Ormuz, un talón de Aquiles para la industria andaluza

Tribuna económica

Vista general de las costas de Khasab en el Estrecho de Ormuz / EFE

09 de marzo 2026 - 06:00

El Estrecho de Ormuz nunca ha figurado en los mapas mentales de la economía andaluza, pero en los últimos días ha pasado a ocupar un lugar frontal ante la potencial disrupción que puede generar su cierre. Su perturbación, ya sea por ataques a buques, retirada de coberturas de seguros o bloqueo militar, no es un riesgo hipotético, es una realidad operativa que puede presionar los costes de producción de la economía andaluza.

La primera línea de impacto es la energética. La industria electrointensiva andaluza ya viene operando con márgenes estrechos. Un shock en Ormuz no amenaza el abastecimiento directo de crudo o gas, pero, como ya se observa, dispararía el precio global del crudo y del GNL, encareciendo la electricidad industrial hasta niveles inviables para ciertos procesos productivos. Paradójicamente, el desvío del tráfico marítimo por el Cabo de Buena Esperanza convierte a Algeciras en nodo logístico estratégico, aunque a costa de un encarecimiento del bunkering que eleva los fletes de las exportaciones andaluzas.

Pero el riesgo mayor no es el visible. Un análisis de las cadenas de valor globales revelaría que una vulnerabilidad relevante de la industria española y andaluza no está en el suministro directo de crudo, sino en la dependencia oculta de los polímeros y la química básica. Un bloqueo prolongado de Ormuz no pararía solo los buques tanque de crudo, sino que podría limitar el abastecimiento de plásticos y cauchos, generando cuellos de botella a toda la cadena auxiliar del sector alimentario, la automoción y la construcción.

El segundo frente es la agroindustria, el mayor motor exportador de Andalucía. La agricultura intensiva de Almería y Huelva depende de fertilizantes nitrogenados producidos masivamente en el Golfo Pérsico. La restricción iraní de sus exportaciones ya ha retirado del mercado una porción significativa de la oferta mundial de urea, disparando los costes de producción en plena campaña. Si el precio se mantiene en niveles récord, muchas explotaciones verán comprometida su competitividad sin capacidad de trasladar íntegramente ese sobrecoste al consumidor y reduciendo la rentabilidad de las mismas. De nuevo la pesadilla vivida en 2022.

No obstante, en el lado positivo, Andalucía tiene hoy más herramientas que en crisis anteriores, como la referida de 2022. Por ejemplo 14.500 MW de potencia renovable instalada y, más adelante, proyectos de hidrógeno verde que amortiguarían el impacto en caso, esperemos que no, de prolongación en el tiempo. A corto plazo, sin embargo, los 33 kilómetros de Ormuz pesan sobre cada factura de electricidad, cada tonelada de fertilizante y cada contenedor de fruta que sale del sur de España.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último