Tribuna Económica
Manuel Alejandro Hidalgo
Mercosur: salimos ganando
La ratificación del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Mercosur no debe leerse como una amenaza, sino como una nueva oportunidad para que nuestra región juegue en la liga de las grandes potencias globales. Aunque el debate se ha polarizado en torno al campo y la actividad agropecuaria, es imperativo elevar la mirada. Estamos ante un pacto que trasciende, por mucho, lo agrícola y que, aún favoreciéndola, debemos interpretar dicha oportunidad para blindar nuestra industria y servicios en un mercado de 260 millones de consumidores.
La tesis de que este acuerdo es un "canje" perjudicial es, analíticamente y como siempre, incompleta por no decir errónea y hasta falsa. El comercio internacional no es un juego de suma cero. Mientras que los sectores industriales y de servicios, y que no olvidemos son los motores silenciosos de nuestro PIB, ganarán un acceso preferente a maquinaria, química y tecnología, el sector primario andaluz parte de una posición de fuerza que muchos parecen olvidar.
Los datos de 2024 son reveladores: Andalucía exportó 6.232 millones de euros en solo cuatro meses, aportando casi uno de cada cuatro euros de las ventas nacionales del sector. ¿De verdad pensamos que un sector con enormes ventajas comparativas y capaz de liderar el mercado con una tasa de cobertura del 252% debe temer a la apertura? No. Esta nos favorece.
Dudar de nuestra capacidad exportadora hoy es, llanamente, perder dinero. Por ejemplo, el aceite de oliva virgen extra tiene ante sí la oportunidad de "asaltar" el mercado brasileño, eliminando aranceles que durante décadas han frenado nuestra expansión frente a competidores directos. A esto se suma el blindaje de nombres como Jerez, Jabugo o Sanlúcar y que dejarán de ser vulnerables a la piratería internacional para convertirse en marcas protegidas por ley en todo el bloque sudamericano. Es un salto cualitativo del "commodity" al valor añadido.
Es cierto que sectores específicos, como el citrícola o la ganadería extensiva, enfrentan retos de adaptación. Sin embargo, la política económica debe velar por el interés general. No podemos permitir que el escepticismo de una minoría sectorial, por legítimo que sea su temor al cambio, bloquee los beneficios transversales para la mayoría de la sociedad andaluza. La resiliencia no se construye levantando muros arancelarios, sino compitiendo en excelencia.
El acuerdo incluye salvaguardias y periodos de desgravación de hasta quince años, tiempo más que suficiente para que nuestra agricultura y ganadería culminen su transición hacia la calidad extrema y la sostenibilidad. En un mundo globalizado, el inmovilismo es el mayor riesgo sistémico. No es el momento de retroceder.
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