La guerra de Irán, desbocada

Tribuna Económica

Imagen del lanzamiento de un misil por parte de Irán el sábado. / EFE

04 de marzo 2026 - 03:59

El ataque de EEUU e Israel a Irán pretendía ser una operación quirúrgica, que, por una parte, destruyera el arsenal de misiles supersónicos e impidiera que Irán obtuviera la bomba nuclear. Otro objetivo declarado por Trump era derrocar el régimen. Una guerra rápida. Su prolongación no interesaba a nadie.

Por el contrario, para Irán y sus dirigentes era un reto existencial. Irán ha atacado todas las bases militares de EEUU en el Golfo Pérsico, incluso también estructuras de producción y explotación de petróleo. El conflicto bélico ha superado el ámbito regional. Un ataque a Chipre ha puesto en alerta tanto al Reino Unido como a Francia y Alemania que se suman al conflicto bélico, para defender sus intereses y los de sus aliados.

Nadie quiere una guerra prolongada. Trump tiene unas elecciones de medio mandato en noviembre y llegó al segundo mandato bajo la promesa de sacar a EEUU de todas las guerras. Las perspectivas del alargamiento de la guerra están aumentando. Trump prometió acabar la guerra de Ucrania en 24 horas y hoy sigue viva después de cuatro años. Irán tiene el ejército más potente de Oriente Medio y sus misiles supersónicos pueden alcanzar a Europa. Nadie puede asegurar que, en tres o cuatro semanas, como prometió Trump, se acabará la guerra, porque el gobierno Teocrático de Irán no tiene otra salida, si quiere perdurar.

El impacto económico está siendo fuerte. El precio del petróleo se ha disparado por encima de 80 euros el barril y el gas licuado ha subido más, un 55% en dos días, en un momento en que las reservas europeas de gas están en el 30%, el nivel más bajo en 5 años. Este impacto no sería preocupante si la guerra en unas semanas quedase finalizada. Sería un impacto transitorio. De lo contrario, según algunos analistas el precio del petróleo podría superar los 140 dólares el barril y el gas licuado subiría sin freno. Una prolongación excesiva de la guerra con Irán traería como consecuencia que los bancos centrales tuvieran que subir los tipos de interés, en un momento en que el crecimiento mundial se está desacelerando. El riesgo de una estanflación no se podría descartar. Por el estrecho de Ormuz transitan uno de cada cinco barriles de petrolero y gran parte del gas licuado. Aunque oficialmente sigue abierto, son pocas las compañías que se atreven a enviar sus barcos a través del estrecho. Lo cual implica mayores costes de transporte y de seguros y en definitiva mayor inflación.

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