Los economistas alertan de la brecha entre el crecimiento del PIB y la realidad de hogares y empresas

Seis de cada diez estudiosos prevén un escenario económico más adverso en los próximos meses

El salario medio creció un 4,8% en Andalucía en 2024 hasta los 19.205 euros

De izquierda a derecha: Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del  Consejo General de Economistas de España (CGE), Miguel Ángel Vázquez Tain, presidente del CGE, y Carlos Alonso de Linaje, presidente del Registro de Economistas Expertos en Marketing (EMK-CGE).
De izquierda a derecha: Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas de España (CGE), Miguel Ángel Vázquez Tain, presidente del CGE, y Carlos Alonso de Linaje, presidente del Registro de Economistas Expertos en Marketing (EMK-CGE). / M. G.

El crecimiento de la economía española no se está traduciendo en una mejora efectiva para la mayoría de los hogares y las empresas. Así lo constata el Barómetro Económico del Consejo General de Economistas (CGE) correspondiente al segundo semestre de 2025, que pone de manifiesto una clara desconexión entre los buenos datos macroeconómicos y la percepción de la economía real.

Más del 73% de los economistas considera que el crecimiento se ha trasladado poco o nada a la economía cotidiana de familias, empresas y contribuyentes. En el extremo contrario, solo un 13,8% percibe una traslación significativa, mientras que un 12,7% se sitúa en un punto intermedio.

Para el presidente del Consejo General de Economistas, Miguel Vázquez Taín, estos resultados evidencian que “la incertidumbre se ha consolidado como un rasgo estructural del contexto económico, tanto nacional como internacional”. A su juicio, pese a los datos positivos del PIB, una gran parte del colectivo no percibe una mejora equivalente en la situación de los hogares y las empresas, lo que refuerza la necesidad de orientar la política económica hacia reformas de fondo que impulsen la productividad y la competitividad.

En esta misma línea, Vázquez Taín subrayó que el actual escenario debe aprovecharse para acometer transformaciones estructurales que permitan afrontar los desequilibrios aún existentes. Entre ellas, destacó la importancia de mejorar la eficiencia del gasto público, repensar el funcionamiento de las Administraciones y avanzar hacia un sistema fiscal con mayor equidad.

Deterioro de las expectativas

Las previsiones para los próximos meses reflejan un deterioro de las expectativas. El 61% de los economistas cree que la situación económica empeorará en los próximos seis meses, frente al 56,4% del semestre anterior, y un 20,7% considera que lo hará de forma acusada. El índice de Expectativas Económicas se sitúa en -67,7 puntos, en línea con un escenario de desaceleración para 2026, cuyo crecimiento del PIB se estima en el 2,3%.

Según explicó el director del Servicio de Estudios del CGE, Salvador Marín, el análisis de tendencias muestra que los periodos de mayor inestabilidad institucional se trasladan de forma inmediata a un empeoramiento de las valoraciones económicas, con independencia del sector en el que desarrollen su actividad los economistas. “Esto pone de relieve la importancia de la estabilidad y de contar con hojas de ruta claras para que la economía funcione de manera eficiente”, afirmó.

Además, Marín subrayó que, con significatividad estadística, la presión fiscal y los costes laborales se han convertido en los principales factores que lastran la competitividad de la economía española, a los que se suma el precio de la energía y la preocupación por el desempleo.

En el ámbito del empleo, las expectativas de reducción del paro continúan debilitándose. Solo el 17,3% prevé una bajada del desempleo, mientras que aumenta tanto la percepción de estabilidad como la previsión de un repunte. El índice de percepción del paro se mantiene en terreno negativo, lo que apunta a una evolución sin mejoras relevantes.

Respecto a la capacidad de ahorro de los hogares, aumenta la proporción de quienes anticipan dificultades para ahorrar, hasta el 46,4%, situando el índice de expectativas nuevamente en valores ligeramente negativos. Esta evolución refuerza la sensación de estancamiento en la economía doméstica pese al crecimiento agregado.

Los economistas identifican como principales obstáculos a la competitividad la presión fiscal (75,3%), los costes salariales (72%) y el precio de la energía (58,5%), a los que se suma una mayor incidencia del paro. Estas barreras se repiten también en el ámbito autonómico, donde fiscalidad y costes laborales lideran las preocupaciones.

En cuanto a otras cuestiones de actualidad, la propuesta de aumento de las cuotas del RETA recibe una valoración ampliamente desfavorable: el 66,7% considera que tendrá un impacto negativo. Asimismo, el final de los desembolsos de los fondos Next Generation EU genera inquietud, ya que el 60,8% anticipa un efecto adverso sobre el crecimiento económico.

La valoración sobre la calidad del empleo tras la reforma laboral de 2021 es mayoritariamente negativa. Casi un 60% de los economistas considera que ha empeorado, frente a un 15,4% que aprecia mejoras y un 24,7% que percibe estabilidad.

En conjunto, el informe dibuja un escenario marcado por la desaceleración, la falta de traslación del crecimiento a la economía real y la necesidad de impulsar reformas estructurales para evitar un deterioro mayor del contexto económico en 2026.

De este modo, el presidente del Registro de Economistas Expertos en Marketing (EMK-CGE), Carlos Alonso de Linaje, destacó que el Barómetro Económico se ha consolidado como un indicador de tendencias, al permitir comparar resultados y analizar su significatividad estadística. A su juicio, los datos ofrecen una información valiosa para la toma de decisiones y reflejan de forma directa la realidad económica percibida por el colectivo de economistas.

stats