Desde el Bolsín
Alberto Grimaldi
Una legislatura perdida para crecer en industria
En julio de 2022, recién reelegido con una contundente mayoría absoluta, el presidente del Gobierno de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, fijó un objetivo ambicioso: elevar el peso de la industria en el PIB regional hasta el 17% o el 18% en una década. Tres años y medio después, los datos oficiales muestran que la legislatura no ha supuesto un punto de inflexión: la industria no sólo no ha crecido, sino que ha retrocedido ligeramente, y las previsiones avanzadas en 2025 confirman que seguirá lejos del listón marcado.
Según la Contabilidad Regional del INE, el bloque industrial (industrias extractivas, manufacturas, energía, agua y residuos) representaba 10,9% del PIB andaluz en 2022. En 2023, la estimación provisional lo situó en 10,8%, y el avance de 2024 lo reduce a 10,6%. En toda la legislatura, el peso industrial ha caído tres décimas, cuando el objetivo político exigía una senda clara hacia el 17%.
Los datos trimestrales del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) apuntan a un crecimiento industrial en 2025, pero incluso en el escenario más optimista el peso del sector no llegará al 11%. La estructura productiva sigue dominada por servicios: comercio, transporte y hostelería superan el 23%, y las actividades inmobiliarias rondan el 12%.
El problema no es coyuntural. En el año 2000, la industria suponía más del 13% del PIB andaluz. En este siglo, la tendencia ha sido descendente: en 2010 bajó al 11,5%, y en 2020 tocó mínimos del 10,3%. Este último dato debe leerse con cautela: los años de la pandemia alteraron la serie, porque el hundimiento del PIB total y la volatilidad sectorial distorsionaron los porcentajes. Sin embargo, incluso descontando ese efecto, la trayectoria es clara: en 2024 apenas alcanza el 10,6%, lo que confirma una pérdida estructural de peso industrial.
El objetivo del 17%-18% se planteó para 2032, por lo que aún hay margen temporal. Pero los datos de esta legislatura confirman que no se ha producido un salto cualitativo: sin proyectos tractores y sin inversión sostenida, la industria no gana peso. La Formación Bruta de Capital Fijo industrial apenas supera los 5.500 millones en 2023, insuficiente para revertir dos décadas de pérdida relativa.
Y, además, falta una política industrial por parte del Gobierno andaluz que dé resultados. El hundimiento de Abengoa, aunque parte de su actividad se mantiene en Cox, la empresa que se hizo con sus activos, o la próxima marcha de Ayesa Digital al País Vasco son ejemplos de ello.
Aunque la descarbonización en general y el uso del hidrógeno renovable en particular es una buena oportunidad para hacer crecer a la industria, la falta de demanda de este nuevo vector energético amenaza con ralentizar cuando menos las inversiones previstas.
No todo ha sido retroceso. La reapertura de la fábrica de Santana Motor en Linares es quizás el hito más claro en la dirección correcta.
La legislatura que termina no ha sido el punto de inflexión que se esperaba. Para alcanzar el 17% en 2032, Andalucía necesita acelerar: más inversión, más proyectos estratégicos y una política industrial que vaya más allá de los anuncios.
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