Tribuna Económica
Carmen Pérez
La gente vive en casas, no en corporaciones
Un inciso
No hay institución académica que en su empeño por ofrecer una formación práctica confeccione un máster sobre cómo sobrellevar la cuesta de enero y, sobre todo, la de febrero. Hablamos de economía doméstica, por supuesto. Hay una cantidad de universidades en Andalucía como para parar un tren (que, por cierto, ya de por sí se paran solos), pero no se convoca un curso de alto nivel con un repertorio de expertos en un asunto que tantas veces genera angustia y que se supera con tantas fatigas como discreción. Antes de la llegada de la cuaresma sale una cofradía apócrifa de penitentes que procuran no levantarse el antifaz y que a duras penas alcanzan la luz de la primavera: son los sufridores de los días posteriores al período gran dispendio. Las atractivas sirenas de estas larguísimas fiestas no han dejado de emitir los cánticos de unas tentaciones que siempre arrastran al gasto. Es seguro que ahora se soporta una cuesta de enero peor que las de hace veinte o treinta años, pues la sociedad del confort, la calidad de vida, la de la cultura del derecho a todo en todo momento y la de la búsqueda de la satisfacción inmediata, encaja muy mal las restricciones.
¿No justifican las cuestas una materia como para ofertar un máster? Hasta podrían intervenir especialistas en salud mental para instruir sobre la influencia de las redes sociales en la necesidad de proyectar de forma continua una imagen de fiesta, jolgorio, vida social desenfrenada y viajes. Hasta muchos sacerdotes se han apuntado al carro de la vanidad retransmitida en tiempo real. Todo movimiento genera un gasto. Y en las fiestas nos movemos y nos mueven más que nunca. ¡Pólizas para qué os quiero! Están tardando los motivadores a sueldo en darnos los consejos para las cuestas que vienen como hacen los nutricionistas que nos ponen a tortilla o huevo duro. Las cuestas son largas y pronunciadas, pero parecen un tabú. Hay que hacer como si no existieran. El impacto de la Navidad en las economías domésticas de enero y febrero no se ha estudiado suficientemente, más allá del ruido que puedan generar en las tertulias de barra, ahora llamadas de cuñados. Las pascuas tienen unos efectos que duran dos o más meses, pero se sufren en silencio, como aquellas almorranas del anuncio de televisión de finales de los años noventa. Se reconoce un fracaso en un negocio, jamás una caída por gastos excesivos de Navidad. Los premiados de la lotería se han esfumado. La cofradía de los morosos de la VISA comienza a formar los tramos. La cuesta comienza en la segunda quincena Y en febrero es el Alpe d'Huez en las cuentas de miles de hogares. Pero silencio. España va como un cohete. Y quizás no haya una sola universidad que se atreva a ofrecer semejantes contenidos formativos. Tal vez se prepare uno sobre las sirenas y sus cantos.
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