Tribuna Económica
Fernando Faces
El gran rechazo al nuevo modelo de financiación autonómica
No todo es petróleo y colonialismo en el universo de Trump. El presidente de los Estados Unidos también tiene hueco para buscar conflictos en su entorno doméstico. El pasado domingo el presidente de la Reserva Federal, el banco central del país, Jerome Powell, hizo pública la investigación penal abierta por la Fiscalía federal contra él tras la acusación por parte de Trump de haber mentido al Senado sobre las obras de remodelación de la sede del organismo en Washington. La acometida de Trump, dentro de la actitud autoritaria que le caracteriza, ha chocado, sin embargo, con la fortaleza del banco central y de sus homólogos de todo el mundo.
Powell, al que precisamente Trump nombró en su primer mandato para el cargo, no aguantó más los ataques del presidente que se suceden incluso desde antes de las elecciones de 2024 y se decidió a contraatacar. El responsable del banco central no dudó en achacar la arremetida de Trump a su rechazo a cumplir las exigencias del presidente de bajar los tipos de interés con recortes mayores de los propuestos por el consejo de la Fed. Una intromisión que se considera una injerencia intolerable en un organismo cuya independencia es fundamental para trabajar en la política monetaria del país para controlar la inflación y determinar otras decisiones del ámbito económico.
Eso es, precisamente, lo que han criticado los tres expresidentes vivos de la Fed (Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen) junto a un nutrido grupo de economistas, entre los que también figuran varios altos cargos de anteriores administraciones, tanto demócratas como republicanas. Tanto que en el propio Congreso estadounidense importantes miembros republicanos han censurado la actitud de Trump, como Thom Tillis, responsable del Comité Bancario, que ha defendido "la independencia de la Fed para fijar la política monetaria".
Las críticas también se han producido en el resto del mundo. Algunos de los bancos centrales del mundo encabezados por la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde; el presidente del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, y el director del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), el español Pablo Hernández de Cos, en una carta en la que están prácticamente los principales bancos centrales y en la que se echa en falta al de Japón.
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