El futuro centro del IMEC en Málaga trabajará de manera integrada con Lovaina e iniciará las obras a final de año
Su director regional en España, Kevin van Gils, detalla en Transfiere Málaga los productos que se pondrán en marcha desde la capital de la Costa del Sol y achaca su tardanza a la complejidad de las instalaciones
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La llegada del mayor centro de investigación en microelectrónica del instituto belga IMEC a Málaga entra en fase decisiva: comienza la contratación y fecha su construcción y operatividad. El complejo, que será el primero de la institución fuera de Bélgica, operará de forma integrada con su sede central en Lovaina. Así lo ha detallado el director general de IMEC en España, Kevin van Gils, durante la celebración de la XV edición de Transfiere en el FYCMA.
Tras la activación del proceso de licitación de obra el pasado 16 de enero -hasta marzo-, por un valor cercano a los 190 millones de euros, proyectan la firma del contrato con la empresa que se encargará de su construcción para junio. A partir de entonces, la compañía firmante tendrá un plazo de seis meses para elaborar el diseño de detalle.
Así, el inicio de las obras tendrá lugar entre finales de 2026 -diciembre- y principios de 2027 -enero-, y se prolongará hasta septiembre de 2028, según el calendario detallado por Van Gils. Posteriormente, comenzará la instalación de equipamiento especializado en la sala blanca, un proceso altamente sensible, indica, que durará entre un año y año y medio.
De modo que, la puesta en marcha operativa está prevista para finales de 2029 o principios de 2030. Espacio en el que se realizará una transferencia tecnológica desde Lovaina, para que ambos centros trabajen de forma complementaria dentro de una misma estrategia europea de semiconductores. "Habrá posibilidades en Málaga que no se tienen en Bélgica y viceversa", matiza el director regional.
Un complejo de 615 millones con sala blanca ISO 6
El futuro centro ocupará 46.000 metros cuadrados en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), con 32.000 metros cuadrados edificables destinados a laboratorios y espacios de desarrollo. Su núcleo será una sala blanca de 2.000 metros cuadrados con certificación ISO 6, capaz de filtrar el 99% de las partículas y preparada para trabajar con obleas de 300 milímetros.
La inversión total asciende a 615 millones de euros, de los cuales alrededor de 500 millones proceden del PERTE Chip del Gobierno central, mientras que la Junta de Andalucía aporta más de 100 millones. El diseño básico se está ultimando junto a la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT).
La complejidad técnica del edificio explica parte de los plazos, como ha detallado el director regional del IMEC. “Es una pieza extraordinaria de ingeniería macro”, subrayaba. En este sentido, la joya de la corona, la sala blanca, requiere agua ultrapura, en palabras del directivo, con niveles de pureza comparables a diluir un grano de sal en una piscina olímpica, sistemas avanzados de control químico y vibraciones extremadamente reducidas.
Además, el edificio de 15 metros de altura en su segunda planta no podrá registrar movimientos superiores a seis micras por segundo. Para garantizar esa estabilidad en un terreno con riesgo sísmico, se instalarán 170 pilares de dos metros de ancho y hasta 30 metros de profundidad, que alineados superarían los cinco kilómetros.
El complejo incluirá, además del núcleo fabril, un Edificio Central de Servicios para calefacción, refrigeración y tratamiento de agua ultrapura; una plataforma de gases (argón, nitrógeno, entre otros); y un edificio de oficinas para ingenieros y personal científico.
Contratación activa y escalonada
“Estamos construyendo el equipo poco a poco aquí en Málaga”. La contratación para integrarse en la plantilla del mayor centro de microprocesadores del mundo ya está abierta, como ha apuntado Van Gils. De momento, buscan perfiles de ingenieros de infraestructura y, más adelante, de investigación y desarrollo.
Actualmente, hay ocho personas contratadas, en formación en Bélgica, y el objetivo que plantean desde el IMEC pasa por cerrar 2026 con entre 20 y 30 profesionales en plantilla. En 2028, una vez finalizadas las obras, necesitarán alrededor de 100 empleados para iniciar la fase técnica, cifra que podría elevarse a 200 trabajadores en 2031 o 2032, principalmente científicos e ingenieros.
A ello se sumarán unos 100 empleos indirectos entre proveedores y contratistas. Además, IMEC reforzará en España su programa de aceleración universitaria Istart, que ya cuenta con dos personas en Barcelona y prevé impulsar entre 40 y 50 startups, replicando un modelo con una tasa de supervivencia del 84% cinco años después de su creación.
Microchips para el sector sanitario
Más allá de la infraestructura, IMEC situará en Málaga líneas de investigación punteras vinculadas a salud y biología digital. Kevin van Gils citó al consejero delegado de NVIDIA, Jensen Huang, en alusión a sus palabras sobre la biología digital como campo de batalla de la próxima gran revolución tecnológica, para asegurar que el sector sanitario está viviendo una transformación en torno a los microchips y la inteligencia artificial.
No obstante, advirtió que si bien esta marcaría una gran diferencia a nivel global, todavía se encuentra en una fase temprana por la insuficiencia de datos para su desarrollo. Problemática que el directivo ha puesto sobre la mesa para introducir algunos de los productos de vanguardia que desarrollará la nueva sede ubicada en Málaga.
De este modo, el IMEC trabaja, entre otros desarrollos, en la miniaturización de la secuenciación del genoma humano, reduciendo el proceso desde equipos de más de 20 metros cuadrados a un chip de un centímetro, con un coste que ha pasado de cinco millones de dólares a girar en torno a mil euros. Este avance lo hace más asequible y abre la puerta a la medicina personalizada, en línea con Van Gils.
Otro de sus productos estrella es NeuroPixel, una herramienta de investigación capaz de monitorizar señales cerebrales mediante agujas ultrafinas con miles de sensores, utilizada ya por más de 1.500 laboratorios en el mundo, pues es una herramienta de investigación y no de salud, aclara. También desarrollan chips capaces de analizar fluidos corporales de forma personalizada.
El centro malagueño explorará igualmente áreas como el empaquetado 3D, la fotónica -clave para aplicaciones cuánticas- y el trabajo con sustratos de vidrio, un material complejo de integrar en fábricas CMOS tradicionales y que ofrece oportunidades específicas para investigación avanzada.
Con esta infraestructura, Málaga aspira a consolidarse como uno de los nodos tecnológicos más relevantes de Europa en microelectrónica. Todo ello en el marco de la oleada de inversiones estratégicas que están redefiniendo el mapa industrial del continente y que, sin ir más lejos, dinamizan el ecosistema malagueño con empresas que ya se han visto atraídas por el potente imán del futuro aterrizaje del IMEC.
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