Desde el Bolsín
Alberto Grimaldi
Financiación de Andalucía: más recursos, menos equidad
La venta de la multinacional Ayesa se ha cerrado con un gran giro de guion sobre el relato que ha sustentado la operación en las últimas semanas, toda vez que la adquisición de la división de tecnología e IT por parte el consorcio vasco liderado por la Fundación BBK, Kutxabank y el Gobierno vasco –formalizada este miércoles por un importe de 480 millones de euros–, implicará la salida total del capital de la familia Manzanares, fundadora de la firma sevillana con seis décadas de historia.
El grupo Ayesa, que emplea a 15.000 profesionales y suma unos ingresos superiores a 900 millones de euros en 2025, cierra así una parte de la transacción que comenzó a gestarse a principios de año de la mano de su principal accionista, el fondo A&M Capital Europe (AMCE), que posee el 67% del capital desde finales de 2021. La familia Manzanares conservaba el 33% restante y, de acuerdo con la información que había trascendido hasta ahora, su disposición era seguir en el accionariado.
Sin embargo, según fuentes consultadas por este diario, uno de los condicionantes de la cuadrilla vasca –como ha denominado a la agrupación el consejero regional de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, Mikel Jauregi– ha sido la venta de la participación que ostentaban los fundadores para consumar la operación, que supone el traslado de la sede social de Ayesa IT al País Vasco y aún tardará unos meses en completarse hasta pasar todos los trámites ante Competencia.
El consorcio que ha ganado la puja para hacerse con el área tecnológica de la empresa sevillana está conformado por la Fundación BBK, el fondo Indar (creado por Kutxabank), el Gobierno regional –a través del Instituto Vasco de Finanzas (IVF)– y el grupo Teknei como socio industrial, firma que confirmó el pasado 23 de diciembre su participación en el acuerdo, que tiene como trasfondo político el regreso a Guipúzcoa de la antigua Ibermática, que fue adquirida por Ayesa en 2022.
El compromiso abarca mantener al equipo directivo, si bien José Luis Manzanares –hijo del fundador de la multinacional y actual CEO–, seguirá al frente sólo hasta culminar la transacción. Al hilo de la operación, Manzanares señala que “este cambio de ciclo da respuesta a la dimensión que ha alcanzado el proyecto, que exige nuevo capital y una clara vocación de largo plazo para impulsar su consolidación en un mercado altamente competitivo".
Pese a la aparente robustez del consorcio vasco, la búsqueda de aliados para sumarse a la compra se ha visto sacudida en los últimos días tras la espantada de Kutxa Fundazioa, que rechazó incorporarse alegando razones técnicas y financieras. De hecho, el patronato de la entidad puso sobre la mesa un informe elaborado por su departamento técnico que desaconsejaba la participación, a lo que se unió la incertidumbre respecto a que la sede de Ayesa se fuera a quedar en Guipúzcoa.
Tras el rechazo de Kutxa, la Fundación alavesa Vital ha entrado en las quinielas para integrarse en el consorcio siguiendo el modelo de colaboración que ya estableció en la reciente operación de compra del 29,7% de Talgo, donde participó junto al Gobierno vasco, Fundación BBK y Sidenor. La entidad social está estudiando la invitación con la duda centrada en la baja vinculación territorial de Ayesa con Vitoria, con unos 170 trabajadores de los 2.000 que la firma tiene en Euskadi.
En paralelo, la venta de la división de ingeniería de la multinacional sevillana al gigante canadiense Colliers International Group sigue su curso, una operación que, de acuerdo con las fuentes consultadas, superaría los 500 millones de euros y podría firmarse en los primeros días de 2026, cuando se cierren los últimos flecos. En este caso, la due diligence está siendo más compleja dado que una parte sustancial de esta rama de negocio de Ayesa se sitúa en el exterior.
La sede de la división se quedaría, a priori, en Sevilla y, aunque la operación también supondría la salida de la familia fundadora, la intención de la gestora internacional sería ofrecer la entrada en el capital a otros miembros de la actual cúpula directiva. La firma canadiense, especializada en consultoría inmobiliaria y que cotiza en el Nasdaq de EEUU, no integra sus inversiones, lo que encajaría con la estrategia de mantener la autonomía operativa de Ayesa Ingeniería.
Una vez culminadas ambas transacciones, los fundadores de Ayesa darían por coronada su etapa al frente de la compañía creada en 1966 por el ingeniero sevillano José Luis Manzanares Japón. Un periodo en el que se ha convertido en una multinacional con casi 1.000 millones de ingresos y presencia en 23 países, situándose con ello entre las cinco primeras firmas de servicios digitales de España, las cincuenta mayores ingenierías del mundo y las diez principales en Latinoamérica.
Las ofertas recibidas por Ayesa se han inclinado hacia la división operativa en dos compañías independientes –sus principales áreas de negocio (tecnología e ingeniería)– una decisión que responde tanto a la naturaleza de los compradores como a la estrategia de A&M Capital Europe. La escisión, en opinión de fuentes del mercado, se considera un resultado natural, dado que la estructura organizativa de la empresa ya reflejaba esa dualidad, con equipos, cuentas y estrategias diferenciadas.
Durante la operación, coordinada por Baird, Arcano y Houlihan Lokey, algunos inversores se han inclinado por el conjunto del grupo, aunque la dinámica de la puja ha apuntado a una separación funcional y jurídica entre las dos divisiones. Telefónica Tech, Blackstone, HIG Capital, Capvest, Apax Partners, Advent International, Bain Capital, BC Partners, Bridgepoint, Goldman Sachs o PAI Partners son algunos de los actores que han mostrado interés, aunque sus ofertas no han fructificado.
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