Desde el Bolsín
Alberto Grimaldi
Una legislatura perdida para crecer en industria
tribuna económica
Llama la atención que entre las entidades que se han unido para comprar la empresa andaluza Ayesa figura el Instituto Vasco de Finanzas, y pone de relieve el interés de estos institutos autonómicos para la financiación de las empresas. La Ley 17/1999 crea en Andalucía el Instituto Andaluz de Finanzas, integrado en la Consejería de Economía, y en 2013 hay un debate en el Parlamento sobre una posible entidad pública de depósitos, que no sale adelante, y se queda en Instituto Andaluz de Crédito, sólo una rama del Instituto de Crédito Oficial.
Hace poco tuve ocasión de revisitar el tema para una comunidad autónoma, viendo en profundidad nueve instrumentos no financieros. Son los siguientes: las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria, que es una verdadera herramienta para la promoción de vivienda asequible; los fondos de titulización de activos públicos, que siguen siendo una forma válida de financiación empresarial; igual ocurre con la emisión de bonos verdes; por otra parte, la financiación alternativa está bien regulada en España y permite a las comunidades iniciativas que van desde la sofisticación de fondos de capital privado, a la participación de pequeños inversores en proyectos de financiación distintos al inmobiliario; el Token City o bolsa en sistema de blockchain ya es una realidad en España, y aunque el sistema es relativamente sencillo, a las medianas empresas andaluzas les vendría muy bien una institución financiera pública que las guiara en su acceso al mercado; tenemos por supuesto el crédito a la exportación y las sociedades de garantía, pero hace falta vincularlas a otra herramienta como son los fondos europeos con una parte de subvención y otra de crédito, que con frecuencia necesita garantía; y, en fin, las universidades públicas son sin duda una herramienta para transmisión de valor a empresas, desarrollando además el negocio de espacios, y facilitando la participación de capital en proyectos empresariales internacionales.
Tres ideas al menos surgen de aquí; una, que estos nueve instrumentos los coordinaría con más eficacia un Instituto Andaluz de Finanzas, que integrara personal muy competente desperdigado por la administración; otra, aceptar que la financiación de la empresa va más allá del crédito tradicional, eliminando el recelo ante la accesibilidad y utilidad de instrumentos financieros no bancarios; y tercera, pensar que la discusión sobre financiación va más allá del reparto de fondos, y que el dominio de instrumentos financieros es una necesidad para las autonomías.
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