Un año de Murtra

El presidente de Telefónica se enfrenta al reto de enderezar la compañía tras las “decisiones dolorosas” de recortar plantilla y suspender el dividendo

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Marc Murtra, presidente de Telefónica
Marc Murtra, presidente de Telefónica

25 de enero 2026 - 05:00

En diciembre de 2023 se produjo un terremoto en el entramado empresarial español. Los mercados temblaron cuando se conoció que el Consejo de Ministros había aprobado que el Estado volviera al capital de Telefónica, empresa cuya privatización se había culminado en 1997. La justificación que dio el Gobierno entonces se basó en la necesidad de poner freno a las intenciones de Saudí Telecom, firma controlada por el fondo soberano de Arabia que cuatro meses antes había adquirido el 4,9% de la compañía. No se podía aceptar que se sentase en el consejo de administración de una empresa considerada estratégica con una destacada participación en proyectos fundamentales para la seguridad nacional, vino a decir el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

La compra, del 10%, se completó en mayo de 2024 a través de la SEPI, que subrayó que lo hacía “con vocación de permanencia” y con el objetivo de dar a la entidad “una mayor estabilidad accionarial y contribuir a la salvaguarda de sus capacidades estratégicas”. Las especulaciones sobre el futuro de la sociedad se sucedieron hasta que hace un año, en enero de 2025, el Gobierno dio el golpe de mano que se esperaba con el nombramiento de Marc Murtra en la presidencia de la empresa en sustitución de José María Álvarez-Pallete, el hombre que había dirigido los destinos de la compañía los últimos 10 años, desde que el carismático César Alierta le había cedido los mandos.

Pese al secretismo de la ejecución (Pallete conoció su destitución en el mismo Palacio de la Moncloa), el relevo contó con el apoyo de los accionistas de referencia de la compañía, CriteriaCaixa, BBVA y la propia Saudí Telecom. Criteria, además, había elevado su presencia hasta 9,9% tras la entrada del Estado, con lo que daba el mensaje de apoyo al movimiento del Ejecutivo.

Murtra, considerado muy cercano al PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya), provenía de Indra, empresa también con participación pública en la que había hecho los deberes convenientemente durante los cuatro años anteriores. Pasaba así de un timón que tenía controlado a otro que navegaba sobre aguas turbulentas por una regulación comunitaria muy encorsetada y la caída de los precios. A ello se añadía una deuda muy elevada y una estructura de costes revisable de la compañía. Es decir, una situación que Pallete había sostenido como había podido, pero que clamaba la necesidad de enderezar cuanto antes la nave para asegurar la viabilidad.

Con ese panorama le tocó aplicar la cirugía al ejecutivo catalán, que comenzó la tarea con cambios en el equipo directivo (nombramiento como CEO a Emilio Gayo; de Juan Azcúe como director financiero y del histórico exdirigente socialista Javier de Paz al frente de Movistar+) para preparar después el plan estratégico, que aprobó el noviembre pasado bajo la denominación Transform & Grow. Murtra, que había destacado la “aversión a tomar decisiones difíciles” como una debilidad de los ejecutivos de la empresa, mostraba su librillo de actuación basado en focalizarse en los mercados considerados clave, desarrollar las capacidades tecnológicas y ajustar la estructura operativa a fibra, 5G, ciberseguridad e inteligencia artificial aplicada a las operaciones, además de ofrecer la mejor experiencia al cliente en los negocios de telecomunicaciones.

A las primeras de cambio, el grupo inició las “decisiones dolorosas” con el anuncio de un recorte del dividendo (el valor se dejó cerca del 15% en Bolsa al conocerse) y, poco después, un importante recorte de la plantilla, que se concretó en un expediente de regulación de empleo (ERE) negociado con los sindicatos para un mínimo de 4.500 trabajadores y un coste, también mínimo, de 2.500 millones de euros.

Por otra parte, los objetivos de racionalizar los mercados suponen afrontar desinversiones en sus filiales en América Latina, con la excepción de Brasil, que se queda como uno de sus cuatro mercados estratégicos junto a España, Alemania y Reino Unido. Con este éxodo de lo que fue la gran expansión de Telefónica en los tiempos de Cándido Velázquez, la compañía pretende centrarse en Europa. Para ello, Murtra ha reclamado en Bruselas, junto a sus colegas europeos, una regulación más flexible que permita mejores redes, menos fragmentación y más posibilidades de inversión, lo que permitirá fusiones y adquisiciones y hacer frente a los gigantes de Estados Unidos o China.

Gran parte del éxito de Murtra, que esta semana ha estado en la cumbre de Davos tomando el pulso de la situación nacional e internacional tras las asechanzas de Trump, tendrá que ver con la capacidad que tenga la compañía para cumplir con unos objetivos que suponen un reto y para lo que anuncia una Telefónica “más ambiciosa y agresiva”. El plan lo deja bien claro: “El plan constata la ineficiencia de las inversiones en el mercado europeo de telecomunicaciones por falta de escala de los operadores frente a los mercados chino y norteamericano, donde hay un número inferior de operadoras de mucho mayor tamaño y, aunque el plan no incluye oportunidades de consolidación, garantiza que Telefónica estará preparada para capturar las oportunidades que se presenten y generen valor a los accionistas”.

Los Corros

Guindos ya tiene sustituto

El croata Boris Vujcic será el sustituto del español Luis de Guindos en la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), que se producirá en mayo. La elección del gobernador de Croacia entre otros cinco candidatos permite mantener las esperanzas de que un español pueda acceder a la presidencia cuando se produzca el relevo de Christine Lagarde el próximo año. Vujcic haría un contrapeso eficiente con Pablo Hernández de Cos al frente de la institución.

Nueva ofensiva de IFM

El núcleo duro de Naturgy es un hervidero. Tras la venta del 7,1% por parte del fondo BlackRock, el ahora IFM, el fondo australiano que irrumpió en su capital y llegó a lanzar una opa parcial en 2021, el que se muestra decidido duplicar su participación en la energética española. Esto significa aproximarse al umbral del 30%, que limita la obligación de lanzar una opa.

Exigencia de las eléctricas

Las eléctricas y el Gobierno siempre tienen algo que discutir. Ahora se trata del 7% que las compañías tienen que tributar por los ingresos por producción después de que el Ejecutivo portugués haya retirado el llamado Mecanismo de Equilibrio Concurrencial que imponía a sus productores por el incremento de ingresos. Que no tengan que pagar da una ventaja comparativa con las españolas.

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