El Apuntador
Miguel Ángel Noceda
El reto de la independencia energética
Un inciso
Somos muchos los que tenemos la costumbre de consultar cada día los movimientos en las cúpulas de las empresas, como en tiempos los mayores miraban las esquelas para curiosear sobre la edad de los difuntos. Cada tiempo tiene sus hábitos. El de los fichajes es, sin duda, más agradable, aunque la otra, la de las esquelas, sea la industria que nunca quiebra. El otro día nos encontramos con que María Pico, que ejerció de directora del gabinete de la todopoderosa vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, se ha convertido en consejera de Neinor, una de las grandes promotoras españolas. Entran dos mujeres en el órgano de administración en representación de sus principales accionistas: Fanny Kindler por Orion, y Pico por Stoneshield.
El caso de Pico, periodista de profesión, demuestra la vida que hay más allá de la alta política, a la que algunos se aferran como si no hubiera un mañana. La experiencia es un grado. Y las grandes empresas saben que hay profesionales con un currículum y una capacidad de consagrarse al cumplimiento de objetivos que valen su peso en oro, sobre todo en estos tiempos donde nos dan la matraca con que los jóvenes aprecian más su tiempo personal que el del trabajo. Toma, claro, ¿pero quién paga las facturas?
La influencia es como la memoria. Son músculos invisibles que hay que trabajar cada día. Por tanto, exigen un esfuerzo y una dedicación casi monacales. Algunos sin cargo no son nadie, se les apaga el Daikin al entrar en una estancia. Y otras lo son todo porque el pedestal no es la mano que enchufa, sino el trabajo y los resultados. En la empresa privada no se tira con pólvora del rey. O cumples, o a ver el sol los lunes.
Es una satisfacción comprobar dónde están algunos de los protagonistas activos de aquellos años difíciles en los que el gobierno de Rajoy salvó a España de los hombres de negro, aquel tiempo de los viernes de reajustes aprobados en el Consejo de Ministros, o del dichoso golpe de Estado en Cataluña. Pasan los años y la compañera Pico sigue en otras cúpulas, al margen de la escena pública donde ya ejerció. Esa es la gran clave: ir y volver, servir y retornar.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Seguro que los viernes son ahora más agradables. O menos tensos. No sabremos si echará de menos el “chichichí” de Rajoy. Pero hay vida, mucha y deseable vida, lejos del ruido del poder político.
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