El Apuntador
Miguel Ángel Noceda
El reto de la independencia energética
Tribuna Económica
LA guerra que se ha desatado es, ante todo, una tragedia humana de dimensiones estremecedoras. La destrucción, las víctimas y el sufrimiento son tan abrumadores que da hasta pudor abordar el cómo nos puede afectar económicamente a los europeos. Y, sin embargo, no hay más remedio que mirar también ese impacto: conflictos de esta escala alteran precios de materias primas, cadenas de suministro y la confianza de mercados y hogares. Cuando la incertidumbre se instala, la inversión se frena y el crecimiento se resiente.
En las últimas semanas, la escalada del conflicto en Oriente Medio ha devuelto esa preocupación al primer plano. Los precios del petróleo y del gas han subido de manera significativa y los mercados financieros están acusando el riesgo, reflejando la inquietud de los inversores. Para Europa, altamente dependiente de las importaciones energéticas, cualquier interrupción supone un riesgo directo sobre el poder adquisitivo de los hogares y la competitividad de la industria.
El economista jefe del BCE, Philip R. Lane, ha señalado en una entrevista reciente que la institución contempla este escenario como un riesgo relevante, justo cuando la economía de la Eurozona sigue lidiando con un crecimiento moderado y la necesidad de mantener la estabilidad de precios. Aseguró que el BCE está vigilando de cerca su evolución, ya que un aumento de los precios de la energía elevaría la inflación a corto plazo y, si se prolonga, podría frenar la actividad económica.
De cara al futuro, todo dependerá de cómo evolucione el conflicto. Si la tensión se modera, el impacto podría ser limitado y transitorio. Pero si la incertidumbre se prolonga y los costes energéticos se mantienen altos, Europa podría enfrentarse a un escenario muy incómodo de menor crecimiento y mayores presiones inflacionistas.
Gracias a la energía construimos, producimos y avanzamos como sociedad. Como nos recuerda el mito, los dioses habían reservado para sí el fuego (la energía), símbolo de poder y conocimiento, mientras que los humanos vivían en la oscuridad y la ignorancia. Prometeo desafió a los dioses y robó el fuego para entregárselo a los hombres, otorgándoles así la capacidad de desarrollar la civilización. La energía es la herramienta que ha posibilitado progreso y bienestar, pero lo paradójico es que también evidencia lo poquísimo que nos hemos civilizado: la obsesión por el control de la energía, la codicia y la competencia nos llevan a la masacre, destrucción y muerte.
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