Los combustibles se disparan por la guerra en Irán: qué hacen los gobiernos para contener el golpe
El gasóleo sube más de un 14% en una semana en España y el encarecimiento del crudo reactiva el debate sobre rebajas fiscales, liberación de reservas y controles de precios en Europa
Competencia supervisa la subida de precios de 12.000 gasolineras en España
El litro de gasóleo cuesta ya 1,645 euros en España. En apenas una semana, su precio ha subido un 14,16%, el mayor repunte en un solo tramo semanal desde la crisis energética de 2022.
La gasolina también ha escalado con fuerza y alcanza los 1,60 euros por litro tras encarecerse un 7,67%, según los últimos datos del boletín petrolero de la Unión Europea, con cifras hasta el 9 de marzo. Son los niveles más altos desde octubre de 2023 y llegan en un momento en que el conflicto en Irán ha vuelto a sacudir los mercados energéticos globales.
Para quien pone gasolina o diésel cada semana, llenar un depósito medio de 55 litros cuesta ahora alrededor de 88 euros en el caso de la gasolina y más de 90 si el coche es diésel. Y la tendencia no parece haberse agotado.
El gasóleo encadena ya nueve semanas consecutivas de subidas y acumula un encarecimiento cercano al 19% desde comienzos de 2026. Comparado con hace un año, el litro de diésel es un 11,75% más caro; el de gasolina, un 3,9%.
El estrecho que mueve el mundo
El detonante de esta nueva escalada tiene nombre geográfico: el estrecho de Ormuz. Por ese angosto corredor entre Irán y la península arábiga circula en condiciones normales alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas que se comercia por vía marítima en todo el mundo. La escalada militar en la zona ha alterado los flujos energéticos y ha disparado la volatilidad en los mercados del crudo.
El 9 de marzo, el barril de Brent (la referencia del petróleo en Europa) registró su mayor subida intradiaria en años: un 29% en una sola jornada, hasta los 119,5 dólares, su nivel más alto desde el inicio de la guerra de Ucrania en 2022.
Posteriormente la cotización se moderó hasta situarse en torno a los 90 dólares, pero la tensión sigue trasladándose con rapidez a los surtidores. Los analistas advierten de que, si el conflicto interrumpe de forma prolongada las rutas energéticas o afecta a la producción regional, el barril podría volver a superar con facilidad la barrera psicológica de los 100 dólares.
Con todo, los precios actuales siguen por debajo de los máximos históricos registrados tras la invasión rusa de Ucrania, cuando la gasolina llegó a superar los 1,94 euros por litro y el diésel rozó los 1,90 euros, incluso con las ayudas públicas que estaban vigentes en aquel momento.
La respuesta internacional: reservas, topes y rebajas fiscales
La memoria de aquella crisis de 2022 pesa en las decisiones que los gobiernos están tomando ahora. Las medidas que están sobre la mesa son, en buena parte, las mismas que ya se ensayaron entonces: liberar reservas estratégicas, intervenir en los márgenes de distribución, reducir impuestos o aplicar ayudas directas a los sectores más dependientes del combustible.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha coordinado la mayor operación de este tipo en su historia: la liberación de unos 400 millones de barriles procedentes de los depósitos de emergencia de los países miembros.
El objetivo es aumentar temporalmente la oferta de crudo en el mercado global para aliviar la presión sobre los precios. España participará en esta iniciativa liberando parte de sus reservas estratégicas, un volumen equivalente a aproximadamente doce días y medio de consumo nacional.
Más allá de esa acción coordinada, algunos gobiernos han ido más lejos y han intervenido directamente en el mercado.
Grecia pone límites a los márgenes de beneficio
Grecia ha sido uno de los más activos: el Ejecutivo heleno ha impuesto un límite temporal al margen de beneficio en la venta de combustibles para evitar comportamientos especulativos. Las comercializadoras no podrán aplicar un margen superior a cinco céntimos por litro sobre el precio de refinería; las gasolineras, no más de doce céntimos sobre el precio mayorista.
Además, el control de márgenes se ha extendido a más de 60 productos básicos (pan, leche, aceite de oliva) para impedir que el encarecimiento de la energía se traslade al conjunto de la cesta de la compra.
Precios máximos en Hungría y Croacia
En el centro y el este de Europa, algunos gobiernos han ido todavía más lejos. Hungría ha establecido precios máximos para la gasolina y el diésel, y Croacia ha reintroducido topes temporales en los carburantes tras una reunión de emergencia del Ejecutivo.
Este tipo de controles directos puede frenar subidas bruscas a corto plazo, aunque los economistas advierten de que si los precios internacionales siguen subiendo durante un periodo prolongado, los topes pueden provocar distorsiones en el mercado.
Portugal
Por la vía fiscal, Portugal ha anunciado la reducción de algunos impuestos sobre el gasóleo para compensar el aumento de recaudación del IVA que genera automáticamente el encarecimiento del combustible.
Una fórmula que ya emplearon varios países en 2022 y que ahora vuelve a estar sobre la mesa en distintas capitales europeas.
¿Qué hace España?
En España, el Gobierno mantiene por ahora una estrategia de vigilancia del mercado mientras trabaja en un posible plan de respuesta si los precios siguen escalando.
Entre las medidas que se estudian figuran apoyos a los sectores más afectados (transporte, agricultura, pesca), posibles ajustes fiscales y la activación de mecanismos similares a los empleados durante la anterior crisis energética.
En el debate político ya han aflorado propuestas de distintos partidos que van desde rebajas fiscales al gasóleo profesional hasta intervenciones directas en los precios o ampliaciones de los mecanismos de protección social.
El impacto de una crisis prolongada
El impacto de una crisis energética prolongada no se limitaría al surtidor. El transporte por carretera, un sector que mueve la economía productiva de Andalucía y del conjunto del país, advierte de que el combustible representa cerca del 40% de sus costes operativos.
Cuando el diésel sube, el transporte se encarece; cuando el transporte se encarece, suben los costes de distribución y, con ellos, el precio final de los productos en los lineales. Es la cadena de transmisión que convierte una crisis geopolítica en Oriente Próximo en inflación en los supermercados.
A nivel europeo, los ministros de Economía y Energía han mantenido reuniones en Bruselas para estudiar respuestas coordinadas, con opciones que van desde cambios en la fiscalidad energética hasta ajustes en el mercado de derechos de emisión de carbono.
La preocupación de fondo es clara: si el conflicto se prolonga, la crisis energética podría reavivar las presiones inflacionistas que Europa apenas empezaba a dejar atrás tras la guerra de Ucrania. El desenlace dependerá, en último término, de la evolución del conflicto.
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