Riqueza y miseria de las naciones

Un hombre sostiene fajos de dólares.
Un hombre sostiene fajos de dólares. / EFE

03 de marzo 2026 - 06:00

En dos artículos anteriores, conmemorando la obra de Adam Smith La riqueza de las naciones, vimos el comercio y la industria, pero este año es también el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, cuando 13 colonias se rebelaron contra Inglaterra. La presencia de Andalucía se dio a través de la figura de Bernardo de Gálvez (Macharaviaya, Málaga), que expulsó a los ingleses de la Florida, y cuyo retrato colgó Obama en el Capitolio nombrándolo ciudadano honorario. Qué interesante resultaría una serie sobre la vida apasionante de Bernardo de Gálvez, casado con una criolla, antiesclavista, ciudadano universal.

Estados Unidos es hoy un país de elevada renta por habitante, pero una plutocracia donde el 1% más rico tiene el 37% de la riqueza personal. El gasto sanitario casi duplica la media europea, para una esperanza de vida de sólo 77 años, y un ratio de mortalidad al nacer de 22 por 100.000 nacimientos (50 para la población negra); tomando una muestra de países europeos estos datos son, respectivamente, 25%, 82 años y 5. Por el trabajo de Carol Graham y otros, ¿Tiempos extraordinarios o no?, Brookings Institution (diciembre de 2025), analizando 30 años de encuestas de Gallup, sabemos que tienen una confianza alta en instituciones como la Presidencia sólo el 28%; en el Congreso, 10%; Tribunal Supremo, 25%; periódicos, 20%; televisión, 15%; y grandes empresas, 15% (aunque en las pequeñas empresas es del 70%). Esta profunda desconfianza no impide la complicidad o identificación de muchos con la locura funcional, ya sin freno, del país y sus instituciones.

La Declaración de Independencia se ha considerado un documento donde impera el derecho natural, la sujeción a las leyes, autogobierno y voto; pero esclavos, mujeres, pobres y nativos se excluían por una aristocracia oportunista, muy dividida sobre la idea de libertad, que antepuso el derecho de propiedad a otros derechos humanos ya desde el principio; derechos que tienen avances y sufren retrocesos cuando el Tribunal Supremo, con una interpretación fundamentalista -no muy diferente a la de otras culturas y religiones que ahora ataca-, hace una lectura literal de algo escrito hace 250 años. Dos ideas surgen con relación a estos aniversarios: una, que la riqueza de las naciones sólo lo es como inclusión de toda la población en el bienestar general; y otra, tener siempre presente la distinción anglosajona entre Freedom, como un sentimiento natural, instintivo, y Liberty, que lo limita por el reconocimiento de que vivimos entre otros.

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