Tribuna económica
Gumersindo Ruiz
Los aranceles y la mano invisible
Hace 250 años, en 1776, Adam Smith publica La riqueza de las naciones, cuyos dos primeros libros tratan de la producción, la productividad, la distribución, el valor de las cosas por el trabajo que incorporan, la formación de los salarios y la acumulación de capital. En España reinaba Carlos III y Andalucía vivía transformaciones que sufrían la presión de los terratenientes locales y de la Inquisición, que encarceló a nuestro ilustrado Pablo de Olavide por sus ideas sobre la reforma agraria.
Adam Smith es muy prolijo al describir el funcionamiento de la economía, por lo que no es raro que se tomen frases sueltas de sus libros y se utilicen fuera de contexto, como, por ejemplo, que Smith iba en contra del sector público y dejaba el buen funcionamiento de la economía a la mano invisible del mercado; de hecho, la palabra mercado no aparece en la frase y utiliza la metáfora shakesperiana en Macbeth: "Sangrienta e invisible mano", para explicar, en un contexto de crítica al mercantilismo y defensa del comercio, que hay resultados que se dan simplemente sin el propósito de los actores económicos.
Hoy, un año después del ataque al comercio internacional por el Gobierno de EEUU, y pese a la depreciación del 12% del dólar frente al euro, sigue teniendo un déficit por cuenta corriente del 3,7%, y la UE, un superávit del 3%; España, del 2,7%, y en Andalucía las exportaciones diversifican destinos, productos y procesos productivos.
¿Ha actuado alguna mano invisible del destino o fuerzas sobrenaturales frente al propósito norteamericano? Más bien parece que ha sido gracias a esfuerzos empresariales y públicos, muchos individuales, otros coordinados en el seno de las instituciones, bien visibles. Sin embargo, nuestro comercio está sufriendo; de ahí los nuevos tratados que se buscan desde la UE (Mercosur, India, Indonesia). Hay, indudablemente, que corregir desequilibrios, pero no mediante la amenaza y el miedo, sino con la discusión y el entendimiento.
Con Adam Smith podemos decir que en el comercio se engaña, se manipula, se abusa, se toman malas decisiones, pero también se actúa de forma virtuosa y, si se siguen acuerdos y reglas, todo ello puede dar un resultado razonable; por lo demás, es incuestionable que alguien con su capacidad de observación de una realidad compleja no podía caer en la debilidad libertaria, sino todo lo contrario: defendió un sistema donde las relaciones humanas estuvieran lo mejor definidas posible y un buen gobierno trabajara por el progreso de todos, que implica la corrección de los desequilibrios sociales.
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