de que sí esperan un rápido término de las hostilidades. “El escenario de la Eurozona y España se debilitaría, pero con el apoyo de las existencias energéticas acumuladas y unas expectativas de inflación ancladas, no sufriría un cambio profundo”, señala. En cualquier caso, la recuperación de la producción de Catar Energy podría llevar semanas, por lo que los precios del gas podrían estar tensionados un tiempo, señala Antonio Aceituna.

Una guerra larga haría volver la sombra de la guerra de Ucrania

En una guerra larga, los efectos sí serían muy importantes. Y el tiempo juega contra la economía: cuanto se vaya alargando, peores serán los perjuicios y más rápido llegarán. El riesgo irá creciendo exponencialmente a medida que vayan pasando los días.

Aceituno cree que si la situación se enquista el precio del petróleo superaría los 100 dólares y los carburantes llegarían, “para empezar a hablar”, a los dos euros el litro. Y esto es así porque ahora mismo países como Irak, Emiratos, Árabes y Kuwait no pueden dar salida a su petróleo y si siguen así tendrán que paralizar su producción. Además, hay otro factor, según explica: el refino se han encarecido un 46% (más que el crudo) tras la decisión de China de suspender sus exportaciones y eso influye el 20% (junto a otros factores como los márgenes) del precio final de la gasolina y el gasóil.

Respecto al precio de la electricidad y el gas natural, el CEO de Tempos Energía asegura que puede pasar de una factura por hogar de 50 euros (teniendo en cuenta que la casuística en este terreno es muy variada) a 70 euros en verano. Puede ocurrir porque, dice, los precios (muy bajos pese al repunte de febrero) ahora mismo están “apantallados” por la “gran aportación de las renovables, sobre todo la hidráulica” y eso “está conteniendo el efecto del gas caro”(que, recordemos, es un componente importante del mix eléctrico). Pero esto se terminará en algún momento, y probablemente Europa y España tengan que comprar gas a un precio muy alto, ya que las reservas están al 30%, en el mínimo de cinco años y deberá competir para rellenarlas con otros países por el producto tras salir del mercado el 20% del gas licuado mundial.

A medio plazo, la cesta de la compra, subidas de tipos y ralentización de la economía

A medio plazo, llegarían otras subidas, como la de la cesta de la compra, el ocio o el turismo (al encarecerse los vuelos), aunque también España podría verse beneficiada por el desvío de visitantes de oriente próximo. Y con la subida de precios, como ya sucedió tras la guerra de Ucrania, los efectos de segunda ronda, con subidas de salarios que a su vez presionarían de nuevo los precios. Ahora mismo, el mercado cree que hay un 40% de posibilidades de que el BCE suba los tipos de interés y se especula con que sería a finales de año. Fernando Faces cree que su efecto netativo “sería menor que en el Covid y la guerra de Ucrania por el menor endeudamiento de empresas y familias”, pero aún así cualquier alza ralentizaría la economía -incluso con escenario de recesión- y se aplazaría las decisiones de inversión, como mínimo.

¿Se puede dar una subida de precios como las posterior a la guerra de Ucrania (los precios están muy lejanos de los de entonces, por ahora, según se puede ver en el mapa)? Faces cree que sí , “aunque en el Covid y la guerra de Ucrania las alteraciones de las cadenas de suministro fueron más severas. La mayor alteración va a ser sobre el precio del gas”, vaticina. De momento, las alzas que se han producido están muy lejos de aquellas de febrero y marzo de 2022 que originaron una espiral de precios que aún pagan empresas y ciudadanos.

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