El sector energético pide en Davos un impulso a la reindustrialización en la Península Ibérica
Asegura que España y Portugal podrían generar un billón de euros de valor añadido y un millón de empleos hasta 2030
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El sector energético e industrial ha reclamado en Davos un impulso decidido a la reindustrialización de la Península Ibérica como vía para reforzar la competitividad europea y avanzar en la autonomía estratégica del continente. El mensaje se lanzó en el marco de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, durante los trabajos de la Iniciativa Ibérica de Industria y Transición Energética (IETI), que agrupa a grandes compañías energéticas e industriales y está liderada por McKinsey & Company.
El diagnóstico compartido por la iniciativa es claro: España y Portugal cuentan con condiciones excepcionales para atraer industria, gracias a una ventaja de costes en energías renovables cercana al 20% frente a la media europea, una base relevante en combustibles renovables y capacidades industriales ya consolidadas. En este contexto, el análisis de McKinsey & Company citado por IETI apunta a que ambos países podrían generar de forma conjunta hasta 1 billón de euros de valor añadido y cerca de 1 millón de empleos hasta 2030, siempre que se acelere la ejecución de las políticas necesarias.
La iniciativa reúne a compañías como ACS, EDP, Galp, Iberdrola, Moeve, Naturgy, Repsol y Técnicas Reunidas, que pusieron en común en Davos su visión sobre el papel que puede desempeñar la Península Ibérica en la reindustrialización europea a partir de la transición energética. El objetivo, según subrayan, es transformar la ventaja energética en una ventaja industrial estable y sostenible en el tiempo.
Avances claros y brechas persistentes
La actualización del Índice IETI, que analiza 21 indicadores vinculados a la transición energética y la reindustrialización, muestra señales alentadoras en inversión y despliegue energético, pero también confirma la existencia de brechas estructurales que siguen limitando el escalado industrial. Entre ellas, la iniciativa identifica la complejidad regulatoria, la falta de neutralidad tecnológica, la lentitud en la tramitación de permisos y la insuficiente inversión en redes eléctricas.
En el ámbito industrial, el peso de la industria en la economía permanece prácticamente estancado tanto en España como en Portugal y se sitúa por debajo de las referencias europeas. Variables clave como la inversión en I+D, la productividad laboral o la calidad regulatoria avanzan a un ritmo insuficiente para cerrar la brecha con las principales economías del entorno. En España, la inversión en I+D se mueve entre el 1,5% y el 1,7% del PIB, lejos de los objetivos comunitarios.
No obstante, el índice también refleja signos de recuperación en áreas concretas. En España, la producción de vehículos, con 2,4 millones de unidades, y el empleo industrial, con 2,9 millones de personas, muestran una evolución positiva y alineada con las metas fijadas para 2030. Portugal, por su parte, presenta un mejor comportamiento en descarbonización, aunque mantiene una contribución industrial al PIB inferior a la media de la Unión Europea.
Energía barata y renovable como palanca industrial
En transición energética, España avanza según lo previsto y Portugal se sitúa por delante de la curva, de acuerdo con los datos del índice. El despliegue de renovables, la evolución de los precios de la energía y la electrificación del transporte figuran entre los principales puntos fuertes. En ese contexto que seañala el IETI, Andalucía es una de las regiones que ofrece más oportunidades por su enclave geoestratégio y su abundante recurso solar y eólico. En Portugal, las renovables ya suponen el 35% del mix energético y los vehículos electrificados alcanzan el 40% de las ventas, mientras que en España los precios de la electricidad industrial son un 27% inferiores a la media europea.
Para los miembros de IETI, la energía renovable más barata es uno de los pilares del modelo de crecimiento europeo para las próximas décadas. La transición energética no sólo permite reducir emisiones, sino que puede actuar como catalizador de la reindustrialización, impulsando tanto sectores tradicionales –como la automoción, la cerámica o el refino– como nuevas cadenas de valor ligadas a las baterías, las moléculas renovables o los centros de datos.
Pese a estos avances, la iniciativa subraya que siguen siendo necesarios incentivos adicionales a la inversión en redes eléctricas y en infraestructuras críticas. La falta de capacidad de conexión se ha convertido en un cuello de botella que amenaza con frenar proyectos industriales ya anunciados. A comienzos de este año, más de 70 empresas industriales alertaron de la situación crítica de las redes de distribución eléctrica en España –donde se rechaza actualmente la mayoría de las solicitudes de conexión–.
Una llamada urgente a pasar a la ejecución
Durante los debates celebrados en Davos –con la participación de responsables institucionales europeos y directivos empresariales– el mensaje dominante fue la urgencia de pasar de la ambición a la ejecución. La iniciativa defiende que la ventana de oportunidad se está estrechando y que sólo una colaboración público-privada más profunda permitirá materializar el potencial identificado.
Desde el sector energético se insiste en que la clave ya no es identificar los retos, sino actuar con rapidez, simplificar los marcos regulatorios y asegurar reglas estables y predecibles. La apuesta pasa por coordinar políticas industriales, energéticas y climáticas, acelerar los permisos, reforzar las redes y garantizar un entorno basado en la neutralidad tecnológica.
El mensaje final lanzado desde Davos es inequívoco: España y Portugal están en condiciones de convertirse en un polo industrial y energético de referencia en Europa, capaz de atraer inversiones, reforzar cadenas de valor estratégicas y contribuir de forma decisiva a la competitividad europea. Pero el éxito dependerá de la capacidad para ejecutar las decisiones con rapidez, antes de que la oportunidad se diluya.
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