Tribuna económica
Joaquín Aurioles
La necesidad impostada
Deme su dinero y yo la convertiré en la mujer más bella o el hombre más atractivo. Es la parte subliminal de algunos de los contenidos publicitarios en tiempos de Navidad y Reyes. La parte más práctica también comienza como la anterior, deme su dinero, pero en este caso a cambio de garantía de acierto en su necesidad de hacer un regalo. Se trata de un caso típico de necesidad social impostada, que es aquella que es impuesta o forzada por el contexto social en que nos movemos. Lo particular en el caso de los regalos es que el estímulo de la publicidad no se dirige a la persona receptora, sino que persigue facilitar la necesidad de regalar en determinadas fechas.
En otras ocasiones la necesidad impostada se presenta directamente ante el interesado, sin que nadie intermedie, como en el caso del regalo, pero también con la presión social como principal causante original. Siempre ha sido así, pero la actualidad impone sus particularidades. Las redes sociales nos demandan un perfil personal y profesional del que en buena medida depende el éxito de nuestra vida en sociedad y nos ofrece la posibilidad de participar en su elaboración. En realidad se trata de una oportunidad de negocio legítima y de notable utilidad para quienes están capacitados e interesados en aprovecharla, pero también con potenciales efectos indeseables.
La disonancia entre cómo somos y cómo queremos que nos vean los demás puede ser el germen de un conflicto de personalidad cuyo origen estaría en la necesidad impostada provocada por la publicidad. El componente psicológico en las estrategias de marketing agresivo persigue manipular las emociones del comprador, lo que puede provocar situaciones de angustia en los más vulnerables. Es una situación cercana a lo que se conoce como el síndrome del impostor, una especie de complejo que lleva a algunas personas a dudar de su capacitación y méritos para desempeñar el puesto que ocupa e incluso de la legitimidad de su desempeño.
Quien lo padece suele tener problemas de autoestima que pueden terminar perjudicando sus oportunidades profesionales, en beneficio de los más resistentes. Algunos de estos se esfuerzan en levantar un personaje en torno a su persona, con el fin de facilitar su notoriedad social y aprovechar los beneficios. Los más activos en este medio suelen ser políticos, artistas y profesionales, pero el ciudadano tendría que preguntarse si una sociedad movida por impulsos impostados es la que más le conviene.
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