¿Está cambiando el tejido productivo ahora que Andalucía crece más que nunca?

Que la industria sea el sector que más aumentó su VAB en 2025 es una oportunidad para la transformación

Actividad en una de las principales industrias de Andalucía, Acerinox.
Actividad en una de las principales industrias de Andalucía, Acerinox. / G. J.

17 de febrero 2026 - 06:00

Andalucía cerró 2025 con el mayor PIB nominal de su historia: 234.218.832.000 euros. El dato tiene una potencia simbólica evidente. No sólo por el volumen absoluto, que sitúa por primera vez a la economía andaluza por encima de los 234.000 millones en términos corrientes; también por el momento en que se alcanza. La comunidad llega a esta cifra en un entorno todavía condicionado por el ciclo inflacionista de los años anteriores, por la normalización monetaria y por un mapa internacional que no ofrece ninguna estabilidad. Es decir: el récord no es un simple rebote estadístico. Es una señal de que la economía ha resistido más de lo que cabía esperar en un contexto complicado.

La tasa de variación interanual –5,97% respecto a 2024– añade otro matiz relevante. Mide cuánto creció la economía en euros corrientes y sitúa a Andalucía en una posición de expansión sostenida. Pero toda lectura sobre el crecimiento nominal debe ser prudente: el efecto de los precios, aún elevado en algunos componentes, infla las magnitudes en mayor medida que en la etapa prepandemia. Por eso la pregunta pertinente no es si Andalucía crece, sino cómo crece. Y, sobre todo, si ese crecimiento revela cambios internos que puedan sostenerse a medio plazo.

Esa es la cuestión central de 2025. ¿Estamos ante un cambio real en el tejido productivo o simplemente ante un aumento de escala sin transformación?

Un dato para la esperanza: la industria crece más que nadie

La industria andaluza llevaba décadas sin destacar en las tasas de crecimiento. Su peso relativo se estabilizó hace años en niveles modestos y su evolución interanual solía quedar por debajo de los servicios, del comercio o del turismo. Por eso el dato de 2025 sorprende: el VAB industrial crece un 10,87%, el mayor aumento entre los grandes bloques productivos.

En una economía acostumbrada a una gráfica plana en su componente industrial, un avance de dos dígitos tiene relevancia propia. Ese crecimiento se refleja también en términos absolutos, con un sector que supera los 23.000 millones de euros y que muestra una dinámica más intensa que la observada antes de 2020. A este comportamiento se suma la industria manufacturera, que avanza un 3,98%. Es un crecimiento más moderado, pero significativo en un momento de costes elevados, tensiones en las cadenas de suministro y competencia de países con estructuras industriales mucho más robustas.

Ahora bien, conviene mantener la perspectiva. El crecimiento industrial es una señal, pero no cambia por sí solo la estructura. Andalucía sigue lejos del peso industrial del 17% o 18% que marca la referencia europea y la tasa que la Junta de Andalucía se ha propuesto alcanzar en 2032. Lo que sí cambia es el planteamiento. El crecimiento de la industria rompe un patrón demasiado estable y coloca al sector en una posición que no ocupaba desde hace mucho tiempo: la de rama que más crece entre las grandes secciones productivas. Esa ruptura, aunque sea parcial, ya tiene valor analítico.

Un sector servicios inmenso que crece donde ya era fuerte

Mientras la industria crece más, el sector servicios crece más a lo ancho. La aportación del VAB de los servicios supera los 158.000 millones de euros, lo que vuelve a situarlo como el bloque dominante del PIB andaluz. Su crecimiento del 5,01% refleja una economía en movimiento, pero no introduce un cambio profundo en su composición interna.

Las ramas más tradicionales del sector se comportan como cabía esperar. El comercio, el transporte y la hostelería avanzan un 6,93%, un crecimiento explicable por la fortaleza turística de 2025 y por la mejora del consumo interno. Las actividades profesionales suben un 8,84%, un dato positivo, aunque todavía insuficiente para alterar el reparto global del VAB. Información y comunicaciones se queda en un 0,34%, lo que subraya la dificultad de expandir sectores intensivos en tecnología. Y actividades financieras y seguros retroceden un 5,73%, lo que encaja con un tejido aún débil en servicios avanzados.

El resultado es el mismo de los últimos años: un sector servicios gigantesco en tamaño, pero poco dinámico en transformación. Crece donde ya era grande y se estanca en las áreas que más deberían impulsar el cambio estructural.

Agricultura y construcción: estabilidad sin capacidad de empuje

La agricultura avanza un 1,85%, después de un 2024 especialmente afectado por la sequía. Supera los 14.500 millones, pero su evolución sigue sometida a factores climáticos y de costes más que a un proceso de modernización profunda.

La construcción crece un 7,58%, con algo más de 13.600 millones en VAB. Es un avance relevante para el sector, pero no lo suficiente como para considerarlo un motor estructural. Su influencia sobre el modelo productivo es menor que hace dos décadas y su volatilidad continúa siendo elevada.

Más PIB, pero ¿con otro modelo?

El año 2025 deja un mensaje claro: Andalucía crece más que nunca, pero esto no implica necesariamente que crezca mejor. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo aparece un elemento que rompe la rutina: la industria toma la iniciativa en las tasas de crecimiento. No es una tendencia sólida, pero es una variación positiva en un sistema que llevaba demasiado tiempo sin anomalías.

La economía andaluza necesita un cambio en la composición de su crecimiento para lograr una convergencia real en productividad y valor añadido. El comportamiento industrial de 2025 no resuelve este desafío, pero sí sugiere que hay margen para que el modelo evolucione.

La pregunta, por tanto, sigue abierta: ¿estamos ante el inicio de un cambio estructural o sólo ante un ciclo favorable para la industria dentro de una estructura que continúa siendo casi la misma? La respuesta dependerá de si esta señal se repite en 2026, de si los servicios avanzados ganan tracción y de si la inversión logra consolidar un tejido más complejo.

De momento, Andalucía crece. Y crece mucho. Falta comprobar si también empieza a transformarse.

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