China ante la guerra de Irán

Tribuna Económica

China ante la guerra de Irán.

11 de marzo 2026 - 04:00

Sorprende que los dos principales aliados de Irán, China y Rusia, permanezcan al margen de la guerra en ese país. Ambos han condenado el ataque de EEUU e Israel por ilegal al no respetar el Derecho Internacional, ni la carta de Naciones Unidas (ONU). Pero de la retórica no pasan.

China está practicando el pragmatismo radical que le caracteriza. Intervenir en la guerra tendría alto costo en un momento de desaceleración económica y una inflación no controlada, que podría agravarse si el precio del petróleo continúa subiendo. Por el estrecho de Ormuz circula el 45% del petróleo y gas mundiales. China es el principal importador del petróleo iraní, con 1,5 millones de barriles diarios, a precios reducidos. El precio al que compra China el petróleo a Irán es de 10 dólares menos con respecto al precio del barril en el mercado mundial.

En previsión de acontecimientos como la guerra actual y guiado por su prudencia y pragmatismo, China ha acumulado unas reservas estratégicas de petróleo que pueden superar los 450 millones de barriles, que garantizan el suministro energético durante varios meses. A China le interesa que el conflicto acabe cuanto antes. Intervenir en la guerra no le favorece. No hacerlo, por lo contrario, sí, estratégicamente. Su principal enemigo, EEUU, cuanto más se prolongue la guerra más se debilita y menos tiempo tiene para pensar en nuevas imposiciones de aranceles que perjudiquen su balanza comercial. En los últimos meses, el comercio de China con EEUU ha descendido más de un 20%. Sin embargo, gracias a la diversificación hacia otros mercados, la balanza comercial de China ha mejorado y su superávit comercial se ha incrementado. China es aliado de Irán y su régimen autoritario, al que ha proveído de tecnología de vigilancia para controlar a los disidentes y enemigos políticos del régimen. También le ha apoyado con armas en la guerra contra EEUU e Israel.

En definitiva, que China guiada por el pragmatismo de su líder Xi Jin Ping no tiene ningún interés en participar de la guerra y, sin embargo, su abstención armamentista ha mejorado su imagen ante el mundo. China se presenta como una nación creíble y estable, que aboga por el orden y la soberanía de los países, que respeta el derecho internacional y que aboga por la paz y el diálogo entre naciones, frente a unos EEUU que presumen de ser la democracias más importante del mundo, pero que aboga por la guerra y la ley del más fuerte.

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