El mercado andaluz de fincas rústicas, en máximos históricos y con cambio de protagonistas en 2025

Los grupos agroalimentarios y las grandes familias regionales desplazan a los fondos de inversión y empresas energéticas en las principales operaciones del año

De los 253.000 euros por hectárea en cultivos bajo plástico a los 17.000 en olivar: así están los precios de la tierra en Andalucía

Un campo de olivar situado en la zona sur de la provincia de Córdoba. / M. G.

Andalucía ha vuelto a jugar un papel destacado en el mercado español de fincas rústicas, colocándose en los primeros cajones del podio nacional y alcanzando cifras históricas en volumen de operaciones al cierre de 2025. Un ejercicio de récords en el que, además, se ha vivido un cambio de protagonistas con grupos agroalimentarios, grandes familias regionales e inversores particulares tomando el relevo a los fondos y empresas energéticas como principales compradores.

En concreto, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) consultados por este diario y de la plataforma especializada en este mercado Cocampo, las compraventas de fincas rústicas en la comunidad andaluza se dispararon un 9,3% el pasado año –más de dos puntos por encima de la media nacional, del 7,1%– hasta alcanzar las 24.827 transacciones, lo que supone el segundo mejor registro de la serie histórica, tan solo por debajo del récord marcado en 2007 (33.015).

Con estos guarismos, Andalucía aglutinó en 2025 casi el 15% de las 167.453 compraventas registradas en el conjunto del territorio español y se colocó en el segundo puesto del escalafón nacional, superada únicamente por Castilla y León, con 25.014 operaciones (–1%). La región acelera así el crecimiento que ya experimentó en 2024 –en contraste con la caída del ejercicio anterior–, cuando contabilizó un alza del 1,4% hasta 22.713 adquisiciones de fincas rústicas al cierre del año.

Este auge se ha plasmado en todas las provincias andaluzas, con cinco de ellas progresando en 2025 por encima de la media regional. Así, en términos relativos, Sevilla se alza con el primer puesto del ranking regional, con un repunte de casi el 15% respecto a 2024 y 3.080 compraventas de fincas rústicas; seguida de Huelva, con un avance del 14%, hasta las 1.312 operaciones; y de Jaén, que aumenta las transacciones por encima del 13,5%, sumando 4.871 en total.

El repunte en Córdoba se situó en un 11% en el ejercicio, al contabilizar 3.182 transacciones de fincas rústicas; en Málaga, en el 10%, tras alcanzar las 3.198; y en Almería, en un 9,2% (3.357 compraventas). Ya por debajo de la media, en Cádiz aumentaron un 5,6% hasta 1.380; mientras que Granada fue la única provincia en la que descendieron, con un 5,2% menos, si bien se colocó en la segunda posición regional con el mayor número de operaciones en términos absolutos (4.447).

Recogida de aceitunas en una finca de olivar ecológico en Castellar (Jaén). / EFE

“El mercado andaluz es cada vez más dinámico, atrayendo a familias e inversores que revitalizan el rural con microfincas recreacionales, grandes explotaciones agrícolas e incluso con el regreso del apetito por las dehesas mixtas, que durante los últimos años no encajaron en un contexto de especialización del campo”, explica Regino Coca, fundador y CEO de Cocampo, que avanza, asimismo, que la evolución de 2026 vendrá marcada por las lluvias de los últimos meses y el acuerdo con Mercosur.

La tendencia en Andalucía se sitúa en línea con el resto de la España, ya que, con carácter general, el campo está atrayendo a nuevos perfiles que buscan diversificar su patrimonio y ganar calidad de vida, de modo que, aunque los fondos agroforestales y las grandes corporaciones siguen activos, su papel ya no es tan dominante como en años anteriores. La presión sobre los precios de la tierra y la incertidumbre regulatoria han llevado a estos actores a moverse con más prudencia y selectividad.

