Tribuna económica
Gumersindo Ruiz
La industria como riqueza de las naciones
La semana pasada conmemorábamos el 250 aniversario de La riqueza de las naciones de Adam Smith, destacando su defensa del comercio; este no es un tema simple, pues, como dice Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, frecuentemente los estándares que deben cumplir los productos se utilizan como una barrera a la importación tan fuerte como los propios aranceles.
Junto con el comercio, es fundamental en la obra de Adam Smith la división del trabajo, que permite la expansión de la producción y la productividad; cuando tratamos temas históricos como la industrialización, surgen aristas, pues, junto a sus prodigios, la explotación era tremenda y llevó a Charles Dickens a escribir páginas imborrables donde la miseria humana, el fango y la contaminación envolvían, como una manta, todos los niveles de la sociedad.
Aunque estas cuestiones no han desaparecido, siendo prácticos tenemos que hablar hoy de dos grandes temas: las disrupciones políticas en las cadenas de producción en países y sectores y el papel de China como productor dominante. En efecto, su participación en el valor añadido de las manufacturas mundiales pasa, en 20 años, del 10% al 30%, mientras que Estados Unidos cae del 22% al 13% y la Unión Europea del 25% al 18%.
España recientemente ha crecido con fuerza y, en un índice de Eurostat con base 100 en 2020, pasa a 127, superando ampliamente la media; en Andalucía, aunque el peso de la industria y la construcción es solo el 17% del producto, para una media simple de las comunidades autónomas del 23%, es significativo que crezca e importante que se mantenga.
La Comisión Europea lanza la Industrial Acceleration Act, con el objetivo de reindustrializar la UE y protegernos de China, pues una buena base manufacturera es fuente de progreso; los servicios, el turismo, la economía digital de redes y entretenimiento tienen valor en sí mismos, pero no son un sustituto, como no lo es la economía financiera y especulativa.
Precisamente, uno de los temas recurrentes en la obra de Adam Smith es el dinero, el oro y la plata, y tiene un párrafo donde sostiene que para el reino de España la riqueza estaba en la acumulación de oro y de plata, no en vano el real de a ocho fue la primera divisa internacional y la base, en contenido y logo, del dólar norteamericano; sin embargo, dice sagazmente Adam Smith: “En la época de Gengis Kan el concepto de riqueza no era la moneda, sino la industria del ganado, y de las dos formas de acumulación creo que la verdad estaba en los tártaros”.
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