Comercio internacional antes y después de Trump

Análisis

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. / EFE

07 de marzo 2026 - 06:01

Durante el actual mandato del presidente Trump, la política comercial de EEUU ha cambiado sustancialmente respecto de la llevada a cabo desde la década de los noventa.

El gobierno americano elevó con carácter general los aranceles hasta un nivel del 10%, y del 50% para países con los que presentara un déficit comercial muy elevado o, en otros casos, con países considerados competidores a gran escala.

El uso de tarifas arancelarias como herramienta política ha sido algo desconocido desde hace medio siglo, especialmente en países tan cercanos a EEUU como Canadá y México.

Este giro ha generado una nueva fase de proteccionismo activo que contrasta con la política multilateralista previa.

Como era de esperar, el comercio internacional ha perdido dinamismo. El Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales y servicios de estudio han reducido significativamente sus expectativas.

Las previsiones del FMI recortaron significativamente el crecimiento del comercio mundial a causa del aumento de barreras arancelarias y la incertidumbre generalizada. Ese recorte se consolidará si persisten las tensiones.

Además de las tensiones en los flujos de comercio, el volumen de inversión de las empresas europeas se ha reducido como consecuencia de la extraordinaria inseguridad generada por la política de Trump, anunciando hoy una medida y mañana la contraria.

Solo en casos concretos -como es el de Taiwán- se avanza en una dirección. Los semiconductores son productos críticos en la cadena de valor de la industria electrónica y lo seguirán siendo durante décadas. A través de complejos acuerdos con EEUU, se están reduciendo los aranceles de estos productos y localizando su producción lejos de la frontera china.

Como efectos secundarios, pero no menos relevantes, los consumidores estadounidenses están pagando los costes de los aranceles que, en muchos casos, se trasladan en forma de precios más altos.

México continúa siendo un socio clave para EEUU, aunque bajo la sombra de amenazas proteccionistas y revisiones del Tratado de Libre Comercio entre México, EEUU y Canadá (TMEC).

Los consumidores estadounidenses se benefician de los bajos salarios mexicanos y las empresas, igualmente, de los bajos costes de producción. Las presiones de ambos colectivos hacen muy difícil un cambio radical que perjudique a los consumidores y a las maquiladoras que operan en el norte de la frontera mexicana.

Han sido diversas las reacciones globales y las respuestas de los distintos socios y bloques comerciales.

La Unión Europea y otros aliados han considerado mecanismos de defensa comercial, de limitación de acceso a concursos públicos ante amenazas arancelarias y otros mecanismos anticoerción.

Tanto los países occidentales como otros emergentes están buscando, todo lo rápidamente que pueden, cadenas de suministro alternativas, especialmente en Asia-Pacífico, para no depender solo de las relaciones con EEUU y China.

Todas estas tendencias, fruto en la mayoría de los casos de decisiones tomadas recientemente, van a provocar cambios en las relaciones comerciales de los países desarrollados y emergentes, que tendrán que adaptarse a los nuevos flujos de bienes y servicios.

La utilización creciente de aranceles y medidas unilaterales va a fomentar la fragmentación del sistema de comercio a nivel mundial. Igualmente, es posible que se creen nuevos bloques comerciales más cerrados y reglas muy diferentes para unos y otros, reduciendo la eficacia que hasta ahora han tenido los sistemas multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La reconfiguración de las cadenas de valor globales será una de las principales consecuencias. Empresas y países buscarán rutas alternativas para reducir riesgos frente a políticas arancelarias imprevisibles, diversificando proveedores y mercados.

Cabe esperar negociaciones más intensas y acuerdos bilaterales. Con el debilitamiento del multilateralismo, los acuerdos bilaterales (o regionales) podrían ganar importancia como herramientas para asegurar acceso a mercados. Esto ya se ve en pactos específicos como el de EEUU con Taiwán o los que el Reino Unido está intentando llevar a cabo con países de la Commonwealth. En todos los casos, iniciando negociaciones con países que fabrican tecnologías críticas, producen materias primas estratégicas o cuentan con enormes mercados -como es el caso de la India- no suficientemente explotados.

Globalmente consideradas, las políticas arancelarias son ahora más agresivas y están más generalizadas que en la situación anterior al intervencionismo de Trump. El comercio internacional funciona con mayor lentitud y tiene que sortear mayores barreras arancelarias y no arancelarias.

Adicionalmente, el multilateralismo corre el riesgo de fragmentación y los países occidentales están intentando diversificar sus mercados de exportación y diseñar medidas defensivas para contrarrestar las políticas proteccionistas de EEUU.

Decenas de años y cientos de reuniones internacionales para liberalizar el comercio están siendo amenazados por las nuevas normas regulatorias del comercio internacional. Necesitamos cuanto antes estabilidad política y regulatoria para reducir el daño que se está infligiendo a la actividad económica a nivel mundial.

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