De Prado y Acesur compran a Algosur

Como grandes operaciones del mercado andaluz, sobresalen varias adelantadas por este diario, como la adquisición por parte De Prado de más de 3.400 hectáreas de olivar y almendro, junto con el 100% de la almazara de Algosur, con las que supera ya las 34.000 hectáreas de cultivo dedicadas a estos productos; y la compra por parte de Acesur, participada en un 80% por la familia Guillén, también a Algosur de una finca de olivar superintensivo de 600 hectáreas en Carmona (Sevilla).

También destaca la inversión de 5,9 millones de la Junta en la compra de una finca de 1.134 hectáreas en la Puebla del Río (Sevilla), junto a Veta la Palma, para sumar 8.700 nuevas hectáreas públicas de humedales en el entorno de Doñana. Por su parte, Endesa vendió al family office cordobés Altanea 180 hectáreas en El Lentiscal (Tarifa) en el Parque Natural del Estrecho y la empresa Bon Natura se hizo con la totalidad de Agrícola Davial por 9,2 millones, incluyendo una finca agrícola en Carmona.

Entrada a la finca ‘Veta la Palma‘, que la Junta ha adquirido para ampliar el terreno de Doñana. / Rocío Ruz/Europa Press

Fruta de cuarta gama y cultivo de aguacates 

Otros hitos fueron la adquisición de la empresa granadina Cortijo Cuevas, de Goros Investments, por parte de Bollo Natural Fruit, una operación con la que ha entrado en el mercado de la fruta de cuarta gama y suma 25 millones de ingresos a sus más de 500 millones de euros al año de facturación; así como la integración en la cooperativa andaluza Trops de 55 productores y 70 hectáreas de cultivo de aguacate en Mijas (Málaga), con la absorción de Frutos Subtropicales Micoma.

Ya a finales de año, salieron a subasta cinco fincas en Sanlúcar la Mayor de las sociedades patrimoniales de Felipe Benjumea y otros herederos de los fundadores de Abengoa. Las empresas presentaron concurso de acreedores en 2019 con un activo de 184 millones y un pasivo de 136 millones. Se subastaron 170 hectáreas anteriormente alquiladas a empresas de renovables para parques fotovoltaicos y termosolares que, tal y como avanzó también este diario, se acaban de adjudicar a Atlantica.

Nuevo ciclo en el mercado

“Estamos viendo a muchos particulares que, ante la dificultad de acceder a la vivienda que quieren en la ciudad, deciden invertir en una finca rústica”, explican desde Cocampo. “Los datos nos dicen que el campo ha dejado de ser un segmento marginal para convertirse en un espacio donde confluyen ahorro familiar, inversión empresarial y políticas públicas. Lo relevante ya no es solo si habrá movimiento, sino qué actores sabrán aprovechar este nuevo ciclo y con qué tipo de proyectos”, añaden.

En este sentido, en el ámbito de las energías renovables, la plataforma Cocampo apunta a un frenazo en nuevos proyectos fotovoltaicos y eólicos sobre suelo rural, con la excepción de los biocombustibles, donde sí se mantiene actividad, si bien con un menor impacto en superficie. Otras empresas, como los data centers, parques logísticos o proyectos turísticos, mantienen un perfil discreto en el mercado de fincas rústicas pero relevante en determinadas ubicaciones.

Claves de 2026

Por su parte, el ámbito estrictamente agrario sigue sometido a la presión del relevo generacional y a la necesidad de las pequeñas explotaciones de ganar tamaño para ser rentables. “El buen año de lluvias ha dado un respiro a muchos cultivos de secano, mientras que la mejora de precios ha convertido a los ganaderos –especialmente en explotaciones extensivas de vacuno– en uno de los perfiles más activos en la compra de fincas del mercado nacional”, apuntan los estudios de la plataforma.

De cara a 2026, Cocampo identifica tres claves que marcarán el ejercicio: el efecto del mercado urbano y del interés internacional; el mayor peso del mundo rural en el debate político y social; y una polarización creciente entre fincas de recreo y explotaciones agrarias, así como entre pequeños propietarios y grandes superficies. En este contexto, concluye que los terrenos rústicos se consolidan como valor refugio para las familias y como activo estratégico para quienes buscan diversificar su patrimonio.

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