Del conflicto al bolsillo

Tribuna Económica

Un hombre reposta en una gasolinera / Europa Press

13 de marzo 2026 - 06:00

La que ocurre a miles de kilómetros termina afectando a nuestra vida cotidiana. Una guerra internacional que dispare el precio del petróleo o altere los mercados financieros acaba reflejándose al llenar el depósito del coche, en la factura del supermercado o en la cuota de la hipoteca. El ejemplo más reciente lo estamos viendo estos días: la tensión geopolítica ha encarecido la energía y ha reactivado la inquietud en los mercados. El petróleo ha llegado a subir más de un 40% desde que se inició el conflicto y el temor a que la inflación vuelva a repuntar ha vuelto a instalarse entre analistas y bancos centrales.

Ese riesgo inflacionista no es menor. Tras varios años muy duros, la inflación en la eurozona se había moderado hasta situarse cerca del 1,9% en febrero, prácticamente en el objetivo del BCE. Pero los precios de la energía suelen actuar como detonante: cuando suben el petróleo o el gas, el efecto acaba extendiéndose al transporte, a los alimentos y, en general, a toda la economía.

Además, cuando esa presión inflacionista reaparece, el siguiente movimiento suele venir de los bancos centrales. Si los precios suben demasiado, el BCE endurece la política monetaria para enfriar la economía. Y los mercados empiezan a anticiparlo rápidamente. El euríbor, el índice de referencia de las hipotecas variables en España, ha vuelto a moverse al alza: en marzo ronda ya niveles cercanos al 2,3%–2,5%, esto es, decenas de euros más al mes en la cuota cuando llegue la revisión.

La gran incógnita es qué ocurrirá a partir de ahora. Tras la última reunión, en febrero de 2026, todo hacía pensar que el siguiente movimiento que daría el BCE sería un recorte, pero con las actuales circunstancias ese escenario de bajada podría retrasarse o incluso invertirse, y que se produzca incluso un aumento.

La tensión en el mercado energético ha llegado a tal punto que la Agencia Internacional de la Energía ha decidido intervenir directamente liberando parte de las reservas estratégicas de petróleo de los países miembros. El objetivo es aumentar temporalmente la oferta y evitar que el coste del barril siga disparándose.

Sin embargo, la decisión también genera inquietud. El volumen movilizado supone la mayor intervención de la historia, el doble de cuando estalló la guerra de Ucrania. Cuando se recurre a las reservas estratégicas a gran escala, el mensaje implícito es que los organismos internacionales temen que la situación pueda deteriorarse o extenderse en el tiempo más de lo que hoy descuenta el mercado.

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