Tribuna económica
Gumersindo Ruiz
La industria como riqueza de las naciones
España vive la recta final de la ejecución de los fondos Next Generation EU: tendrán que haber sido utilizados antes del próximo 31 de agosto. Andalucía ha gestionado grandes recursos gracias al Plan de Recuperación para avanzar en innovación y en digitalización, pero la intensidad efectiva sigue por debajo de los territorios más avanzados. Es la conclusión que podemos sacar del Monitor NextGen que elabora la Fundación Cotec anualmente, que desveló el pasado jueves los resultados de su cuarta edición.
Andalucía ha recibido, según esta investigación, un volumen notable de fondos europeos vinculados a la transformación tecnológica. El análisis revela que la región ocupa posiciones altas en captación y ejecución, pero no presenta un grado equivalente de avance cuando se examina la capacidad de su economía para convertir estos recursos en innovación real. Este desequilibrio entre volumen e intensidad marca la pauta del informe.
En términos absolutos, Andalucía ha captado 1.379 millones si se atiende a la sede social de los beneficiarios, un 7,1% del total nacional, lo que la sitúa como tercera comunidad tras Madrid y Cataluña. Esa posición se mantiene cuando el criterio es el lugar de ejecución de las actuaciones, donde alcanza 1.703 millones, un 10,5% del total español. El dato confirma un papel relevante en la absorción de fondos y una capacidad gestora sólida. Esta última se refuerza porque la Junta de Andalucía es la administración autonómica que más recursos territoriales ha resuelto para actividades de investigación, desarrollo e innovación: 800 millones, incluso por encima de Madrid.
El contraste aparece al observar la intensidad real. Andalucía se mueve entre 200 y 218 euros por habitante frente a los 328 euros de media en España y los 735 euros de Madrid. En términos de PIB sucede lo mismo: la comunidad queda en el 0,79% frente al 1,01% estatal y muy lejos de territorios con fuerte base industrial como País Vasco, Castilla y León, Aragón o Asturias, que se sitúan por encima del 1,2%. Ese desfase muestra que el tamaño poblacional y la composición económica andaluza –mucho más orientada a servicios– atenúan el impacto relativo de los fondos pese al volumen gestionado.
Este patrón permite un diagnóstico claro: Andalucía ha movilizado muchos recursos, pero los reparte entre un ecosistema más amplio y menos orientado a sectores intensivos en innovación, lo que reduce la capacidad de los fondos para cambiar la estructura productiva de forma profunda.
Cuando el foco se desplaza hacia la digitalización, los resultados son más favorables. Andalucía concentra un 11,3% de los fondos ejecutados en este ámbito, lo que la sitúa como tercera región española y muy próxima a Cataluña. Sólo Madrid presenta niveles superiores, en línea con su condición de nodo central de proveedores tecnológicos y grandes empresas. El impulso digital se sostiene en programas como el Kit Digital y el Kit Consulting: la comunidad es la segunda con más ayudas concedidas a empresas, con un 14,5% del total regionalizado, únicamente por detrás de Cataluña. La explicación es coherente: el tejido empresarial andaluz está formado por un número elevado de pymes y microempresas que encuentran en estas ayudas una vía directa para mejorar sus capacidades tecnológicas.
En cambio, la investigación de carácter empresarial avanza más despacio. Andalucía recibe un 8,3% de los fondos de I+D según sede social y un 9,8% cuando la referencia es el territorio donde se desarrolla la actuación. Este resultado la ubica de nuevo en cuarta posición, detrás de Madrid, Cataluña y País Vasco. Las diferencias están vinculadas a la presencia en estas comunidades de industrias que concentran actividades intensivas en innovación –energía, automoción, farmacéutica, electrónica o tecnologías digitales avanzadas– mientras que en Andalucía prima un sector servicios menos propenso a absorber fondos orientados a investigación aplicada.
El detalle sectorial confirma este patrón: los ámbitos que más recursos captan en Andalucía son la información y las comunicaciones, el comercio, las consultorías y las actividades jurídicas, junto con los sectores sanitario, educativo y de la construcción. Estos sectores son relevantes, pero no tienen el mismo efecto tractor sobre la I+D empresarial que las industrias tecnológicas de otros territorios.
En cambio, la base científica andaluza presenta una imagen más robusta. La comunidad capta un 14,4% de los fondos nacionales de la Agencia Estatal de Investigación destinados a consolidación investigadora y se convierte en la tercera región con mayor recepción, por detrás del eje Madrid-Cataluña. Universidades como Sevilla, Granada, Málaga, Cádiz o Córdoba figuran entre las principales receptoras del país. A esto se suma la participación destacada de centros del CSIC en Andalucía, como el Instituto de Astrofísica de Andalucía o La Mayora, que reciben recursos significativos para fortalecer su actividad investigadora. Esta dinámica sugiere que la región cuenta con una base científica consolidada, aunque su conexión con el tejido empresarial todavía es insuficiente para generar un ecosistema de innovación plenamente integrado.
El informe de la Fundación Cotec también refleja un área donde Andalucía sí empieza a ocupar una posición estratégica: el hidrógeno renovable. El proyecto Green H₂ Los Barrios –localizado en Cádiz– es uno de los más relevantes del conjunto de proyectos IPCEI europeos. Con un presupuesto de 174,3 millones y una ayuda concedida de 78 millones, la iniciativa se convierte en un proyecto tractor de referencia en la cadena de valor del hidrógeno. Andalucía presenta ventajas competitivas claras en este campo: disponibilidad de recursos renovables, puertos con capacidad logística para exportación, corredores energéticos y polos industriales susceptibles de reconversión. Si este ecosistema se consolida, la comunidad puede situarse en posiciones más avanzadas dentro de las tecnologías vinculadas a la transición energética.
La respuesta a la pregunta inicial se perfila con precisión: Andalucía ha aprovechado bien los fondos para acelerar la digitalización de su economía y reforzar su sistema científico, pero no ha logrado todavía una transformación equivalente en la innovación empresarial. La comunidad juega un papel relevante en términos absolutos, aunque su peso relativo queda por debajo del que exhiben los territorios que han consolidado industrias tecnológicas más maduras. El potencial, no obstante, está presente en ámbitos como el hidrógeno renovable, donde Andalucía puede construir ventajas sostenibles si conecta ciencia, industria y energía.
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