Los concursos de acreedores en Andalucía suben en 2025 por debajo de la media nacional

Los procedimientos se incrementaron el año pasado en la comunidad un 1,5%, lejos del 6,3% registrado en toda España

El comercio y la construcción concentran la mayor parte de las insolvencias.

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Edificios en construcción. / Pexels

El tejido empresarial español afronta un nuevo repunte en los procesos concursales. Según el seguimiento que realiza Iberinform de los procedimientos publicados en el Boletín Oficial del Estado (BOE), los concursos de acreedores crecieron un 6,3% en 2025 respecto a 2024.

El último mes del año mostró además un avance interanual del 15% (569 expedientes frente a 496), confirmando la persistencia de tensiones financieras en sectores clave como comercio, construcción e industria manufacturera. En el conjunto del ejercicio, se contabilizaron 6.393 concursos frente a los 6.013 del año anterior.

El concurso de acreedores

El concurso de acreedores es un procedimiento judicial destinado a administrar el patrimonio de una empresa que no puede atender sus deudas, con el objetivo de ordenar los cobros de los acreedores y, cuando es posible, preservar la continuidad de la actividad.

Aunque constituye un mecanismo de protección del crédito, su impacto en el tejido productivo es significativo: pérdida de empleo, interrupción de cadenas de suministro y merma de la confianza inversora.

El aumento de la concursalidad puede generar, además, efectos en cascada sobre el riesgo de crédito y la liquidez del conjunto empresarial.

Mapa sectorial de la concursalidad

La distribución sectorial de las insolvencias en 2025 sitúa al comercio como primer foco, con el 24% del total de concursos. Le siguen construcción e inmobiliario con el 19%, y la industria manufacturera con el 14%. La suma de servicios a empresa y hostelería se sitúa en el entorno del 11% del total.

El detalle por subsectores revela los repuntes más intensos en industria extractiva (+150%), textil (+65%), energía (+56%), sanidad (+43%) y materiales de construcción (+37%). En contraste, la concursalidad mejora en consumo duradero (-27%), automoción (-25%), industria automotriz (-24%) y electrónica y TIC (-21%), lo que denota una corrección en áreas con fuerte componente de inversión y bienes de larga duración.

Distribución territorial

La concentración geográfica de los procesos concursales en 2025 se mantiene en torno a las principales áreas económicas del país. Cataluña aglutina el 26% del total nacional, seguida de Madrid con el 22%, Comunidad Valenciana con el 13%, y Andalucía con el 11%.

En términos de variación interanual, los mayores incrementos frente a 2024 se registran en Baleares (+29%), La Rioja (+22%), Murcia (+17%) y Extremadura (+16%); por el contrario, Melilla (-75%), Cantabria (-28%) y Asturias (-12%) anotan las mayores caídas.

Andalucía

Andalucía mantiene un peso significativo en el mapa de la concursalidad española, con el 11% de los procesos iniciados en 2025. La región presenta, no obstante, un crecimiento interanual moderado del 1,5%, claramente por debajo de la media nacional del 6,3%. Este comportamiento apunta a una cierta estabilidad relativa en el ecosistema empresarial andaluz, especialmente si se compara con el pulso alcista de otras comunidades.

Para el tejido productivo andaluz, el repunte contenido de los concursos sugiere que los factores de riesgo (costes financieros, presión sobre márgenes, desaceleración del consumo) están siendo gestionados con mayor resiliencia que en otras partes del país.

No obstante, el peso de los sectores comercial y constructor en la estructura regional aconseja prudencia: ambos ámbitos se sitúan entre los que concentran más insolvencias a escala nacional, y su evolución será determinante para la trayectoria de 2026.

Tamaño de empresa y antigüedad

La distribución por tamaño confirma que la concursalidad afecta de manera desproporcionada a las empresas más pequeñas. Las microempresas representan el 61% de los concursos, mientras que las pequeñas suponen el 33% y además crecen un 10% interanual. Las medianas concentran el 5,8% de los procesos y las grandes apenas el 0,3%, con una caída del 41% respecto al año anterior.

Desde la perspectiva de la antigüedad, el mayor avance se registra en compañías con más de 25 años, que aumentan un 9,2%, seguidas por las empresas de 6 a 10 años, con un 8,8%. Este patrón sugiere un doble frente: por un lado, negocios veteranos que afrontan desafíos de transformación y adaptación competitiva; por otro, proyectos en fase de consolidación que todavía no han alcanzado la escala necesaria para absorber shocks de demanda o coste.

Claves para 2026

El cierre de 2025, con un +6,3% en concursos, y un +15% en diciembre, confirma que la normalización financiera no ha sido homogénea en todos los sectores ni territorios. El comercio, especialmente el minorista, continúa tensionado por cambios en hábitos de consumo, presión promocional y costes operativos. La construcción y el inmobiliario conviven con un entorno de financiación más exigente y un ciclo de inversión selectivo. En manufacturas, el auge del textil en la estadística concursal apunta a retos de reposicionamiento, cadenas de suministro y capital circulante.

Para Andalucía, la prioridad pasa por consolidar la moderación del crecimiento concursal observada en 2025 mediante políticas y estrategias que refuercen la solvencia y el cash flow de micro y pequeñas empresas: mejora del acceso a financiación, digitalización de procesos, gestión del riesgo de crédito y diversificación de mercados. La evolución de subsectores como materiales de construcción y energía, que muestran repuntes a escala nacional, será especialmente relevante para la región por su capacidad tractora y sus efectos de arrastre sobre proveedores y empleo.

La estadística concursal de 2025 dibuja un escenario exigente para el tejido empresarial español, con focos de vulnerabilidad en comercio, construcción y determinadas ramas manufactureras. Andalucía aporta un tono de estabilidad relativa con un crecimiento más moderado que la media, pero su exposición sectorial aconseja vigilancia y gestión preventiva del riesgo. De cara a 2026, la capacidad de adaptación -en financiación, eficiencia operativa y posicionamiento comercial- será decisiva para reducir la incidencia concursal y sostener el empleo y la actividad en la región y el conjunto del país.

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