Tribuna Económica
Carmen Pérez
La gente vive en casas, no en corporaciones
Donald Trump está poniendo el mundo boca abajo. Su personalidad asusta. Se atreve con todo: desafía reglas, ignora consensos y actúa sin el freno habitual de la diplomacia tradicional. Sus decisiones están redefiniendo el orden global y obligan a muchos países a replantearse alianzas, prioridades económicas y seguridad. Pero en medio de esa forma de ejercer el poder sin cortapisas, esa radicalidad que le caracteriza también le lleva a dar algunos zapatazos necesarios.
La intervención militar de EEUU en Venezuela para detener a Maduro ha sido celebrada por todos los que veíamos en él un dictador execrable. Pero también sabemos que esas no son las formas y que crea un precedente muy peligroso. Cruzar esa línea tiene un efecto dominó inquietante: si se normaliza actuar al margen del derecho internacional cuando la causa parece justa, se abre la puerta a nuevas intervenciones unilaterales. Y esa lógica no se queda en Iberoamérica, también nos afecta directamente a los europeos, como demuestra la insistencia de Trump en Groenlandia.
La amenaza es real. De ahí, su propuesta para elevar de forma extraordinaria el gasto militar. Según el Financial Times –Donald Trump calls for 50% increase in US defence spending by 2027– , el presidente ha planteado un presupuesto de 1,5 billones de dólares para 2027, un 50% más respecto al nivel récord actual. Trump justifica ese salto apelando a unos “tiempos problemáticos y peligrosos”, a la necesidad de disponer de un “ejército de ensueño”, y asegura que los aranceles permitirían financiarlo.
Al mismo tiempo de tanta barbarie, Trump también es capaz de medidas drásticas frente a problemas reales. Como también recoge el Financial Times –White House moves to ban institutional investors from buying single-family homes–, el miércoles anunció planes para prohibir a grandes inversores institucionales la compra de viviendas unifamiliares, argumentando que “la gente vive en casas, no en corporaciones” , manifestando que esta medida es necesaria para mejorar la accesibilidad a la vivienda frente a la crisis de precios que ha hecho casi inalcanzable la compra para muchos, especialmente los más jóvenes.
En los mercados financieros, la noticia provocó caídas en las acciones de grandes propietarios de vivienda como Blackstone e Invitation Homes, reflejando la preocupación por el impacto de esta política en el sector. La medida es discutible y probablemente insuficiente, pero afronta un problema que muchos gobiernos esquivan y no se atreven a encarar: la expulsión de la clase media del mercado de la vivienda.
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