El Apuntador
Miguel Ángel Noceda
El reto de la independencia energética
Alto y claro
Un Presupuesto de la Junta elaborado por el Gobierno de Juanma Moreno se parece bastante a uno que elaborara el de Susana Díaz y este a su vez a otro de la época de Manuel Chaves. Esa identidad es fácil trazarla desde que se completó el proceso de transferencias. A partir de ese momento, una administración regional tiene una vía fundamental de ingresos, que son las transferencias que por diversos conceptos le hace el Estado, y unos capítulos de gasto que absorben la mayor parte de esos ingresos y que van al mantenimiento de los servicios esenciales para la comunidad: sanidad, educación y asistencia social. Además, claro, de la enorme cantidad destinada al mantenimiento de su maquinaria burocrática. Eso es así en todas las autonomías de régimen común. Pero no en las forales para las que funciona un modelo que en la práctica es casi confederal.
Las políticas económicas que se pueden aplicar en una región como Andalucía están muy determinadas por ese marco que deja márgenes de maniobra bastante estrechos para trazar líneas económicas diferenciadas. Tenían tanta razón los presidentes del pasado como el actual cuando en la presentación de los Presupuestos de cada ejercicio sacan pecho calificándolos como “los más sociales de la historia”, un mantra que se repite todos los años con tanta vehemencia como falta de originalidad. La verdad es que nos les queda otra. Afortunadamente. Las cuentas crecen más cuando la economía nacional le va bien y el Estado recauda más y crecen menos cuando ocurre lo contrario.
¿Significa ello que da lo mismo que al frente del Gobierno andaluz esté un partido o el contrario? Ni mucho menos. Si dejamos a un lado los ejes de la política presupuestaria, que son de obligado cumplimiento, queda un margen sobre el que actuar y sobre el que aplicar los principios ideológicos que separan a la derecha de la izquierda. Desde que gobierna Juanma Moreno se ha creado un marco fiscal y de incentivos a empresas que convierte a Andalucía en un territorio más proclive a la inversión empresarial que cuando mandaban los socialistas. Sin echar las campanas al vuelo, ello ha tenido repercusiones en el mercado laboral o en un aumento, todavía escaso, del peso de la industria en el conjunto de la economía de la región. La otra cara de la moneda ha sido la agudización de los problemas de calidad en la sanidad pública, que sigue con deterioros enquistados en la asistencia primaria, en el colapso hospitalario o en las listas de espera.
Con independencia de quién esté en el Palacio de San Telmo, la Junta es siempre la Junta y su primera obligación es abrir cada mañana los centros sanitarios y los institutos y universidades, A eso debe dedicar sus principales esfuerzos. Pero la identidad del presidente y su Gobierno es determinante para actuar sobre unos aspectos que son importantes para mover, o al menos para proyectar, la región en una u otra dirección. Andalucía y Madrid, con sus enormes diferencias, son dos buenos ejemplos de ello. Como dentro de poco habrá elecciones, conviene no olvidarlo.
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