Tribuna económica
José Ignacio Castillo Manzano
¿Y si Andalucía por fin tuviera un póker económico?
Tribuna económica
La política regional se parece mucho al póker descubierto o Texas Hold'em, su variante más jugada. Desde las administraciones se tiene que intentar completar las cartas económicas propias de la región con las cartas comunitarias descubiertas. Estas últimas representan las grandes tendencias económicas globales. Uniendo ambos tipos de cartas se montan figuras, desde la simple pareja de doses, también llamada de patos, a la siempre ganadora escalera de color. Mientras las cartas propias son bastante estables a largo plazo, las comunitarias mutan por múltiples razones, como mejoras tecnológicas o cambios en la geoeconomía.
Obviamente cuánto mejores sean las cartas propias de la región (por ejemplo, si tu territorio posee un variado y robusto ecosistema industrial) más fácil será hacer buenas figuras, sean cuales fueren las cartas comunitarias. Lamentablemente éste no es el caso de Andalucía, lo que siempre ha lastrado nuestras posibilidades de desarrollo económico. Lo cual no significa que no hayamos tenido algunas buenas manos. Por ejemplo, el trio que nos ha dado el turismo, fruto de unir la carta general de un sector siempre en expansión con las cartas de nuestros grandes atractivos turísticos de costa e interior, o ese full que supone nuestro muy competitivo sector agroalimentario, aunque siempre sujeto a cambiantes amenazas.
Pero somos más una región de parejas o dobles parejas, aunque afortunadamente cada vez más frecuentes. Por ejemplo, la carta comunitaria del abaratamiento del equipamiento fotovoltaico y aerogeneradores nos ha abierto claras oportunidades en las energías renovables o en el posible futuro desarrollo del hidrógeno verde. El problema es que son parejas fáciles de armar para otros muchos territorios por todo el mundo. Por ello, estas figuras, aunque suelen cuajar en éxitos innegables, los mismos nunca estarán a la altura de nuestras ansias históricas de convergencia. En todo caso, para estas figuras compatibles con muchas regiones, la clave está en anticiparse, adaptando las cartas propias para optimizar su mejor unión con las cartas comunitarias.
La gran novedad de este juego sin final es que, por primera vez en décadas, Andalucía podría ensamblar un póker, que realmente sí mejoraría nuestra senda económica a largo plazo. Gracias a una carta comunitaria que cobra cada día más fuerza, la industria de la defensa. Solo España, que no es precisamente la nación más militarista, a más que duplicado su gasto en defensa desde 2016 y probablemente se acabará triplicando en la próxima década. Incluso un empeoramiento de la geoestrategia internacional podría llevarnos a cuadruplicarlo. Pero esta vez Andalucía sí cuenta con muy buenas cartas propias para emparejar, entre las que destacan: nuestras industrias militares en vehículos (Sevilla), aeronáutica (Cádiz y Sevilla) o naval (Cádiz); grandes instalaciones miliares presentes (Almería, Málaga, Cádiz y Sevilla), junto a notables proyectos futuros, concretamente la Base Logística de Córdoba y el CETEDEX de Jaén. A lo que debemos sumar instalaciones complementarias como la nueva Agencia Espacial Europea en Sevilla o el proyecto CEUS de drones en Huelva.
Estamos hablando de una industria que genera empleos de calidad poco deslocalizables, ya que, no se puede confiar tu suministro de armas, como sí hacemos con las lavadoras o la ropa, en potencias extranjeras, que incluso pueden acabar siendo tu enemigo, o al menos apoyándolo, en un posible conflicto potencial. Algo que, hoy en día, después del conato de crisis en Groenlandia, es más complicado de dilucidar.
Una industria que además presenta amplios efectos tractores sobre el resto de la economía civil. Por ejemplo, grandes clústeres industriales (como el aeronáutico de Toulouse) o tecnológicos (empezando por el propio Silicon Valley) están estrechamente ligados en sus orígenes con la inversión pública en defensa. Incluso en Andalucía, la relevancia actual del sector aeronáutico, con grandes proyectos presentes como la nueva fábrica de jet privados de Pilatus o el probable advenimiento del futuro centro europeo de reparación de motores de Ryanair, no serían posibles sin que previamente, en 2003, no se hubiera acordado ensamblar el gran avión militar A400M en Sevilla. Acuerdo que probablemente haya sido el acontecimiento económico más importante y transformador en esa provincia desde la Expo92.
Pero debemos recordar que todos los territorios jugamos al mismo póker, y la carta comunitaria de la defensa es cada vez más atractiva. Recientes decisiones, como los traslados desde Andalucía a Asturias de la producción del 8x8 Dragón, por parte de Santa Bárbara, y a León del dron Tarsis, por parte de Indra, deberían encender las alarmas.
Andalucía haría bien en recordar que en el póker descubierto una buena mano no garantiza victoria alguna, sin una apuesta decidida del jugador por sus cartas. Por ello, deberíamos plantearnos ya reorientar políticas públicas sectoriales, desde el I+D hasta la formación, crear alianzas civiles-militares/público-privadas, a la vez que se focaliza la presión política sobre los despachos capitalinos y/o europeos en los que se van a tomar grandes decisiones futuras sobre este sector.
La única certeza es que la primera guerra sin cuartel de esta renacida industria de la defensa será la que libraremos los diferentes territorios por atraer sus grandes contratos.
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