Cox dispara sus ingresos un 62% hasta los 1.140 millones de euros en 2025

La mejora del resultado convive con tensiones en la generación de efectivo y un apalancamiento en ascenso que condiciona la integración mexicana

Cox proyecta duplicar ingresos y triplicar su Ebitda en 2028 tras la integración de Iberdrola México

Enrique Riquelme y Nacho Moreno, presidente y CEO de Cox, respectivamente. / M. G.

Cox, la empresa sevillana que se adjudicó los activos de Abengoa, comunicó este jueves al mercado unos resultados de fuerte crecimiento, pero la calidad de la caja y el aumento del apalancamiento obligan a un examen más profundo.

El consolidado remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) sitúa los ingresos de Cox en 1.139,6 millones de euros en 2025, un aumento del 62% respecto al ejercicio anterior según los estados financieros consolidados remitidos por la compañía. El Ebitda alcanza 225,4 millones, un 23% más que en 2024, y el beneficio neto atribuido asciende a 68,1 millones, impulsado por el crecimiento de los negocios de agua y energía. La presentación corporativa añade que se trata de un ejercicio “récord” en ingresos y rentabilidad, en línea con la narrativa de expansión que la compañía mantiene desde su salida a Bolsa.

Esa misma línea argumental lleva a afirmar a Enrique Riquelme, presidente Ejecutivo de Cox: “Los resultados anuales confirman la solidez del modelo de Cox: cerramos el ejercicio con ingresos, Ebitda, beneficio neto y backlog récord, manteniendo una estricta disciplina financiera".

La lectura detallada del informe financiero atenúa ese optimismo. El flujo de efectivo de explotación según normas NIIF se sitúa en –37,7 millones, afectado por pagos financieros, impuestos y variaciones de capital circulante que reducen la capacidad de convertir el resultado operativo en caja disponible. La compañía destaca en su presentación un “flujo operativo ajustado” de 127 millones, pero este indicador excluye partidas obligatorias que sí aparecen en las cuentas oficiales. Esa divergencia obliga a revisar con cautela la solidez de la caja en un ejercicio previo a la operación más relevante de su historia.

Avance de la compra de Iberdrola México

Cox comunicó a la CNMV la recepción de cartas de compromiso para una financiación sindicada de 2.650 millones de dólares, equivalentes a 2.238 millones de euros, aportados por siete bancos internacionales: Citi, Barclays, BBVA, Deutsche Bank, Goldman Sachs, Santander y Scotiabank. La empresa confirma, además, que ya cuenta con todas las autorizaciones regulatorias mexicanas, incluidas las de la Comisión Nacional de Energía y la Comisión Nacional Antimonopolio, lo que despeja el riesgo más relevante que pesaba sobre la transacción.

El perímetro adquirido incluye más de 2.600 megavatios operativos, una cartera proyectada de 12 gigavatios, alrededor del 25% del mercado de suministro privado y más de 20 teravatios-hora comercializados anualmente. La compañía insiste en que la operación sitúa a Cox como una utility integrada de referencia en un país clave para su crecimiento. La financiación anunciada cubre la mayor parte del precio –estimado en 3.675 millones de euros según información difundida en comunicaciones previas–, aunque queda por concretar cómo se articulará el tramo restante, superior a 1.400 millones de euros, entre aportaciones propias y recursos de inversores institucionales.

Riquelme afirmó en nota de prensa que “la operación en México es un hito: refuerza nuestra presencia en un mercado clave y acelera nuestra hoja de ruta internacional, aportando escala, nuevas oportunidades y mayor visibilidad de actividad futura,”, incidió.

Un salto de escala pendiente de la deuda y presionado por la generación de caja

La presentación que Cox entregó al mercado resalta una ratio de deuda financiera neta de 0,9 veces Ebitda, excluyendo IFRS 16 y descontando instrumentos de liquidez por 288 millones. Sin embargo, el informe financiero consolida 523,6 millones de pasivos financieros, una posición que crecerá de manera sustancial tras la adquisición mexicana. La dependencia del respaldo bancario se refuerza con un flujo operativo NIIF negativo y con una estructura donde las necesidades de capital aumentan a medida que Cox acelera su expansión internacional.

El plan estratégico adelantado en Londres proyecta ingresos de hasta 6.500 millones y un Ebitda que podría llegar a 1.600 millones en 2028, apoyado en la maduración de activos, la integración mexicana y un volumen de inversiones de 5.500 millones entre 2026 y 2028. Ese escenario exige una ejecución impecable en mercados con riesgos regulatorios, de divisa y de cumplimiento de plazos, además de una estabilidad financiera que las cifras oficiales de 2025 aún no reflejan plenamente.

La integración mexicana obliga a mayor transparencia

Cox sostiene que México será su principal motor de generación de caja futura, apoyado en una base de clientes corporativos diversificada y contratos de suministro de largo plazo. El informe financiero, sin embargo, recuerda que la compañía ya registra un impacto notable por diferencias de conversión, lo que evidencia su sensibilidad a la volatilidad del tipo de cambio frente a un endeudamiento creciente. Esa combinación hace más necesario que nunca un desglose transparente de los términos del crédito sindicado, la exposición a divisa y el verdadero ritmo de generación de caja después de intereses e impuestos.

La empresa entra en una nueva fase con mayor tamaño, mayor complejidad y un nivel de exigencia sobre su estructura financiera que será determinante para valorar la consistencia de su salto estratégico.

Operación inmobiliaria vinculada al presidente

El informe financiero entregado a la CNMV recoge además una operación relevante con partes vinculadas que no aparece en la presentación corporativa. Según el documento, la sociedad Bergen Real Estate La Serreta, participada por Inversiones Riquelme Vives, accionista significativo y vehículo patrimonial del presidente de Cox, Enrique Riquelme, suscribió con CA Infraestructura T&I un contrato privado para la transmisión de cuatro fincas en La Nucía (Altea) por 23 millones de euros, con pagos aplazados hasta 2033 y un interés pactado del 6,25%.

La compañía precisa que la operación aún no reúne las condiciones para su reconocimiento contable, por lo que no se incorpora al balance, pero su existencia anticipa un potencial impacto patrimonial futuro: si llegara a consolidarse conforme avancen los hitos del acuerdo, Cox podría registrar un incremento de activos ligado a la adquisición inmobiliaria y, al mismo tiempo, una obligación financiera asociada al calendario de pagos. Ese doble efecto –activo y pasivo– alteraría la posición patrimonial del grupo y subraya la necesidad de máxima transparencia en transacciones vinculadas al accionista de control, máxime en un ejercicio clave para la estructura de capital de la compañía.

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