Análisis
Joaquín Aurioles
Libertad, desarrollo y régimen político
Las stablecoins —criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente referenciado al dólar u otra moneda — han pasado de ser una curiosidad marginal para emerger como un actor con potencial real para alterar la arquitectura financiera global. Lo que parecía una innovación destinada a agilizar pagos o favorecer la eficiencia en transacciones monetarias corre el riesgo de debilitar el control público sobre la creación de dinero y la liquidez, y de socavar pilares esenciales de la estabilidad financiera.
La capitalización global de stablecoins supera los 280.000 millones de dólares, si bien en la zona euro su adopción aún es mínima. Aunque la cifra hoy no resulta alarmante en Europa, su ritmo de crecimiento y la dependencia de reservas externas —sobre todo bonos del Tesoro estadounidense— representan señales de alarma que exigen vigilancia.
Entre los peligros figura la posibilidad de una “corrida”: si los inversores pierden confianza y buscan convertir sus stablecoins de nuevo en moneda tradicional, podría desencadenarse una venta masiva de sus activos de reserva, con riesgos de contagio para el resto del sistema financiero, incluidos los mercados de criptomonedas.
Un segundo riesgo reseñable es que podrían sustraer depósitos de los bancos europeos, debilitando su papel en la intermediación financiera. Asimismo, introducen complejidades regulatorias, por ejemplo, si una misma stablecoin es emitida en distintos países, pero con reglas distintas, una retirada masiva de fondos podría generar tensiones de liquidez y abrir la puerta al arbitraje.
En EEUU, donde la expansión de las stablecoins es mucho mayor, se empiezan a vislumbrar importantes conflictos de política monetaria y fiscal. El peligro es que estos emisores privados, con fines de lucro, se conviertan en “bancos centrales en la sombra”: proveen liquidez, influyen en los mercados de deuda, y en una crisis podrían desencadenar ventas masivas de activos, obligando a una intervención pública que socialice las pérdidas.
En resumen, lo que hoy se presenta como una forma más rápida y eficiente de pagar puede acabar generando inestabilidad y debilitando la soberanía monetaria. O incluso, una nueva crisis financiera. Ayer mismo, Financial Times publicó una información sobre USDT, la stablecoin más popular del mundo, vinculada al dólar, emitida por Tether, con tokens en circulación por valor de 174.400 millones de dólares: S&P Global Ratings le ha rebajado la clasificación a un 5, la peor nota en la escala de estabilidad, por el importante deterioro en la cantidad y calidad de los activos de reserva.
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