Desde el Bolsín
Alberto Grimaldi
Espejismo estadístico en el empleo en Andalucía
La reforma laboral redujo la temporalidad sobre el papel, pero no cambió los incentivos que sostienen la estructura real del mercado de trabajo. Esa es la tesis central de un reciente informe del Centro de Análisis de la Sostenibilidad del Modelo Económico de la Fundación Civismo: la estabilidad contractual crece en las estadísticas, mientras la estabilidad económica de los trabajadores permanece frágil. El contrato fijo discontinuo reetiqueta la intermitencia laboral y la integra en el empleo indefinido, pero mientras la estadística mejora, la realidad apenas se mueve. La dualidad no desaparece: se transforma.
En cuatro meses, la reforma laboral provocó que la proporción de contratos indefinidos pasara del 10% en diciembre de 2021 a más del 48% en abril de 2022. El informe atribuye este salto a la sustitución masiva de temporales por fijos discontinuos, no a una transformación productiva que aumente trabajo efectivo. El vínculo cambió de nombre pero la naturaleza intermitente del empleo siguió intacta.
El número de personas vinculadas a esta modalidad se disparó: de unos 650.000 antes de la reforma a más de entre 1,2 y 1,4 millones tras su entrada en vigor, considerando activos e inactivos. Entre el 40% y el 45% se encuentra inactivo en un momento dado del año. La relación laboral existe, pero el salario no siempre. Y cuando no lo hay, muchos de esos empleados inactivos cobran prestaciones sin aparecer como desempleados en las estadísticas del paro registrado.
La variable que desnuda el espejismo es simple: las horas efectivas trabajadas. En 2023 se situaron en el 98,4% del nivel de 2019, pese al récord de contratación indefinida. Más indefinidos no implicó más trabajo realizado. La productividad por hora confirma la desconexión: 95,8 puntos en 2023 frente a más de 105 en la Eurozona. La reforma reorganiza la temporalidad, pero no la ha reducido.
Andalucía es uno de los territorios donde este fenómeno se expresa con mayor nitidez. La comunidad concentra el 17,3% de todos los contratos fijos discontinuos del país –solo por detrás de Baleares y por delante de Cataluña–, un peso que supera su dimensión demográfica y que la sitúa en el centro del nuevo equilibrio de intermitencia reetiquetada como indefinida. Casi uno de cada cinso contratos de esta modalidad se firma en la comunidad.
El informe analiza hasta 2023, pero los datos de empleo de los dos últimos años, 2024 y 2025, refuerzan el diagnóstico. El SEPE cerró 2025 con 15,6 millones de contratos en España y con 2.153.945 contratos fijos discontinuos, que ya suponen uno de cada tres contratos indefinidos firmados el año pasado (33,4%). Menos contratos totales, más peso del fijo discontinuo dentro de los indefinidos. Esto es: la arquitectura estadística que describe la Fundación Civismo no solo permanece: se consolida.
La reciente Encuesta de Población Activa (EPA) del cuatro trimestre 2025 sitúa el paro nacional en 9,93% y la ocupación en 22,46 millones, el primer dato por debajo del 10% desde 2008. Andalucía mejora también: 14,7% de paro y 3,63 millones de ocupados. Más empleo, menos paro y la misma ingeniería contractual que difumina la intermitencia en los registros. Los avances en ocupación no desmienten la tesis del informe: la caída de la temporalidad formal convive con una dualidad interna del empleo indefinido.
Las horas trabajadas introducen una matización necesaria. Las estadísticas administrativas de Seguridad Social apuntan a que las horas efectivas superan en 2024 entre un 10% y un 12% los niveles de 2019. Las encuestas del INE (EPA y Contabilidad Nacional Trimestral de España) muestran avances más modestos –en torno a un 5% o 6%– y señalan una ruptura de las series a partir de finales de 2021. La divergencia de fuentes es consistente y emerge tras la reforma: con afiliación en máximos, el espejismo persiste si se observa la continuidad real del trabajo.
El mapa sectorial explica además el sesgo andaluz. Hostelería, agricultura, comercio y servicios auxiliares concentran más del 60% del total de fijos discontinuos. Andalucía depende de estos sectores más que la mayoría de comunidades. La región integra la estacionalidad dentro del empleo indefinido y, como resultado, la intermitencia queda menos visible en los indicadores agregados, pero no desaparece en la economía real.
La dualidad no se corrige: se desplaza al interior del empleo indefinido. Donde antes la frontera estaba entre indefinidos y temporales, ahora separa a indefinidos con continuidad anual y indefinidos intermitentes –fijos discontinuos– que alternan meses de trabajo y meses sin salario. La estadística los iguala mientras la economía real los diferencia.
La factura se traslada al sistema público. En 2023, el gasto en prestaciones alcanzó el 1,5% del PIB con más de 1,8 millones de perceptores. Los periodos de inactividad no cuentan como paro registrado, pero sí generan derecho a prestación. El efecto no se diluye con datos de 2025: los registros sitúan a los fijos discontinuos inactivos en el entorno de 740.000 personas en septiembre, lo que ensancha la brecha entre paro oficial y dependencia del sistema de protección. Menos paro medido, más intermitencia financiada.
El descenso de la rotación visible alimenta el espejismo. España firmó 15,6 millones de contratos en 2025, muy por debajo de 2019. La lectura acrítica sugiere “estabilización”; la lectura correcta es que la rotación se canaliza dentro de contratos indefinidos discontinuos que permanecen abiertos entre campañas. La relación sigue viva, pero el trabajo no. En una economía regional tan expuesta a picos como la andaluza, el mecanismo se amplifica.
La conclusión del informe encaja con la realidad andaluza y los datos más recientes: España ha ganado estabilidad aparente sin modificar los fundamentos del mercado laboral. La productividad por hora no despega; las horas efectivas avanzan según la fuente y muestran señales contradictorias; los sectores estacionales continúan dictando el pulso del empleo. En Andalucía, todo esto tiene más impacto por su estructura productiva y por su exposición intensa al fijo discontinuo –17,3% del total nacional–. El empleo indefinido ya no garantiza continuidad en los ingresos. Y la intermitencia ya no aparece con transparencia en los registros. La dualidad no ha desaparecido: ahora discurre dentro del empleo indefinido, entre quienes trabajan de forma continua y quienes alternan actividad con meses sin salario. La estadística mejora, la intermitencia persiste y el gasto público sostiene la transición. El reto ya no es solo medir mejor para evitar datos engañosos: es cambiar los incentivos que perpetúan la estacionalidad y la baja productividad.
Los datos de 2024 y 2025 no corrigen el fenómeno: lo consolidan. La proporción de fijos discontinuos aumenta, el total de contratos baja, la tasa de paro cae, y Andalucía concentra una parte desproporcionada del nuevo empleo “indefinido intermitente”. La dualidad permanece tras la reforma –ahora dentro del empleo indefinido– y Andalucía es uno de sus epicentros de este espejismo.
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