Alto y Claro
José Antonio Carrizosa
Manuel Otero, mucho más que una calle
Con casi un cuarto de siglo de retraso, el Ayuntamiento de Sevilla acierta al dedicar una calle del centro de la ciudad a Manuel Otero Luna y al hacerlo a la espalda del que fue el negocio que dirigió durante décadas y el norte de su vida profesional: el Hotel Inglaterra. Pero Otero Luna fue mucho más que uno de los principales hoteleros de la ciudad. Fue una figura clave en la configuración del movimiento empresarial en los primeros años de la Transición y luego en su consolidación en los años ochenta y noventa del pasado siglo. También, junto con su íntimo Manuel Clavero Arévalo, fue el protagonista de alguna aventura política en la que se intentó crear una fuerza regionalista de centro derecha al modo de la Convergencia con la que Jordi Pujol iba a marcar el ritmo de la Cataluña autonómica. Pero Andalucía no era Cataluña ni aquí había el dinero y el impulso suficiente para hacer algo así. Aquello terminó diluido y fracasado y el andalucismo caminó por otros derroteros el tiempo que fue capaz de caminar.
Manuel Otero merece ser recordado sobre todo porque fue una de las figuras más influyentes del movimiento empresarial en Andalucía y porque esa influencia fue decisiva para que los empresarios andaluces se alejaran de cualquier maximalismo político y se presentaran ante la sociedad como un colectivo moderado y coherente en la defensa de sus intereses, La Confederación de Empresarios de Andalucía, tal y como la conocemos hoy, debe bastante al talante liberal que le imprimió Otero. Ese talante se trasladó también a las organizaciones empresariales nacionales durante el tiempo que estuvo al frente de Cepyme, casi toda la década de los noventa, o durante el tiempo que fue vicepresidente de CEOE con José María Cuevas en la presidencia.
Otero tuvo una importante presencia social y mediática en la Sevilla y la Andalucía de su época porque supo ver, en unos momentos de bastante confusión social, por dónde tenía que ir la defensa de los empresarios en la nueva España que había empezado a funcionar. Fue quizás uno de los primeros empresarios con ideas y talante moderno que se dieron a conocer en aquella Andalucía que estaba por construir.
Tras su fallecimiento en 2002 su figura había quedado relegada al olvido. Es justo que ahora se reivindique su memoria y se le tribute un homenaje, mucho tiempo postergado, en forma de calle en la Sevilla que ayudó a modernizar, aunque una calle se le queda corta. En la Plaza Nueva, ahora dirigido por su hijo Manuel, queda el Hotel Inglaterra como símbolo de una vocación empresarial que merece ser recordada.
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